Annual Economic Conference 2013: Mensaje de apertura – “Querer creer”

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A continuación compartimos una transcripción del mensaje de apertura para la Conferencia Económica Anual 2013, ofrecido por el Presidente del Centro para una Nueva Economía, Miguel A. Soto-Class. La misma fue celebrada el 1ro de marzo en San Juan, Puerto Rico.

Por: Miguel A. Soto-Class
Presidente, Centro para una Nueva Economía

Buenas tardes y bienvenidos a la Conferencia Económica Anual 2013 del Centro para una Nueva Economía. Este año, al igual que en los anteriores, verán aquí en la conferencia una mezcla bien interesante de personas. Es nuestra intención tener un grupo representativo de la rica diversidad de Puerto Rico. En particular, me siento muy orgulloso de los estudiantes que hoy nos acompañan, de escuela superior y de universidades, del sistema público y del privado. Ellos representan nuestro futuro y le dedicamos a ellos la conferencia de hoy.

La conferencia este año es muy especial pues inicia una serie de eventos durante el año donde celebraremos el quince aniversario del Centro para Una Nueva Economía. No parece que hayan pasado tantos años desde que fundamos a CNE pero la realidad es que, si veinte años no son nada, como decía Gardel, pues quince ni se diga. Y CNE ahora es que está cobrando fuerza y desarrollándose como una institución al servicio del país, pues la mies es mucha pero los trabajadores son pocos. Y Puerto Rico necesita a CNE hoy más que nunca.

Para muchos de ustedes la existencia de CNE es una parte normal del ambiente social y político de Puerto Rico pero no debemos olvidar lo extraño e innovador que fue CNE hace quince años atrás cuando se fundó, y lo visionario que fueron las personas que apoyaron en ese entonces esta nueva y desconocida iniciativa. ¿Quién hubiese pensado hace quince años que en los temas de importancia del país pudiera expresarse una opinión adicional a las acostumbradas del Gobierno y de la empresa privada? Y que fuera una voz balanceada, sobria, clínica, basada no en una agenda particular ni en una emoción pasajera sino en el empiricismo de la investagación y las ciencias sociales y enfocada en los mejores intereses de Puerto Rico. Una voz que representaba una generación preocupada e inquieta ante lo que sentía, percibía y anticipaba. Una voz que en tantas ocasiones se adelantó y, como centinela, nos alertó a lo que venía, y a las diferentes facetas de nuestra ya tan familiar crisis económica.

Tenemos una gran deuda con los que apoyaron a CNE en ese inicio. Los que se aventuraron a respaldar un sueño intangible de esperanza para el País. Para todos, y ellos saben quiénes son, mi más sincero agradecimiento, y el reconocimiento, quizás aún en ciernes, de un Pueblo agradecido.

Hoy, el centinela se nos acerca y avisa que tenemos que trabajar una concertación social, y de eso se trata nuestra conferencia hoy. A menudo escuchamos la frase “concertación social” pero no entendemos bien de qué se trata ni porqué es importante. Eso lo explicaremos aquí desde una perspectiva internacional, una técnica y una local.

AEC2013-MSC-Discurso-240Con algunos de ustedes ya yo he compartido mi preocupación y presentimiento de que Puerto Rico carece de la madurez como pueblo y de la confianza entre sectores para lograr una verdadera concertación social. Usando la precaria situación de los sistemas de retiro como ejemplo, ya vemos como cada sector empieza a halar para su lado y a expresar que no cuenten con ellos. Eso es problema de los pensionados, allá ellos. Eso es problema del Gobierno, allá ellos. Eso es problema de los que pagan contribuciones, allá ellos. En el panel de esta tarde invité a un grupo de destacados puertorriqueños de diversas experiencias precisamente para dialogar sobre cuán posible es tener una concertación social en Puerto Rico.

Por otro lado, la reflexión obligada que celebrar quince años en cualquier esfuerzo provoca, me hace pensar más allá de concertación, en lo que falta por hacer. Y creo que hay dos proyectos vitales para Puerto Rico en los próximos años. Primero está el proyecto de desarrollar al sector ciudadano. El sector ciudadano somos nosotros, de donde emana la soberanía y el poder de los gobernantes; un poder prestado a ellos en fideicomiso por nosotros para lograr una civilización más perfecta. En Puerto Rico ese sector ciudadano ha sido históricamente ignorado y subordinado por el Gobierno y por la empresa privada.

