Debt, Austerity and Growth – Joseph Stiglitz in San Juan

CNE_STIGLITZ2017

A variegated audience of over one thousand people gathered on April 6, 2017 at the San Juan Symphonic Hall to listen and reflect on Nobel Prize winner Joseph Stiglitz’ words of caution and forward-looking advise regarding Puerto Rico’s economic predicament. Stiglitz is one of 17 experts who conform pro-bono the CNE Growth Commission for Puerto Rico.

Click here to access a complete recording of the event.

Watch the following summary videos:

In introducing Stiglitz, CNE’s President and Founder Miguel A. Soto-Class stressed the need for ample involvement in the process of economic recovery and made an urgent call-to-action.

Stiglitz cautioned against the contractionary effects fiscal austerity measures will have on the island’s economy…

…and urged for growth measures as anchors of any fiscal and debt restructuring plans.

Select a thumbnail to view full-size images.

Growth Amidst Uncertainty: A Free Market Perspective – A Conversation with Steven Davis

282_cne04072017

“Historically, the Puerto Rican tax code and regulatory system abound with provisions for special business interests…The result is a complicated web of policy-induced financial incentives that helps sustain a rent-seeking business culture and an overly intrusive role for the government.”
Steven Davis

On April 6, 2017, Steven Davis, Professor of Entrepreneurship and Global Economics and Management at the Sloan School of Management of the Massachusetts Institute of Technology, led a conversation with Puerto Rico entrepreneurs and business leaders on how free markets can help Puerto Rico create a healthier economic climate and foster growth. Davis, who is a pro-bono member of the CNE Growth Commission for Puerto Rico, argued in favor of simplifying regulations affecting the island’s business environment.

Select a thumbnail to view full-size images.

Charting a Path Towards Growth – CNE Growth Commission All-Day Convening

CNE_STIGLITZ2017

The CNE Growth Commission for Puerto Rico convened for the first time in San Juan and began to craft an agenda focused on helping the island devise economic development opportunities and strengthen execution capabilities.

The Commission’s vision is based on the premise that – given the demands of a rapidly changing knowledge-based economy and heightened global competition – long-term sustained economic growth is a result of a country’s capability to move into higher value-added activities. Therefore, the Commission understands that any new economic strategy for long-term growth in Puerto Rico ought to be focused on:

  1. Speeding up the process of economic structural change by advancing the economy’s insertion in high-value niches, investing in innovation, and adopting new knowledge and technologies.
  2. Creating the institutional framework to promote this structural change; that is, revamping the institutions whose mission is to promote this transformation.
  3. Devising public policies that help raise the wellbeing of society in an inclusive manner, so that most of its members can benefit from the gains of improved economic performance.

Access the CNE’s Growth Commission Workplan

Select a thumbnail to view full-size images.

Prompting a Far-Reaching Dialogue About Economic Recovery

With the objective of prompting a far-reaching dialogue about the process of economic recovery, the CNE 2017 Conference included also a series of workshops, presentations and meetings with Puerto Rico and US media, University of Puerto Rico students and the general public.

Select a thumbnail to view full-size images.

Puerto Rico and Congress: Rhetoric and Facts

US Capitol

By: Sergio M. Marxuach

On November 30, Senator Orrin Hatch, the powerful chairman of the United States Senate Committee on Finance, made some remarks outlining his “concerns regarding several proposals aimed at addressing the growing debt crisis in Puerto Rico.” While we agree with Senator Hatch’s calls for openness on all sides, good faith, and setting aside opportunistic political rhetoric, we do find some of his remarks to be rather disappointing and, in some instances, frankly quite puzzling.

However, before we address the substantive arguments raised by Senator Hatch, it is important to get out of the way two misleading “factoids” that tend to cloud the policy analysis.

READ MORE

Category: CNE Blog, English, Image · Tags:

La AEE y el futuro energético de Puerto Rico

 

Por Sergio M. Marxuach

Sin un servicio de energía eléctrica de alta calidad, confiable y a un costo razonable, va a ser muy difícil, por no decir imposible, promover el desarrollo económico de Puerto Rico de manera sostenible y a largo plazo.  Para lograr ese objetivo es necesario re-estructurar a fondo la Autoridad de Energía de Eléctrica, que opera como un monopolio auto-reglamentado desde 1941 y también controla y reglamenta el mercado eléctrico en Puerto Rico.

