Esperanza

Por Miguel Soto-Class

En los últimos años Puerto Rico ha perdido el dieciocho porciento de sus empleos, el doce porciento de su Producto Nacional Bruto (PNB) y el dos porciento de su población. Los activos de los bancos han bajado diecisiete porciento y la carga combinada de la deuda publica y las pensiones es la más alta en los Estados Unidos siendo igual a 94% del PNB, 108% del ingreso personal disponible de Puerto Rico, y 7 veces los recaudos totales de nuestro fondo general.

Ante este panorama la gente clama por alguna señal de esperanza. Se buscan buenas noticias de donde sea y lo que en cualquier otro momento se consideraría una tragedia, ahora se celebra. Por eso es que se habla tanto de que el ritmo de crecimiento de la deuda ha bajado o la intensidad de la caída ha mermado. Eso es lo que pasa por buenas noticias en estos días.

Sin embargo, hemos perdido de vista que la esperanza nunca radica en los números ni en las cifras. La verdadera esperanza de un pueblo emana de su gente y de su fe. Y en Puerto Rico tenemos un caudal de capital humano con todas las capacidades para levantarnos y rescatarnos del abismo en el cual nos encontramos.

Por eso decidí llevar a cabo una serie de entrevistas a cuatro puertorriqueños representativos de lo mejor de Puerto Rico con el propósito de que en esa conversación que entablamos se desarrollase un espacio educativo, de reflexión y de inspiración.

Las entrevistas son parte del programa radial Economía Ciudadana, un proyecto especial del Centro para la Nueva Economía y Radio Universidad que se trasmite los jueves a las cuatro de la tarde.

Escogí para las entrevistas a Lucilla Fuller de Marvel, a Ana María García Blanco, a Salvador Casellas y a José Rafael Fernández. Los cuatro son ejemplos de personas que a través de sus diferentes campos de trabajo, se han dedicado a construir y dar lo mejor de ellos para Puerto Rico. Lucilla y Salvador son parte de la generación más importante del Puerto Rico moderno, la cual nos legó un país en ascendencia. Ana María y José Rafael son parte de la generación que le ha tocado vivir y trabajar en un Puerto Rico tumultuoso y lleno de retos.

Lucilla dedicó su vida adulta y profesional a las comunidades marginadas de Puerto Rico. A través de su trabajo como planificadora no tan sólo ayudó a decenas de comunidades sino que también fue maestra y mentora para toda una generación de planificadoras y especialistas en desarrollo comunitario.

Don Salvador fue servidor público por excelencia. Como Secretario de Hacienda tuvo que lidiar con la recesión a principios de los años setenta la cual provocó a su vez una crisis fiscal, en la banca, en la construcción y de energía. La manera como se manejaron esos asuntos nos sirven de ejemplo aún al día de hoy.

Ana María es parte de una estirpe de servicio y compromiso a Puerto Rico. Con un Doctorado de una de las más prestigiosas universidades en el mundo, le ha dedicado su vida al más difícil reto de nuestro país, proveerles a los niños en Puerto Rico una educación de calidad y de paz.

José Rafael trabaja en una de las industrias más afectadas del país y del mundo. Tiene a su cargo una de las principales instituciones financieras de Puerto Rico y enfrenta ese reto desde la perspectiva de una nueva generación y de una nueva manera de hacer negocios.

Esta es la verdadera esperanza de Puerto Rico: las lecciones de las generaciones que vinieron antes, y el trabajo, esfuerzo y dedicación de los que les toca ahora. Una razón más por la cual debemos estar agradecidos

 

El autor es Presidente del Centro para la Nueva Economía. Esta columna se publicó originalmente en el diario
El Nuevo Día el 23 de noviembre de 2011.

Foto: soelin via flickr

 

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