Fíjense que no he dicho que el problema es el Gobierno o la empresa privada. El problema reside en la falta de balance entre los tres sectores pues ese disloque pone en peligro y en desventaja a toda nuestra sociedad. Recientemente hemos visto retoños de poder en el sector ciudadano puertorriqueño manifestado en el empuje y cabildeo por la cancelación de La Comay y también en el logro de eliminar las dietas de los legisladores. Hay una cita famosa de Thomas Jefferson que dice: La fuerza de la opinión pública no se puede resistir cuando se permite expresar libremente. Hay que someterse a la agitación que produce.

El Gobierno es una institución de mucha importancia pero ya no podemos permitir que siga siendo el protagonista de nuestra vida colectiva. Y en nuestro sector privado se está desarrollando una minoría ilustrada con una perspectiva de dueño que sobrepasa la miopía trimestral gerencial. Una concertación de este verdadero y genuino sector privado y del sector ciudadano sería realmente transformativo para Puerto Rico. Por eso es que el capital local es tan importante para el desarrollo de un país pues tiene una perspectiva mucho más profunda, comprometida y de largo plazo. Ese compromiso es vital pues muchos de los problemas de Puerto Rico simplemente ya no tienen solución razonable y requerirán compromiso, concertación y columna vertebral.

El segundo proyecto vital para Puerto Rico es el de reconstruir nuestra economía. Y eso me hace pensar la historia de Nicodemo, quien algunos de ustedes recordarán le preguntó a Jesús, “qué hay que hacer para entrar al reino de Dios”, y Jesús le contesta: Hay que nacer de nuevo. Nicodemo no entiende pero el mensaje que se quiere comunicar es que el cambio necesario es tan radical que es como nacer de nuevo. No es suficiente cambiar algunas cosas, no es suficiente mejorar, no es suficiente duplicar los esfuerzos; es necesario empezar desde el principio como si fuera una criatura nueva. Y eso es lo que le hace falta a Puerto Rico, porque los retos que tenemos ante nosotros son demasiado grandes para darle la vuelta. Y ya no hay más conejos en el sombrero que el mago pueda sacar. Hay que atacar el problema desde su raíz y comenzar desde el principio.

En CNE ya nos estamos preparando para eso a través de la creación de un nuevo modelo económico para Puerto Rico. Es el proyecto más importante y más ambicioso que nos hayamos propuesto. Será una combinación de estudio y acción desde una perspectiva de crecimiento y equidad. Y de ahí viene el pequeño cambio a nuestro nombre que los más atentos entre ustedes habrán ya notado. Ahora, en vez de Centro para LA Nueva Economía somos el Centro para UNA Nueva Economía.  Hacía tiempo que queríamos hacer el cambio y decidimos que ahora en el quince aniversario era el momento apropiado pues es el momento de nosotros reconfirmar nuestro propósito de crear UNA nueva economía más robusta, UNA nueva economía más equitativa y amplia y UNA nueva economía de más oportunidades para todos. Espero poder compartir más sobre este importante proyecto de un nuevo modelo económico para Puerto Rico antes de que finalice el año.

Quiero concluir hablando un poco sobre el optimismo. Ustedes no lo van a creer pero a nosotros en el CNE se nos critica mucho. Usualmente es por algún señalamiento que hemos hecho. Pero debo recordarles a todos: fiscalizar como nosotros hacemos, no es solamente aceptable sino de vital importancia para la democracia. El optimismo no puede ser ciego. Tenemos que reconocer dónde estamos y aceptar nuestra situación. No podemos ignorarlo o esconderlo. Eso no es optimismo. Eso es engañarnos a nosotros mismos.

Yo quizás no esté muy optimista pero creo todavía en la promesa de Puerto Rico. No me refiero a una promesa política, ni a una promesa religiosa sino a la promesa de lo que puede ser. Todos nos preguntamos si es posible enfrentar con éxito los grandes retos de nuestro país: la rampante ola criminal; la pérdida de valores y su desenlace de barbarie social; el trauma de una economía en un prolongado estancamiento. En fin, el desentrañar de toda nuestra fibra moral.

Es en cuanto a estos temas que esa promesa de la que hablo se refiere. Es decir, que hay una posibilidad que nuestra situación pueda mejorar. Una esperanza que algo distinto y mejor puede suceder. Que a pesar de que siempre quedamos defraudados y desilusionados, que esta vez puede ser diferente. Es tener fe, tener certeza de lo que se espera, y la convicción de lo que no se ve. Es una esperanza que no tiene razón de ser sino todo lo contrario pues la evidencia histórica ha sido una de decepción. Pero hay algo en el ser humano, y, me parece a mí, en el puertorriqueño en particular, que lo obliga a querer creer. Nuestro instinto es uno de querer, de creer y de esperar. Y a esa promesa, yo me aferro.

Muchas gracias.