Recientemente ha comenzado un debate público sobre cómo re-estructurar dicha agencia.  Desafortunadamente, como sucede muchas veces en Puerto Rico, este debate ya ha generado algo de controversia, mucho análisis desinformado y muy poca reflexión sobre la situación energética del País. Peor aún, en vez de entablar un diálogo abierto y honesto, se ha comenzado a dividir la opinión pública en dos campos que empiezan a atrincherarse en sus respectivas posiciones, sin necesariamente haber examinado críticamente sus premisas, las que muchas veces son erróneas y permanecen inarticuladas. READ MORE

COFINA III

saving

Por Sergio M. Marxuach

Nadie puede negar que la situación económica y fiscal de Puerto Rico es sumamente complicada.  La economía de Puerto Rico lleva siete años en contracción, desde el 2006 el empleo ha caído casi por 15% y la inversión bruta de capital fijo por más de 20%.  En términos fiscales, Puerto Rico simplemente no ha podido recaudar los ingresos suficientes para cumplir con sus gastos operacionales y sus obligaciones financieras por lo menos desde finales de la década de los 80.

La verdad, entonces, es que Puerto Rico lleva muchos años operando en un estado de insolvencia estructural crónica.  Correr las operaciones del gobierno central de Puerto Rico hoy en día cuesta cerca de $10,000 millones y los recaudos de Hacienda a duras penas llegan a $8,500 millones.  El gobierno de Puerto Rico, por tanto, se ha visto obligado a tomar prestado durante todo ese tiempo para cuadrar el presupuesto, algo requerido por la Constitución de Puerto Rico.

El problema es que el acceso de Puerto Rico a los mercados de capital se ha ido cerrando debido a varios factores: READ MORE

Pasando hambre en el siglo 21

determine-eligibility-food-stamps-800x800

 

Por Sergio M. Marxuach

Ayer el New York Times publicó un articulo titulado On the Edge of Poverty, at the Center of a Debate on Food Stamps.  La reseña, de la autoría de Sheryl Gay Stolberg, describe sin ambages la lucha encarnizada de un sector del partido Republicano para reducir los fondos dedicados al programa suplementario de asistencia nutricional del gobierno federal (el “Supplemental Nutrition Assistance Program”), conocido comúnmente como los “cupones de alimentos”.

Por primera vez en décadas, el proyecto de ley para los subsidios a los agricultores (el “Farm Bill”) aprobado hace unos meses omitió la reautorización del programa de asistencia nutricional.  Esa omisión se debe, principalmente, a la oposición del partido Republicano que busca recortar unos $40,000 millones del programa durante los próximos 10 años, esto además de una reducción ya programada para noviembre de este año, cuando expira un aumento temporero que fue autorizado en el 2009 como parte del programa de estímulo económico.

La oposición Republicana prevalece, aún cuando el Departamento de Agricultura federal recientemente ha publicado un informe que concluye que, durante el 2012, cerca de 49 millones de personas en Estados Unidos vivían en hogares que enfrentaban “inseguridad alimentaria”, definida como la “falta de acceso consiste a través del año a comida adecuada”.  Dicho de otra manera, muchas personas pasaron hambre en Estados Unidos en el 2012.

Mas allá de las estadísticas y el análisis tecnocrático, el reportaje de Stolberg presenta la tétrica situación que viven día a día algunos de los beneficiarios de este programa. Por ejemplo, se nos presenta a Tarnisha Adams, quien tuvo que abandonar su trabajo para recibir tratamiento para cáncer. Ella y sus tres hijos reciben $352 mensuales para comprar comida. Eso significa que muchas veces solo tienen para una comida al día y otras veces simplemente no comen. Esto en Estados Unidos en pleno siglo 21.

Por otro lado, se nos presenta al congresista Stephen Fincher de Dyersburg, Tennessee, electo en el 2010 con la ola del “Tea Party” y quien recibió subsidios agrícolas de $3.5 millones pero se opone al programa de asistencia nutricional.  De acuerdo con Fincher “the role of citizens, of Christianity, of Humanity, is to take care of each other, not for Washington to steal from those in the country and give to others in the country”.

Mas aún, durante el debate sobre la reautorización del programa de asistencia nutricional, este modelo ejemplar del cristianismo en practica argumentó —citando la Biblia— que “the one who is unwilling to work shall not eat”.  Aparentemente, según la interpretación de Fincher, el cristianismo no tiene problemas con subsidiar a los agricultores pero sí con ofrecerle ayuda a una mujer que sufre de cáncer para que pueda comer.

