La agenda para el nuevo Congreso

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Guiar en Puerto Rico no es fácil.  Siempre existe el riesgo de perder una goma por los numerosos y profundos huecos en las carreteras.  A pesar que todos reconocen el problema, atender el asunto es complicado.  Usualmente, el gobierno estatal y local comparten responsabilidades por el arreglo de las carreteras, y como el costo de reemplazar cada pie cuadrado es monumental, se opta por poner parchos temporeros que atienden el problema inmediato, hasta que eventualmente el hueco vuelve a aparecer, posiblemente como un cráter más grande.  A eso hay que sumarle que el sistema de transportación de la isla está diseñado para que dependamos de un automóvil.  Por tanto, nos resignamos a guiar sobre las carreteras de Puerto Rico y esquivar los dichosos huecos.

La política fiscal de Puerto Rico funciona de manera similar debido a que la relación política entre la isla y los Estados Unidos tiene vicios estructurales que impactan su integridad fiscal. En otras palabras, hay “huecos” en esa estructura que a menudo “resolvemos” con parchos, y que poco después nos toca volver a arreglar.  Para evitar estos parchos, tiene que existir voluntad y astucia política para corregir las leyes y reglamentos a nivel federal. Sin embargo, nuestra historia indica que las deficiencias de algunos programas federales importantes se atienden sólo cuando estamos al borde de un risco fiscal y cunde el pánico.

Debilidades estructurales
Luego del huracán María, a Puerto Rico se le extendieron ayudas federales, del mismo modo que se le provee a otras jurisdicciones luego de sufrir desastres naturales.  Como parte de la asistencia a Puerto Rico se le extendieron $4,800 millones en fondos de salud, $1,270 millones en fondos de emergencia para la asistencia nutricional, y una extensión temporera de reducciones contributivas bajo la sección 199 del código de rentas internas federales, entre otras ayudas.  Pero debido a las diferencias en como se aplican a Puerto Rico estos programas de asistencia, poco a poco nos vamos aproximando a fechas cuando careceremos de la habilidad para atender en su totalidad las necesidades de la isla. Nuevamente se manifiesta la desventaja de Puerto Rico en su participación de programas federales. No nos queda más que ir al congreso y repetir el mismo libreto.  Para salir de este hueco que cala profundo, tenemos que atender los problemas desde su raíz. A continuación dos ejemplos.

Medicaid
Según la Administración de Seguros de Salud en Puerto Rico, unas 1,554,018 personas son elegibles para participar en el programa de Medicaid.  A diferencia de los estados, la porción que le corresponde pagar al gobierno federal, conocido como el FMAP, se fija arbitrariamente por ley en 55%.  Si se utilizara la misma formula de ingreso per cápita que se utiliza para calcular el FMAP para los estados, el FMAP para Puerto Rico podría llegar hasta un 83%.  Dicho de otra manera, el gobierno de Puerto Rico tiene que asumir el 45% de los gastos del programa de Medicaid, en vez del 17%.  Además de esa diferencia significativa, los fondos federales que se separan para cubrir el FMAP están sujetos a un limite anual.  Cuando se agotan esos fondos, el gobierno de Puerto Rico enfrenta la encrucijada de limitar la cantidad de personas que tienen cobertura médica, o de ofrecer menos servicios médicos.  El gobierno federal ha otorgado varios salvavidas para que los residentes de Puerto Rico no se queden desamparados, pero aun queda por corregir el problema fundamental del FMAP.

Programa de asistencia nutricional (PAN)
Veamos otro ejemplo puntual.  En el 1982, el programa de asistencia nutricional federal, conocido como el PAN, reemplazó los cupones para alimentos como mecanismo para proveer asistencia nutricional a Puerto Rico. Desde entonces, Puerto Rico recibe asistencia alimentaria a través de una subvención en bloque administrada por el gobierno local. Los cambios en la estructura del programa, y, por ende, cobertura son sustanciales. Por ejemplo, la subvención se provee anualmente a través de una cantidad máxima asignada, por lo que, si ocurre algún evento que afecte el bienestar económico de la población – como un huracán – la isla no se beneficia de un alza en fondos, a pesar de que sus necesidades aumenten.  En comparación con otras jurisdicciones que participan del programa SNAP, Puerto Rico recibe menos recursos federales para apoyar a familias de bajos recursos, a pesar de que aproximadamente la mitad de la población vive bajo los niveles de pobreza federal.

Una agenda nueva
Es por eso que el Centro para la Nueva Economía, desde su oficina en Washington DC, aboga por una agenda menos política, mas abarcadora y mas enfocada en nuestras necesidades económicas.  El informe del “Congressional Task Force” creado bajo PROMESA, detalla varias propuestas de política pública y provee un buen punto de partida.  Una pieza fundamental es la extensión del crédito por trabajo, conocido comúnmente como el “EITC”. En Estados Unidos, el EITC se ha reconocido como una herramienta para promover el empleo y reducir la pobreza.  En principio, dos de los retos socioeconómicos mas grandes que la isla enfrenta.

