Futuro

Mike 2

Por Miguel Soto Class

En los 15 años que el Centro para una Nueva Economía lleva trabajando, hemos llevado a cabo más de 150 presentaciones, conferencias y eventos de múltiples y variados temas. Sin embargo, creo que ninguna ha tenido el éxito, tanto sustantivo como presencial, que nuestra pasada conferencia anual sobre concertación social hace apenas unos días.

Al igual que en años anteriores, hubo en la conferencia una mezcla bien interesante de personas. Sindicatos, organizaciones no gubernamentales, comunidades, empresarios y representantes del sector público. Nuestra intención siempre ha sido tener en la conferencia anual a un grupo representativo de la rica diversidad de Puerto Rico. En particular, me siento muy orgulloso de los estudiantes que nos acompañaron, de escuela superior y de universidades, del sistema público y del privado. Ellos representan nuestro futuro y a ellos se les dedicó la conferencia.

Me sospecho que el gran interés en la conferencia de este año tuvo que ver mucho con el hecho de que todos sabemos que algo viene, y eso nos preocupa, y queremos saber, si hay algo, qué se puede hacer. Como pueblo, estamos bajo una ansiedad colectiva.

Recientemente leí una cita dramática y inquietante en un texto sobre la revolución rusa donde el jerarca de una de las principales familias rusas, el Conde Sheremetev, se anticipaba meses antes de la revolución: “Una coyuntura decisiva se aproxima. ¿Dónde descansa el futuro de Rusia? ¿A dónde la están llevando sus amos actuales?” Y como sabemos todos, eso no terminó bien.

Con algunos lectores ya he compartido mi preocupación y presentimiento de que Puerto Rico carece de la madurez como pueblo y de la confianza entre sectores para lograr una verdadera concertación social a escala. Usando la precaria situación de los sistemas de retiro como ejemplo, ya vemos cómo cada sector empieza a halar para su lado y a expresar que no cuenten con ellos. Eso es problema de los pensionados, allá ellos. Eso es problema del Gobierno, allá ellos. Eso es problema de los que pagan contribuciones, allá ellos.

Precisamente, ese fue el tema de discusión en el panel principal de la conferencia donde se debatió sobre cuán posible es realmente tener una concertación social en Puerto Rico más allá de los clichés y discursos banales.

Tanto Ana María García Blanco, la fundadora del Instituto Nueva Escuela, como Luis Alberto Ferré Rangel, presidente de la Junta de Directores de la Fundación Agenda Ciudadana, nos recordaron que en Puerto Rico ya hemos logrado, en ciertos niveles y en pequeñas escalas, concertaciones sociales que han logrado sus metas. Y Carlos Delgado, justo antes de ir al Clásico Mundial de Béisbol, nos alertó de que tenemos problemas severos y que se nos está acabando la mecha pero que eso precisamente puede ser el detonante para obligarnos a sentarnos en la mesa de concertación. Finalmente, Sergio Marxuach, en su magistral presentación, nos demostró que la concertación social es tema obligado para todos, y si a alguien no le interesa por inquietud filosófica o humanista, le afectará de todos modos por el impacto en su bolsillo.

Si algo aprendí en la conferencia es que en Puerto Rico tenemos el interés, la capacidad y el capital humano para lograr concertaciones en los temas más críticos de política pública y de economía. Pero sigo escéptico sobre si tenemos el desprendimiento necesario y la confianza entre sectores para llevar a cabo estas acciones concertadas a la velocidad y escala que los tiempos requieren.

Siendo ésta la Semana Santa, pienso que es un buen momento para reflexionar, como lo hizo demasiado tarde el Conde Sheremetev, sobre cuál es el futuro de Puerto Rico y a dónde nos llevan los amos de hoy.

El autor es fundador y presidente del Centro para una Nueva Economía. Esta columna se publicó originalmente en el diario El Nuevo Día el 27 de marzo de 2013.

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