Una mirada a los fondos de asistencia de desastre para Puerto Rico.

 

Recientemente, se ha debatido de manera acalorada si el gobierno federal ha tratado a Puerto Rico de manera justa en la asignación de fondos para asistencia de desastre después del paso de los Huracanes Irma y María. La contestación a esta pregunta es una compleja porque depende en gran medida de entender (1) como funciona el proceso de asignaciones federal y (2) como funcionan los diferentes programas de asistencia.

Proceso de asignaciones federal

El congreso toma decisiones acerca de fondos específicos mediante un proceso de asignaciones complicado. Los conceptos más importantes para entender el proceso son los siguientes:

  • Primero, los comités congresionales de jurisdicción redactan y negocian proyectos de ley de asignación general (“appropriations”), los cuales otorgan autoridad legal para asignar y gastar dinero del Tesoro de EE.UU.
  • Segundo, los fondos se asignan de manera específica (“allocations”), esto quiere decir que se transfieren de una cuenta de asignación general para financiar un programa especifico.
  • Tercero, los fondos se obligan, esto ocurre cuando se define un compromiso el cual genera una responsabilidad legal de parte del gobierno para pagar bienes o servicios.
  • Finalmente, un desembolso ocurre cuando una agencia federal paga una cantidad específica. Dicho de manera sencilla, ocurre cuando el Tesoro de EE.UU. expide un cheque para pagar los costos de un programa.

De manera gráfica, el proceso fluye de la siguiente manera:

Parte de la confusión de la que hemos sido testigos recientemente se debe a que diferentes personas o entidades utilizan incorrectamente o de manera intercambiable estos conceptos o utilizan el más que les conviene para impulsar su ideología o agenda política.

Programas federales de asistencia de desastre

Un segundo factor que contribuye a la confusión actual es que hay múltiples agencias federales que reciben fondos para operaciones relacionadas a la asistencia de desastres. Según un informe reciente de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de EE.UU. (GAO, por sus siglas en inglés), “desde los huracanes de 2017 y los incendios forestales en California, el Congreso y el Presidente le han provisto al Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) y a otras 18 agencias federales al menos $120 mil millones en asignaciones generales suplementarias para actividades relacionadas a estos desastres”(GAO-18-472).

De acuerdo a los datos de la página web de la Función de Apoyo a la Recuperación de FEMA – Grupo de Liderazgo, al 31 de marzo, 2019:

  • Se le asignaron a Puerto Rico $42.30 mil millones de fondos específicos de asistencia de desastre mediante 17 agencias diferentes.
  • De esa cantidad total de asignaciones específicas, unos $20.37 mil millones han sido obligados.
  • Del total obligado, la suma de $12.62 mil millones ha sido desembolsada.

 

Algunas advertencias:

  • Los datos de asignaciones generales no están completos porque algunos de los proyectos de ley de asignaciones generales no han sido desglosados por estado.
  • Los datos de Puerto Rico no incluyen fondos de asistencia nutricional de emergencia, los cuales rondan los $1.27 mil millones, ni los $4.8 mil millones otorgados para evitar el “precipicio fiscal” de Medicaid.
  • Una parte de los fondos de asistencia de desastre han sido utilizados para cubrir los gastos administrativos incurridos por las agencias federales, sobre todo FEMA, en las actividades relacionadas a alivio de desastres.

Estas cifras se actualizan trimestralmente y están disponibles en https://recovery.fema.gov/state-profiles.

Por: Sergio M. Marxuach, director de política pública, Centro para una Nueva Economía y Rosanna Torres, directora oficina, Centro para una Nueva Economía en Washington, D.C.

Para copia de esta información presione aquí: CNE-DisasterFunding Spanish

Desembarco

Las costas de Puerto Rico han sido por siglos, testigo silente del desembarco de multitudes en busca de tesoro y riqueza.  No por nada se nos denominó Puerto Rico.

Puede parecer incongruente que un País tan pobre sea fuente de riqueza para tantos extranjeros, pero esa ha sido nuestra realidad.

Nuestro drama de extracción es centenario, comprendiendo desde piratas y corsarios, hasta corporaciones multinacionales y evasores contributivos profesionales que encuentran en nuestras playas un paraíso fiscal y contributivo y una alfombra roja gubernamental dándoles la bienvenida.

El más reciente desembarco comenzó con el impago de la deuda y la retahíla de consultores y bufetes extranjeros atraídos al banquete de PROMESA y su botín de contratos.  Luego se arrimó una serie de personajes a dirigir nuestras agencias locales.  Pero la más reciente y dramática manifestación de este fenómeno llegó junto con los vientos y las lluvias del huracán María.  Un tsunami de empresas privadas, faránduleros, políticos reciclados y desacreditados y entidades “sin fines de lucro” que han evolucionado para prosperar en ambientes de desastre y precariedad y cuyo principal negocio es enriquecerse con las recuperaciones ajenas.

Soy el primero en afirmar y destacar por experiencia propia que existen honorables excepciones a este fenómeno.  Múltiples entidades tanto privadas como no gubernamentales han llegado del extranjero para servir noblemente a los más necesitados. Pero son la excepción y por sus frutos los conocerás.  No es difícil distinguir entre los que llegan con buenas intenciones y los que simplemente son unos buscones.

