Igualitos

 

Por Miguel A. Soto Class

foto tomada de envivopr.com

Llevamos ya quince años desde que se fundó el Centro para una Nueva Economía, y desde el principio estamos escuchando al gobierno de turno decir que mantengamos la tranquilidad, que no nos preocupemos por el confiscatorio costo de energía pues ya se han tomado los pasos necesarios para que en dos o tres años baje la factura de luz. Va y viene la administración de turno, y el costo en vez de bajar como prometieron, sigue subiendo. Y la promesa ahora es que el costo de la luz bajará en el 2018.

Mientras tanto nos mantienen distraídos, tirándonos bolas de humo de que el problema es el costo del petróleo, o de que el problema es la UTIER, o de que el problema es el hurto de energía, pero que ahora sí van a reformar la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) pues esta vez es en serio. ¿Cuántos años más vamos a permitir que nos engañen?

La realidad es que el alto costo de energía en Puerto Rico no se debe tan solo al petróleo. Aunque el petróleo es un factor importante, para nosotros los clientes no hay mucha diferencia en nuestra factura mensual cuando el petróleo está a $80 el barril que cuando está a $160. Ni es culpa de la UTIER, pues el costo de la nómina completa de la AEE es solo el 11% de su presupuesto.

El problema principal de la AEE es que es un monopolio que no le tiene que rendir cuentas a nadie y que no lo supervisa nadie. Por eso es tan importante establecer una junta reglamentadora independiente para supervisar y monitorear la AEE.

Es importante que el pueblo sepa que el costo de energía no es un asunto que solo le debe preocupar a los empresarios. Ciertamente ése es un grupo muy afectado y que muchas veces paga más en luz que en nómina. Pero la realidad es que el alto precio de la energía en Puerto Rico afecta también a los pensionados y a los viejitos, pues estas personas viven con un presupuesto fijo y muchas veces una factura de luz los puede poner en la situación en que tienen que escoger entre pagar la factura y comprar sus medicinas. Igual impacta terriblemente a organizaciones sin fines de lucro y a la ya tan afectada clase media del país.

Muchos pensaban que al tener representantes de la comunidad en la Junta de Directores de la AEE este problema se arreglaría. Pero como hemos visto, ésa no es la realidad. A pesar de las buenas intenciones de los representantes de la comunidad en la Junta de Directores de AEE, los engaños han seguido, como fue la reducción de la factura durante las elecciones pasadas. Ese engaño lo llevaron a cabo aun con la presencia de los representantes de la comunidad, lo que demuestra que su presencia no es suficiente.

Una junta reglamentadora independiente sería un cuerpo de supervisión que velaría por los mejores intereses del pueblo en las acciones de la AEE. La AEE, como existe ahora, no tiene ningún incentivo de mejorar, pues tienen todos los poderes en ley para pasarnos a los clientes todos sus gastos, sean justos o no. Y nosotros, los clientes, solo tenemos dos opciones: o nos tragamos la extorsión o dejamos que nos corten la luz y vivimos con velas.

Ahora que parece inevitable la movida hacia el uso de gas natural por parte de la AEE, es más importante que nunca que esa movida venga acompañada del establecimiento de una junta reglamentadora independiente. De otra manera, es muy probable que la AEE se quede con todos los ahorros que este otro combustible fósil proveerá y que, al final, a nosotros los clientes no nos baje la factura por mucho.

Es hora de que el gobierno y sus corporaciones públicas tengan que responderle al pueblo y al sector ciudadano. Estas entidades existen para servirnos a nosotros y no para servirse de nosotros. Ante la falta de liderato político para cambiar esta bochornosa e injusta realidad, el Centro para una Nueva Economía estará llevando a cabo la batalla para hacerlo. Invitamos a la ciudadanía y a otras organizaciones no gubernamentales a unirse a nuestro esfuerzo.

 

El autor es presidente del Centro para una Nueva Economía. Esta columna fue publicada originalmente en el diario El Nuevo Día el 24 de abril de 2013.

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