Annual Economic Conference 2012: Mensaje de apertura

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A continuación compartimos una transcripción del mensaje de apertura para la Conferencia Económica Anual 2012, ofrecido por el Presidente del Centro para una Nueva Economía, Miguel A. Soto-Class. La misma fue celebrada el 17 de febrero de 2012, en San Juan, Puerto Rico.

Por: Miguel A. Soto-Class
Presidente, Centro para una Nueva Economía

Buenos días y bienvenidos a la Conferencia Económica 2012 del Centro para la Nueva Economía. Es un privilegio tenerlos a ustedes aquí con nosotros. El Centro para la Nueva Economía desde que se fundó hace catorce años, tiene como su misión crear una economía en Puerto Rico que sea amplia, robusta y balanceada. Buscamos lograr esa meta a través de una voz de alto rigor académico, de alta credibilidad institucional, y de estricta independencia de criterio.

Pero además de esta importante encomienda, también somos centinelas en constante vigilancia alertando a nuestro pueblo sobre peligros en el horizonte. Lo hicimos con el costo de energía, lo hicimos con la mermante participación laboral, lo hicimos con la creciente deuda del gobierno, y hoy, lo hacemos con el preocupante tema de la desigualdad económica.

Esto de ser centinela ni es fácil ni es muy compensado. Me recuerda el cuento del muchacho que pasaba diariamente de camino a su oficina a una viejita que vendía bizcochitos a peso de un carrito ambulante. Todos los días el muchacho pasaba por el carrito de la viejita y todos los días le dejaba un peso, pero nunca cogía un bizcochito. Así fue por tres años hasta que un día cuando el muchacho pasa y le deja el acostumbrado dólar, la viejita, que nunca le había hablado, se le queda mirando y le dice, “oye, ahora son a $1.25…”

Ciertamente hablar de la desigualdad económica es incómodo, pero mira a donde nos ha llevado la comodidad. Puerto Rico ha perdido el 12% de su economía, el 18% de sus empleos y el 2% de su población. La evidencia es clara: los países con altos niveles de desigualdad tienen mucha más posibilidad de caer en crisis fiscal y mucho menos posibilidad de sostener crecimiento económico. Si viviéramos en una economía rica, el tema de la desigualdad económica podría verse como otro más dentro del conjunto de las altas aspiraciones de la sociedad. Pero en una economía pobre como la de Puerto Rico, este tema cobra una relevancia más importante e inmediata porque sabemos que la desigualdad impide nuestro desarrollo y frena nuestro crecimiento económico.

Quiero ser meridianamente claro que hablar de la desigualdad económica no es igual que hablar de lucha de clases sociales o de los ricos versus los pobres. De lo que se trata es que cuando un nivel exagerado de recursos se concentra en las esferas de arriba, la clase media no tiene suficiente capacidad de consumo para mantener la economía a flote, excepto a través de la deuda. Y los efectos que eso provoca nos afectan a todos. Al contrario, lo que queremos provocar es un circulo virtuoso, donde una creciente clase media tenga la capacidad de consumir más bienes y servicios, lo que a su vez crea más empleos, lo cual provoca más demanda, mercados más desarrollados y comunidades más saludables.

Esperamos que una gran parte de la reacción a los temas de hoy sea querer saber cuál es la solución y qué podemos hacer para enfrentar este reto. Como muchos de ustedes saben, mi mensaje por mucho tiempo ha sido que el problema de Puerto Rico no es la falta de ideas sino la incapacidad de ejecutar las que tenemos. Por eso, en parte, hoy también hablaremos sobre el tema de confianza, o social trust, una pieza clave para poder lograr la ejecución de esas ideas.

Curiosamente, y hablando de soluciones, Michael Lewis, el reconocido autor de Moneyball, Liar’s Poker y The Blindside, en su más reciente libro sobre la crisis financiera global, Boomerang, habla sobre el restablecimiento económico reciente en países como Irlanda e Islandia y explica que un componente crucial en el resurgir de ambos países ha sido lo dispuestos que han estado ambos países en aceptar fríamente la gravedad de sus problemas y no mentirse a si mismos sobre su severidad. Una lección que debemos asimilar en nuestra isla.

Nuestro orador principal hoy es Richard Locke, quien ha sido partícipe de unos proyectos muy interesantes en lugares como Brasil e Italia, sociedades latinas parecidas a la nuestra en muchos aspectos. Leyendo sus libros me di cuenta que sus experiencias en esos lugares son de mucha relevancia para Puerto Rico, particularmente cómo se logran acuerdos y convergencias entre actores en momentos de crisis económica, y por eso lo invité a ser parte de nuestra reunión anual.

Como habrán visto, este año cambiamos un poco el formato de la conferencia para permitir mayor participación de ustedes, la audiencia, particularmente en la discusión sobre soluciones. También le pedí a mi gran amigo Efrén Rivera Ramos, quien además de ser abogado y catedrático es poeta y escritor, que nos ayudara al final de la conferencia a enfrentar ese sentido de, ¿y ahora qué? el cual siempre desciende como neblina luego de una potente tormenta de ideas.

Hace un tiempo atrás mi gran amigo Miguel Antonio Ferrer acuñó una frase la cual yo he adoptado y utilizado en muchas ocasiones: en Puerto Rico lo único que hay para repartir es pobreza. Sin embargo, igual pienso, y no me cabe duda de que aquí todos estaríamos de acuerdo, que es mejor para los de arriba tener una parte menor de una economía en crecimiento que una parte mayor de una economía muerta.

Como la mayoría de ustedes saben de primera mano, los hijos son una fuente diaria y constante de muchas cosas: frustraciones, alegrías, males ratos y bendiciones. Hace un tiempo atrás mi hija Ceci, que ahora tiene siete años, me dijo que iba a llevar su dinero de cumpleaños al banco. Yo me alegré pues pensé que era para ahorrarlo pero ella me dijo que no, que lo iba a llevar al banco para pedirles que le dieran más. Y mi otra nena, Bea, que ahora tiene nueve años, me dijo hace poco que ella no quería una cuenta de ahorro, ella quiere de las que se gastan…

Como verán, a mi no me queda otra opción que no sea dejarle de herencia a mis hijas una economía fuerte y próspera en la cual ellas puedan desarrollarse a plenitud y como ellas se merecen. Ayúdenme con eso.

Muchas gracias.