Acuerdos de Confidencialidad

Por: Sergio M. Marxuach

Hace unos días nos enteramos, a través de un documento subrepticiamente colgado en la Internet, que después de negociaciones hasta las altas horas de la noche, y sabrá Dios de cuantos manejos arteros en cuartos oscuros, la AEE llegó a unos acuerdos con un grupo de bonistas, dos bancos comerciales, y con el Banco Gubernamental de Fomento para posponer ciertos pagos y enmendar los documentos que evidencian las obligaciones de la AEE con estos prestamistas, entre otras cosas. Se nos informa también que la AEE ejecutó varios acuerdos de confidencialidad y que los documentos evidenciando las enmiendas no se harán públicos.

¿Por qué el gobierno de Puerto Rico insiste en ocultarle información al pueblo?

Creo que parte de la repuesta la ofrece Friedrich Hayek en The Road to Serfdom cuando escribe que en los gobiernos con tendencias autoritarias “Toda información que pudiera causar duda sobre la sabiduría del gobierno, o que pueda crear descontento, le será negada al pueblo. La base de comparaciones poco favorables con condiciones en otros lugares, el conocimiento de posibles alternativas al curso tomado, cualquier información que pudiera sugerir el fracaso de parte del gobierno en cumplir sus promesas o de tomar ventaja de oportunidades para mejorar condiciones, todo esto será suprimido.” READ MORE

Bosque

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Ocho años de una devoradora recesión económica, emigración severa y la pérdida de nuestra orgullosa designación de crédito de inversión: elementos suficientes para invitarnos a repensar nuestra fórmula de desarrollo y crecimiento. Si de algo ha servido esta coyuntura -que nadie disfruta y nadie ha querido- ha sido para abrirnos los ojos al hecho de que no podemos seguir aferrados a la ilusión de las varitas mágicas. No hay fórmulas salvadoras y, aunque sea duro, es momento de replantearnos las cosas, particularmente la forma en que articulamos las estrategias de desarrollo económico.

Por casi dos siglos Puerto Rico ha apostado a los esquemas simples y prodigiosos que arriesgan el todo por el todo, confiando en la magia salvadora de una única bala de plata. A finales del siglo XIX, fue el café; durante la primera mitad del siglo XX, el azúcar; luego, la industrialización, la Sección 936 y las exenciones contributivas. En el proceso, hemos tenido no pocas coyunturas de delirio: las petroquímicas, el superpuerto, las minas y más recientemente el espejismo de petróleo en la costa sur. En mayor o menor grado, estas instancias reflejan una tendencia ilusoria a poner todos los huevos en una misma canasta y a querer creer que una vez allí, estos se multiplicarán por cierta lógica ineludible del destino.

El chubasco que hemos agarrado tiene que hacernos sabios. Tenemos que aprender a pensar de forma estratégica, a discernir oportunidades, aquilatar aperturas y a construir una cartera de iniciativas económicas diversificada, más anclada en nuestra realidad y menos vulnerable a los vaivenes y sorpresas de fuerzas exógenas. READ MORE

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