¿Cómo se explica esto?  En mi opinión, creo que estamos viendo, por un lado, un ataque frontal al contrato social prevaleciente en Estados Unidos, establecido originalmente con el Nuevo Trato de Franklin D. Roosevelt, y ampliado significativamente por los programas del “Great Society” de Lyndon B. Johnson.

La esencia de ese contrato social consiste en establecer un balance entre las fuerzas del capital y las fuerzas del trabajo, con el gobierno federal en el medio como arbitro. El problema es que, desde 1980 hacia acá, las escalas se han inclinado decididamente a favor del capital: la desigualdad económica se ha disparado a niveles de 1929; el ingreso medio se ha reducido en términos reales; las filas de los desempleados a largo plazo han incrementado peligrosamente, y la porción del ingreso correspondiente al capital ha aumentado significativamente a expensas de la compensación de los trabajadores.  En cierta manera, entonces, la batalla que estamos viendo con respecto a la asistencia nutricional es una contienda más de esa guerra larga que lleva treinta años.

La gran ironía de todo esto es que el partido tradicionalmente “conservador” busca derogar en su totalidad el contrato social prevaleciente en Estados Unidos desde la década de 1930; mientras que el partido tradicionalmente “liberal” busca mantener el orden establecido pero sin ofrecer una alternativa viable para el siglo 21.

Por otro lado, sin embargo, creo que también estamos observando un fenómeno que el profesor John A. Powell ha caracterizado como “una lucha ontológica” sobre quién es y quién tiene derecho a categorizarse como “americano”.  Desde esta perspectiva, todos estos ataques a los programas de seguridad social constituyen un  esfuerzo por “mantener en su lugar” a los grupos tradicionalmente marginados: a los afro-americanos, a los latinos y a los pobres, entre otros.

Cuando el representante Fincher se opone a la continuación del programa de asistencia nutricional, lo que está haciendo realmente es limitando las oportunidades de esos grupos para avanzar socialmente y preservando unas estructuras sociales racializadas que marginalizan a todos los grupos minoritarios, a los “otros”, definidos como todos aquellos que no son blancos, protestantes y de clase media.

El teólogo Reinhold Niebuhr (1892-1971) pensaba que estas batallas eran inevitables ya que “the conflict between those who would plan justice and order and those who trust in freedom to establish both is an irresolvable one.  Every healthy society will live in the tension of that controversy until the end of history; and will prove its health by preventing either side from gaining complete victory”.

La clave para mantener ese balance tenso consiste, según Niebuhr, en “com[ing] to terms with the limits of all human striving, the fragmentariness of all human wisdom, the precariousness of all historic configurations of power, and the mixture of good and evil in all human virtue”. Dicho de otra manera, en aceptar que ninguna facción política tiene un monopolio sobre la verdad y que todo el conocimiento humano es falible.

Las palabras de Niebuhr, escritas en clave profética, me parece son relevantes para entender muchos de los debates públicos llevándose a cabo hoy en Estados Unidos, especialmente este sobre la asistencia nutricional.  Tal vez le vendría bien a Stephen Fincher y a otros congresistas escucharlas.

____________________________________________________________________________________________________________

El autor es director de política pública en el Centro para una Nueva Economía

Chatarra

 2111

Por Sergio Marxuach

La Autoridad de Energía Eléctrica (“AEE” ) acaba de vender $673 millones de bonos a largo plazo en el mercado de bonos municipales de Estados Unidos.  Según informes preliminares publicados por el servicio Reuters, la AEE pagará tasas de interés exento de entre 6.73% y 7.12% sobre los bonos con vencimientos entre 2030 y 2043.

Para un inversionista en Estados Unidos que enfrenta una tasa marginal impositiva máxima de 39.6% estas tasas son equivalentes a unos rendimientos tributables de entre 11.14% y 11.78%, esto coloca los bonos de la AEE en territorio de lo que se conoce en el argot del mercado como “high-yield bonds” o comúnmente “junk bonds” o “bonos chatarra”.

