Transiciones

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Los períodos de transición suelen ser tiempos convulsos, llenos de incertidumbre y conflictos. Por ejemplo, en las ciencias, tal y como explicara Thomas Kuhn en su libro La Estructura de las Revoluciones Científicas, el período entre el cuestionamiento de un paradigma prevaleciente y la aceptación de un nuevo paradigma que lo reemplace, está lleno de incertidumbre y surgen amargos debates entre los que defienden el paradigma existente y los que promueven una manera nueva de entender la naturaleza.

En estos días en Puerto Rico estamos comenzando el proceso de transición de nuestro sistema eléctrico, de uno basado en grandes unidades generatrices centralizadas que queman combustibles fósiles a uno nuevo basado mayormente en la generación distribuida de electricidad utilizando fuentes renovables de energía.

No debe sorprendernos, entonces, que comience un debate público entre los que apoyan distintos derroteros para llevar a cabo esta transformación. Este choque de ideas y visiones es saludable, siempre y cuando los participantes obren de buena fe y con transparencia, como debe ser en una sociedad que se auto-denomina “democrática”.

Nosotros en el Centro para una Nueva Economía creemos que el nuevo sistema eléctrico de Puerto Rico debe maximizar la integración al sistema de capacidad de generación renovable y de tecnologías de almacenamiento, para proveer reservas, otros servicios auxiliares y carga adicional en las horas pico.

Cuando nos referimos a fuentes renovables de energía para generar electricidad, nos referimos no solamente a la energía solar fotovoltaica y la energía eólica, sino también a cualquier otra tecnología renovable, limpia y segura, que se ha comprobado es viable a escala comercial, por ejemplo, la generación con energía solar termal. En nuestra opinión se deben considerar todas las opciones factibles que cumplan con los parámetros anteriores, para confeccionar una cartera de generación lo más diversificada posible, dado el estado actual de la tecnología y el que se proyecta para el futuro cercano.

Desafortunadamente, la tecnología disponible en estos momentos no permite que toda la demanda de electricidad en Puerto Rico se pueda satisfacer con fuentes renovables de energía. La generación con fuentes renovables es intermitente, y aunque ese problema se puede manejar con tecnologías de almacenamiento de energía (baterías), no se puede eliminar en su totalidad.

Puerto Rico necesita satisfacer una carga base todo el día para mantener las escuelas, comercios, oficinas, hospitales, hoteles y fabricas funcionando, sin mencionar, la electricidad necesaria para nuestros hogares. No es lo mismo proveerle energía solar al colmadito de la esquina que a una economía y sociedad modernas de 3.1 millones de personas. Y simplemente no vemos factible—en el corto o mediano plazo—un escenario en el cual la capacidad de generación distribuida, usando placas fotovoltaicas, se pueda instalar masivamente utilizando los techos de 65% o más de las edificaciones existentes en Puerto Rico.

Por tanto, va a ser necesario añadir capacidad de generación nueva utilizando generación basada en fuentes no renovables. Sin embargo, se nos ha criticado por sugerir que la brecha entre la demanda y la oferta de electricidad se cierre con generación utilizando gas natural, el cual entendemos es una de las fuentes no renovables que menos contamina y de las más seguras. Eso a pesar de que hemos dejado claro que la construcción de infraestructura nueva de gas natural debe ser la mínima necesaria para mantener la estabilidad del sistema y permitir la maximización del uso de recursos renovables.

Esto significa:

  1. promover la integración al sistema de unidades de generación altamente eficientes y relativamente pequeñas; de manera consistente con el rediseño de la red de transmisión y distribución, y sin utilizar gasoductos;
  2. que dicha construcción debe limitarse a unidades cuya inversión pueda ser recuperada en 20 años o menos;
  3. prohibir la construcción nueva de unidades de generación que utilicen combustibles fósiles después del 2030 para fomentar la transición a fuentes renovables y lograr el objetivo de generar 100% de nuestra electricidad con fuentes renovables en el 2050. Obviamente, estamos dispuestos a escuchar a organizaciones o personas que apoyen otras alternativas o planes.

Por otro lado, también nos han criticado por no favorecer la generación de electricidad con energía nuclear, a pesar de los avances en esa área. Es cierto que la tecnología de generación nuclear ha mejorado significativamente desde la década de los años 70, tan es así que de acuerdo con una reseña reciente en la revista The Atlantic algunos de los arquitectos del “Green New Deal” no la descartan como parte de su solución para eliminar las emisiones de gases invernadero.

En el caso de Puerto Rico no la vemos como una opción viable. Por más que haya mejorado la tecnología, el riesgo de un evento tipo “black swan”, de poca probabilidad pero con consecuencias catastróficas, no se puede eliminar por completo. El riesgo de un accidente nuclear en una isla del tamaño de Puerto Rico, por más remoto que sea, simplemente no es aceptable porque supone una amenaza existencial a nuestra sociedad. Además, pregúntese usted si se siente cómodo con la idea de proveerle Uranio-235 a la AEE, una de las agencias gubernamentales más corrupta y peor administrada en nuestra historia.

Al comienzo de esta transición tenemos que aceptar que no existen soluciones perfectas, todas tienen sus costos y beneficios y requieren que hagamos lo que en inglés llaman “tradeoffs”. Cuidado pues con los falsos profetas vendiendo soluciones que requieren la suspensión voluntaria de nuestra incredulidad. Especialmente con aquellos que acaban de desembarcar en Puerto Rico con poco conocimiento y menos entendimiento de nuestra economía, sociedad y sistema eléctrico.

 

Por: Sergio M. Marxuach

Director de Política Pública

Centro para una Nueva Economia

Esta columna se publicó originalmente en El Nuevo Día el 17 de marzo de 2019