Este año se va a impulsar una agenda para Puerto Rico en Washington DC, y es crítico que se reconozca que la manera más efectiva de ayudar a Puerto Rico es descartando soluciones insuficientes y promulgando una agenda de mayor alcance que atienda las deficiencias estructurales para que Puerto Rico pueda enfocar su atención en el crecimiento económico.

Por: Rosanna Torrres
La autora es la Directora de la Oficina del CNE en Washington DC.

Esta columna publicada originalmente en El Nuevo Día el domingo 17 de febrero de 2019.


An Agenda for the New Congress

Driving in Puerto Rico has its challenges. There’s always the risk of a blowout given the amount and depth of potholes in the streets and highways. Though everyone recognizes the problem, dealing with it is complicated. Typically, the federal and local government share responsibility for road repair and since the cost of replacing every square foot is so expensive, they opt for temporary fixes that take care of the immediate problem. But the potholes eventually reappear, sometimes as deeper, wider craters in the road. To make matters worse, Puerto Rico’s transportation system is designed so that we are dependent on automobiles,so we have to resign ourselves to dodging potholes. to the point we have come to terms with the gaping holes.

Puerto Rico’s public policy functions in a similar manner since the political relationship between the Island and the U.S. has structural deficiencies that impact the island’s financial integrity. In other words, there are “potholes” that are often fixed with temporary solutions, while ignoring the underlying cause. To avoid these temporary fixes, there must be the political will to permanently amend federal laws and regulations. Unfortunately, our history indicates that the shortcomings of a number of important federal programs are dealt with only when Puerto Rico is on the verge of a fiscal cliff and panic begins to spread.

Structural Inequities
After Hurricane Maria, Puerto Rico was provided federal disaster relief, as is typically extended to other jurisdictions after natural disasters. As part of the aid packages, Puerto Rico was provided $4.8 billion for its Medicaid program, $1.27 billion in emergency funds for its nutritional assistance program, and a temporary extension in tax reductions under Section 199 of the U.S. tax code, among other forms of relief. However, Puerto Rico is soon approaching dates when it won’t have the ability to meet all of its needs, and that is mainly due to the differences in the way these programs are applied to Puerto Rico. The island is left with no other option but to return to Congress and repeat the same script. To get out of this rut once and for all, the problems must be addressed at their core. Below are two examples of these structural inequities.

Medicaid
According to ASES, the Health Insurance Administration in Puerto Rico, 1,554,018 individuals are eligible to participate in the Medicaid program. The program cost covered by the federal government, known in policy circles as the FMAP, or Federal Medical Assistance Percentage, is arbitrarily capped by law at 55%, as opposed to how it is calculated for other states. If the FMAP were calculated using the same per capita income formula applied to the states, the FMAP for the island could be as high as 83%. Said differently, the government of Puerto Rico is forced to absorb 45% of the cost of the Medicaid program, rather than the 17% it would pay were it provided equal treatment. Further, the amount of federal funds allocated to cover the FMAP is subject to an annual limit. Which means that when funds are exhausted, the government of Puerto Rico is faced with another dilemma: limit the number of individuals who have health coverage or provide fewer medical services. Over the years, the federal government has provided lifelines to prevent such a scenario, but the fundamental problem with the FMAP still remains.

Nutritional Assistance Program
Another example: In 1982, the federal nutritional assistance program (NAP) replaced the traditional supplemental nutrition assistance program, known as SNAP, as the mechanism for providing food assistance to Puerto Rico. Since then, Puerto Rico has received this benefit through a capped block grant administered by the local government. However, the differences in the program’s structure, and therefore, coverage are quite substantial. For example, the subsidy is provided each year as a maximum allocated amount, so that if some exogenous event occurs —such as a hurricane—that negatively affects the population’s economic well-being, the island is not automatically provided an increase in funds, despite facing increased needs. Thus, Puerto Rico receives fewer federal resources to assist low-income families, as compared with other jurisdictions, even though nearly half of the population lives below the federal poverty line.

A New Agenda
These examples illustrate why the Washington, D.C. office of the Center for a New Economy is advocating a less political agenda, one that is more comprehensive and more focused on Puerto Rico’s economic needs. The report from the Congressional Task Force created under PROMESA provides a good starting point, detailing several public policy proposals. One fundamental component would be to extend the earned income tax credit (EITC). In the U.S., the EITC has been recognized as a powerful tool for encouraging individuals to find jobs and for reducing poverty—perhaps two of the biggest socio-economic challenges faced by Puerto Rico.

This year, Washington will be pushing a new agenda for Puerto Rico, and it is critical that everyone recognizes that the most effective way to help Puerto Rico is by discarding limited, piecemeal solutions and instead consider a broader agenda that remedies structural shortcomings, allowing Puerto Rico to focus its attention on economic growth.

By: Rosanna Torres
Director, CNE Office, Washington, D.C.