Las razones por las cuales Puerto Rico va a tener que pagar estas tasas excepcionalmente altas de interés no deben sorprender a nadie. READ MORE

Category: CNE Blog, Columns, Español - Spanish, Image, Photo · Tags:

San Juan 2023 o la decadencia de un País

Por Sergio Marxuach

Tomada de donlinscott.com

Tomada de donlinscott.com

Recientemente el gobernador anunció que Puerto Rico estaría buscando la sede de los juegos Panamericanos en el 2023. Si dejamos a un lado las perogrulladas tipo Cámara de Comercio (“no es un gasto, es una inversión”) y las bobadas de los publicistas (“Puerto Rico se atreve a soñar otra vez”) y analizamos la propuesta objetivamente resulta inevitable concluir que esto no es una buena idea.

De entrada, lo primero que tenemos que considerar es que la sede de los juegos se le otorga a una ciudad no al país. Así pues, tenemos las Olimpiadas de Londres 2012 y los Panamericanos de Toronto 2015. En el caso de Puerto Rico, la sede la estaría solicitando San Juan, un lugar donde apenas hace unos meses se estaban posponiendo operaciones en el Hospital Municipal por falta de gasas. Mas aún, de acuerdo con la información que se presentó durante las vistas de transición, el municipio confronta un déficit operacional de $130 millones, su margen prestatario es limitado y no cuenta con fondos suficientes para pagar la nómina del mes de febrero. El municipio, por tanto, al día de hoy no cuenta con los recursos para llevar a cabo los juegos ni se prevé que los tenga en el futuro cercano.

Se nos informa que el costo de llevar a cabo los juegos será de “solo” $200 millones ya que Puerto Rico cuenta con facilidades deportivas de “clase mundial”. Esta aseveración resulta difícil de creer. Toronto, la sede de los juegos del 2015, es una ciudad con una infraestructura verdaderamente de clase mundial, y se le considera uno de los mejores lugares para vivir en el mundo. Sin embargo, el costo de los juegos del 2015 se estima en exceso de $1,100 millones, casi 6 veces el estimado que se nos ha presentado para San Juan. Debemos recordar que el costo de los juegos centroamericanos de Mayagüez estuvo muy por encima del estimado inicial y la calidad del evento fue mediocre.

Por otro lado, ya he escuchado a algunos comentaristas argumentar que “los juegos se pagan por sí solos” debido a la actividad económica que generarán. No me extrañaría que se publique próximamente algún “estudio independiente” concluyendo que el efecto multiplicador del gasto en infraestructura y el gasto generado por los visitantes generará miles de empleos y millones de dólares en actividad económica y que, al final del camino, esa actividad generada e inducida por los juegos será más que suficiente para sufragar los gastos de llevarlos a cabo.

El problema es que los seres humanos no somos buenos haciendo decisiones inter-temporales, donde los costos y beneficios se realizan en diferentes planos temporales. En general, tendemos casi siempre a subestimar el costo de llevar a cabo estos eventos, debido a que los costos se incurrirán en el corto plazo y sobrestimamos nuestra capacidad de controlarlos, y tendemos a sobrestimar la actividad económica que ocurrirá en el futuro. El resultado es que países como Grecia terminan incurriendo millones en deuda a largo plazo por ser la sede de una fiesta que dura dos semanas. Por tanto, hay que ser cuidadosos aún con los estimados bonafide (y no por encargo) de los costos y beneficios asociados con los juegos.

Una variación más sofisticada del argumento anterior es que “para el 2023 la economía de Puerto Rico ya se habrá recuperado”. Eso puede que sea cierto, aunque en verdad nadie sabe cuál será el estado de nuestra economía en 10 años. Sin embargo, aún si fuera cierto, el argumento es irrelevante. El issue no es cuál será el estado de la economía al momento de encender el pebetero en el 2023, el punto importante es si Puerto Rico tendrá o no la capacidad para llevar a cabo la inversión (recuerden “no es gasto”) necesaria durante los diez años con anterioridad a los juegos.

Actualmente, la deuda pública de Puerto Rico suma aproximadamente $69,000 millones, un poco más que el Producto Nacional Bruto del País. El servicio de la deuda del gobierno central y las corporaciones públicas para el año fiscal en curso excede los $4,000 millones y representa aproximadamente 15% del presupuesto consolidado. Esto quiere decir que uno de cada siete dólares que gastará el gobierno de Puerto Rico durante el año fiscal 2013 se irá en pagar interés y principal en la deuda ya acumulada. Si asumimos que el costo de llevar a cabo los juegos en Puerto Rico será igual al costo de los juegos de Toronto (una premisa optimista en mi opinión) estamos hablando de $1,100 millones de deuda nueva más intereses. Y estamos asumiendo que no habrá demoras de construcción, cambios de orden ni otros traqueteos con los proyectos de infraestructura.

