Church

Por Miguel Soto-Class

En mi vida han existido varias personas que han tenido influencia en mi desarrollo personal y profesional. Sin embargo, pocas han tenido tanto impacto como lo tuvo mi primer jefe, socio fundador del Centro para la Nueva Economía, y gran amigo: Churchill G. Carey, Jr.

Church, como le decíamos sus amigos, provenía de una prominente familia de Baltimore. Estudio en Hotchkiss, Yale y Harvard, las principales y más prestigiosas instituciones educativas de Estados Unidos.

Luego de su graduación de la escuela de negocios de Harvard, Church elige ir de voluntario a Costa Rica por dos años como parte de los Cuerpos de Paz. Poco después llega a Puerto Rico por invitación de su amigo Fred Sánchez.

Desde el principio Church se enfoca en el negocio de la vivienda en Puerto Rico. Fue Presidente de varios bancos hipotecarios incluyendo a International Charter, Metmor Financial, y finalmente Puerto Rico Home Mortgage, donde fue Presidente y dueño. Church hablaba español con acento pero gramáticamente impecable. Sus hijos estudiaron en Perpetuo Socorro y su vida transcurrió en Puerto Rico. Fue puertorriqueño y lo seguió siendo hasta el final.

Durante el tiempo que trabajé con Church fui testigo de la vida de un hombre con unos principios inquebrantables que guiaban su vida diaria. Sus virtudes eran muchas pero tres de sus valores en particular marcaron mi manera de vivir de ese momento en adelante.

Primero aprendí sobre la virtud del trabajo. Church era un hombre trabajador. Yo vengo de una familia trabajadora y ví desde pequeño a mis abuelos y a mis papás amanecer para trabajar todos los días. Eso nunca fue algo raro para mi. Pero Church fue mi primer ejemplo de alguien que trabajaba sin tener que hacerlo. Y trabajaba más que nadie. Recuerdo que aún siendo Presidente y dueño de la empresa, Church era el primero en llegar a la oficina y el último en irse. Nunca olvidaré la sensación que me daba llegar a la oficina temprano en la mañana y ver un sólo carro en el estacionamiento: el de Church.

Segundo, fuí impactado por la humildad de Church. Sin duda Church tuvo un éxito empresarial incuestionable. Sin embargo, le huía al protagonismo y al día de hoy todavía me entero de proyectos que Church financió o de alguna manera desarrolló, sin que nadie lo supiera y sin que él tomara el crédito.

Finalmente, fue durante mi tiempo trabajando con Church que aprendí sobre filantropía. Church era un hombre extraordinariamente generoso y con un gran sentido de responsabilidad cívica. Lo representé en varias Juntas de Directores desde Apoyo Empresarial en Cantera hasta Fondos Unidos. Vi y aprendí que hay una responsabilidad de los lideres empresariales a servir al país a través de organizaciones no gubernamentales. Yo pude hacer mis estudios graduados en gran parte gracias a la ayuda que Church me dió, y sé que no soy el único que puede decir eso. El trabajo que hacía Church, particularmente el filantrópico y cívico, lo hacía calladamente y no le molestaba que fueran otros quienes se llevaran el crédito.

En fin, fue mucho lo que aprendí de Church. Aprendí que no debo enfocarme en lo material en la vida. Aprendí que cualquier éxito que yo adquiera viene acompañado por una responsabilidad a mis prójimos. Y aprendí que mi comportamiento tiene un impacto fuerte y permanente en las personas que me rodean.

Han sido muchas las vidas que han sido impactadas por Church. Nosotros somos su principal legado y mantenemos una deuda con él de vivir sus valores y compartir sus principios.

Me parece que el mundo es un lugar un poco más oscúro por su partida. Fue un gran amigo y me hace falta. Que en paz descanse.

 

El autor es Presidente del Centro para la Nueva Economía. Esta columna se publicó originalmente en el diario
El Nuevo Día el 28 de diciembre de 2011.
Foto: Vince Alongi via flickr

 

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