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Por: Miguel A. Soto Class

Creo que todos tenemos o por lo menos hemos tenido en nuestro entorno a un amigo o un familiar que a menudo nos pide dinero prestado para una u otra emergencia. El cuento siempre es igual; por una situación que no es culpa suya, necesita un préstamo para pagar la hipoteca, o la matricula de los nenes o alguna necesidad de gran importancia. Con gran sacrificio le prestamos el dinero. ¿Cómo no hacerlo ante esa necesidad? Y días después lo vemos en un carro nuevo, o nos enteramos que anda de vacaciones por Disney o notamos en su muñeca tremendo Rolex. Y por un tiempo ni nos buscan ni lo vemos. Pero al cabo de unos meses, vuelve con una historia similar. READ MORE

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