Más aún, una serie de investigaciones que estamos llevando a cabo en el Centro para una Nueva Economía han demostrado que alrededor del noventa porciento de los contratos que se han otorgado posdesastre se han adjudicado a empresas extranjeras.  Y lo que estas empresas gastan en hoteles, comida y en subcontrataciones locales es ínfimo al compararlo con la ganancia de capital que se llevan.  De continuar esta perversa tendencia, a Puerto Rico se le hará virtualmente imposible apalancar los fondos de reconstrucción para superar nuestra profundo estancamiento económico.

Los ejemplos sobran de lugares como Haití y Nueva Orleans, donde luego de desastres naturales aterrizaron vorágines de expertos internacionales, contratistas extranjeros y agencias de ayuda humanitaria que devoraron como pirañas los miles de millones en ayuda y, tan pronto extinguieron los fondos, despegaron tan súbitamente como llegaron en busca del próximo desastre, dejando atrás proyectos incompletos, experimentos fallidos y poblaciones aún desprovistas. Les adelanto que exactamente lo mismo ocurrirá aquí.  Nos urge como País lograr establecer unos parámetros para balancear de manera exitosa nuestra necesidad y apertura al apoyo, versus la extracción abusiva de nuestros haberes y el secuestro de proyectos locales por parte de grupos extranjeros.

Es harto conocido que Puerto Rico ha recibido de la filantropía americana cantidades por mucho inferior a las que reciben otras jurisdicciones en Estados Unidos.  Ha sido una discriminación poco conocida por el público en general pero altamente perniciosa para el desarrollo de una infraestructura cívica en nuestro País. Por lo tanto, me ha parecido el colmo de la ironía que ahora que por fin hay interés en destacar dinero filantrópico en Puerto Rico se interpongan muchas de las más grandes entidades benéficas de Estados Unidos a recaudar fondos a nombre de Puerto Rico, pero para sus propios programas.

Ante este cuadro, ¿cuál debe ser nuestra reacción?

Primero, debemos estar claros de la situación en la que estamos.  Si bien es cierto que el trauma de María fue horrible y que aún las heridas están abiertas para muchos, los fondos de recuperación -si es que por fin llegan- pudieran representar una oportunidad única para nuestro desarrollo. Es imperativo que destaquemos esos recursos según los principios rectores desarrollados por Reimagina Puerto Rico: maximizar el bienestar social en todas las inversiones; establecer la equidad y la inclusión como prioridad; asegurar la transparencia en todos los niveles de formulación de políticas; y enfatizar y fomentar la coordinación y la colaboración.

Segundo, tenemos que estar atentos a quién llega y a qué promesas nos hacen.  No podemos ser ingenuos y caer víctima de oportunistas.  De igual manera, debemos ser inteligentes y sensibles y aceptar la colaboración sincera de quienes tienen los mejores intereses de Puerto Rico como único norte.

Finalmente, es vital que la reconstrucción sea liderada localmente.  Esto incluye al gobierno local de Puerto Rico más allá de líneas partidistas. Esto crea capacidad local y asegura que las decisiones se tomen de acuerdo a lo que necesitamos y no de acuerdo a lo que les genere riquezas a otros. Nadie conoce nuestras necesidades y nuestras aspiraciones más que nosotros mismos.  No podemos entregarles a grupos recién llegados la responsabilidad que nos toca a nosotros de liderar este esfuerzo.  La única avenida hacia una recuperación y una reconstrucción exitosa será a través de actores locales que dirijan y guíen todos los esfuerzos.

Por: Miguel A. Soto Class

Presidente

Centro para Una Nueva Economía

Esta columna  fue publicada originalmente en El Nuevo Día el 26 de enero de 2019.

CNE: Baja en fondos federales y deuda, no la nómina, se comen el presupuesto

noticel

Por: Laura M. Quintero
Publicado: 19/06/2014 04:10 am

Las medidas de austeridad y los recortes de gastos que ha implementado el Gobierno de Puerto Rico con el propósito de presentar el primer presupuesto balanceado en décadas, se han quedado cortas en el objetivo de revertir el estancamiento económico y presentar un presupuesto sin déficit para el siguiente año fiscal. El resultado es que el país está cada vez más cerca de un evento de impago con el agravante de que los servicios fundamentales se pudieran ver afectados.

Del análisis que hizo Sergio Marxuach, del Centro para una Nueva Economía (CNE), se desprende que los recaudos del Gobierno aún están $578 millones por debajo de los gastos, lo cual significa que para balancear el presupuesto han tenido que recurrir a la emisión de bonos de $3,500 millones que se hizo en marzo de 2014. “Es un juego de palabras. No se va a tomar prestado el año que viene, pero es porque tomaron prestado en marzo”, expresó el economista, en referencia a una partida de $422 millones que se reservó de esa emisión para el pago de intereses de 2014 a 2016.

Mientras los intereses de la deuda han aumentado a $269.8 millones, el propio Gobierno ha admitido que hay un alto nivel de dificultad en la ejecución de 23% de los recortes que habían proyectado como parte de la Ley de Sostenibilidad Fiscal para el año fiscal 2014-2015. Ambos factores provocan que los gastos sean mayores que los recaudos, analizó Marxuach. Continue reading “CNE: Baja en fondos federales y deuda, no la nómina, se comen el presupuesto”

El tranque fiscal de Estados Unidos

Por: Sergio M. Marxuach

Durante los últimos dos años el Congreso de los Estados Unidos y la administración del Presidente Obama han pospuesto una serie de decisiones difíciles sobre la política fiscal de ese país. Desafortunadamente, el resultado de este ejercicio de procrastinación colectiva es que en enero de 2013 se vencen varias medidas temporales de estimulo fiscal y entrarían en vigor una serie de recortes presupuestarios automáticos.

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