Más aún, tenemos que tomar en consideración el déficit actuarial de los tres sistemas de retiro que dependen del fondo general (gobierno, maestros, y judicatura). Este déficit, que representa la diferencia entre los activos y el valor presente de la obligaciones de estos sistemas, suma unos $33,116 millones. Visto de otra manera, Puerto Rico cuenta con solo $11 de cada $100 que debe en pensiones. Si quisiéramos subir esa proporción de 11% a, digamos, un 80% en el 2033, Puerto Rico tendría que comenzar hoy a transferirle cientos de millones de dólares anualmente a estos sistemas y continuar haciéndolo durante los próximos veinte años, aún asumiendo un rendimiento anual de 6.4%. Eso significa que cada dólar que le dediquemos a los sistemas de retiro es un dólar menos para la seguridad, la salud, la educación y para los deportes.

Las corporaciones públicas que normalmente llevarían a cabo esta “inversión” se encuentran esencialmente insolventes (Puertos, Carreteras, la Autoridad de Acueductos) o en una situación financiera muy apretada (la AFI, la AEE, la Autoridad de Edificios Públicos). Mas aún, el Estado de Resultados consolidado de todas las corporaciones públicas de Puerto Rico refleja que éstas reportaron pérdidas agregadas de $1,343 millones durante el año fiscal 2011. Llaman la atención las pérdidas registradas por la Autoridad de Carreteras ($409 millones); la Autoridad de Energía Eléctrica ($272 millones); y la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados ($112 millones). Recordemos también que tanto Carreteras como Puertos se han visto obligadas a monetizar activos para poder cumplir con todas sus obligaciones.

Finalmente, es cuestión de prioridades. En un país donde 45% de la población vive bajo el nivel de pobreza, donde la calidad de los servicios de salud deja mucho que desear, donde miles de personas no tienen hogar propio, donde a los niños de educación especial se les trata como ciudadanos de tercera categoría, y donde miles de niños e infantes han sido abandonados por el departamento gubernamental que se supone los proteja, es simplemente inmoral utilizar los limitados recursos públicos para llevar a cabo un field day glorificado. Los que abogan a favor de llevar a cabo estos juegos en Puerto Rico tienen el peso de la prueba y de demostrar contundentemente que este dinero no se debe utilizar para brindar mejores servicios a los niños, a los enfermos, a los pobres, a los envejecientes y los pensionados de Puerto Rico.

Todo este esfuerzo relacionado con los juegos me recuerda la novela Los Buddenbrook (1901), de Thomas Mann, la cual narra la decadencia de una próspera familia de comerciantes de Lubeck, Alemania entre los años 1835 y 1877, abarcando cuatro generaciones de la familia. A través de toda la narración, la mansión de la familia en la Mengstrasse se presenta como símbolo de la fortaleza de la familia y sus negocios, cuando en realidad no era más que un velo, una fachada que cubre la decadencia y la quiebra moral, social, cultural y financiera de la familia.

En el caso de San Juan 2023, los juegos Panamericanos hacen el rol de la mansión de los Buddenbrook, sirven de fachada para cubrir la decadencia y descomposición social en que vivimos. Nuestros gobernantes parecen no entender que la economía de Puerto Rico es un espejismo generado por niveles de consumo y endeudamiento que han sido sostenidos por una ilusión monetaria ya que tenemos acceso a una moneda, el dólar, que es mucho más fuerte de lo que se podría justificar con los fundamentos de nuestra economía.

Ese endeudamiento nos ha permitido crear una prosperidad falsa y construir una fachada moderna para el Puerto Rico de hoy. Pero es solo eso, una fachada, detrás de la cual está ocurriendo un proceso acelerado de decadencia, de la prosperidad a la bancarrota, de la salud sicológica y moral de un pueblo a la descomposición social y cultural, y de la esperanza en el futuro a una obsesión enfermiza con el materialismo. Todos los juegos del mundo no cambiarán esa realidad.

Sergio Marxuach es director de Política Pública en el Centro para la Nueva Economía.
Publicado el 31 de enero de 2013.

CNE Newsletter

Never miss an update!
Subscribe to the CNE Newsletter below: