Golpea a la economía la fuga de talentos

El_Nuevo_Dia
29 sep. 2013
El Nuevo Día
POR MARIAN DÍAZ
mdiaz1@elnuevodia.com

Puerto Rico podría dejar de recibir $2,000 millones en esta década

El fenómeno de la migración ha sido una constante en la evolución socio económica de Puerto Rico. En varias instancias desde principios del siglo pasado ese movimiento ha sido provocado por el propio gobierno, y en particular entre los años 1947 al 1964, cuando comenzó a implantarse el modelo económico Manos a la Obra, que llevó a más de 600,000 boricuas a partir de la Isla rumbo a los Estados Unidos. Precisamente, en ese periodo la Isla registró el mayor crecimiento económico de su historia.
Sin embargo, el éxodo de puertorriqueños en los últimos años, lejos de ayudar a resolver la difícil situación económica actual, podría complicarla, según algunos economistas y expertos en el tema migratorio. Esto debido a que la mayoría de los que se están yendo son profesionales y personas productivas.

De hecho, estimados de la Junta de Planificación (JP) apuntan a que la economía local podría dejar de recibir en la presente década casi $2,000 millones en ingresos, producto de los 300,000 puertorriqueños que han migrado o que lo harán hasta el año 2020. Esto, siempre y cuando, no ocurran cambios drásticos en la economía.
“Estamos en una trampa de verdad. Es una ‘turbo fuga’, una migración acelerada. Ya empezaron a irse los que estaban empleados en la manufactura, los profesionales y los graduados de universidad”, dijo el economista Elías Gutiérrez.
Señaló que con la salida de estos profesionales, la Isla pierde los ingresos que antes generaban estas personas y el potencial de riqueza que podrían generar. Y es que distinto a épocas pasadas, cuando emigraban mayormente personas de baja escolaridad y los empleados agrícolas, ahora se están yendo los que tienen grado universitario y los profesionales.
Las estadísticas demuestran que para el año 2011, el número de médicos y maestros emigrantes se cuadruplicó con respecto al 2010 y más de 12,000 personas con ocupaciones en ventas y administración también se fueron del País, según el estudio Perfil del Migrante 2011 de la autoría de Idania Rodríguez Ayuso, Kimberley Geerman Santana y Mario Marazzi del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico.
¿POR QUÉ SE MUEVEN?
La gente decide emigrar mayormente por razones económicas, según los estudios socioeconómicos sobre el tema. A medida que los ingresos en Estados Unidos aumentan y crece la brecha con relación a los de Puerto Rico, se dispara la emigración y se reduce la inmigración. Asimismo, si la probabilidad de no encontrar empleo en Puerto Rico o de estar desempleado aumenta, el número de personas que decide emigrar también subirá.
Julio César Hernández, en su tesis doctoral Determinantes económicos de la migración entre Puerto Rico y Estados Unidos, indicó que los primeros eventos de migración puertorriqueña se dieron mediante la contratación de empleados por parte de firmas estadounidenses dedicadas a la agricultura. Así llegaron boricuas a Hawaii en 1901, -que para ese entonces era una colonia de Estados Unidos-, y a los campos de algodón de Arizona en 1927.
A finales de la década de 1940, se volvió a incentivar la emigración boricua hacia los Estados Unidos. Esto mediante la implementación de tres estrategias principales: se multiplicó el tráfico aéreo al tiempo que se bajaba el precio de los pasajes; se diseminó información sobre las oportunidades de empleo fuera del País; y se fijaron requisitos mínimos para contratar a los emigrantes puertorriqueños.
Hernández, quien es hoy el director del Programa de Planificación Económica y Social de la JP, explica en su tesis, que Puerto Rico había emprendido a finales de la década de 1940 una campaña para industrializar el País, lo cual disparó el Producto Bruto en un 76% en apenas unos 16 años.
Sin embargo, aunque suene contradictorio, ese crecimiento económico trajo consigo un alza en la tasa de desempleo y un aumento en los niveles de emigración.
“Como ha sido la experiencia de otros países en vías de desarrollo, la industrialización y su concebido crecimiento económico se ha visto estrechamente ligado a una emigración masiva (interna y externa). Esto se debe a que el nacimiento de una estructura industrial, por lo general no tiene la capacidad de absorber la mano de obra que estaba dedicada a la producción agrícola, creándose una reducción en la demanda laboral”, aseveró Hernández, quien dijo que esa población que queda ociosa o en desventaja económica, decide emigrar.
CONDICIONES PARA EL REGRESO
Una vez cambian las condiciones económicas en Estados Unidos o en Puerto Rico, los migrantes regresan a su terruño. Así ocurrió entre los años 1968 y 1977, cuando la crisis petrolera y la quiebra de la ciudad de Nueva York a mediados de los años 1970.
A eso se le sumó la fuga de las manufactureras neoyorquinas hacia países del Tercer Mundo, un aumento en los salarios y en la calidad de vida de Puerto Rico, así como un incremento dramático en las transferencias federales a la Isla. Además, muchos de los primeros migrantes ya estaban en edad de retiro y decidieron volver a la Isla.
Según Hernández, aproximadamente cada veinte años ocurre un proceso de migración de retorno que dura en promedio diez años. Estos ciclos de emigración y migración de retorno responden principalmente al retiro laboral. “Como lo ha demostrado la experiencia, ante condiciones económicas adversas los puertorriqueños optan por reubicarse”, expresó Hernández en su tesis doctoral.
En estos momentos existen dos tipos de fuerzas que condicionan la emigración puertorriqueña hacia los Estados Unidos, a juicio de Luis García Pelatti, presidente de la Junta de Planificación. Por un lado, están las fuerzas de expulsión, las cuales empujan a los puertorriqueños a dejar la Isla y entre ellas figuran la reducción en la asignación de fondos federales y la reducción del margen prestatario del sector público. Esta última se refiere a que el valor de la deuda pública es mayor que el valor de todo lo que se produce en Puerto Rico en un año.
Todos estos eventos, también, pudieran generar un incremento en la actividad delictiva en el País.
Muchos estudios han encontrado que la calidad de vida es un factor importante al momento de tomar la decisión de emigrar. De otro lado, están las fuerzas de absorción, que son las que atraen a los puertorriqueños al continente.
Pelatti destaca dos en particular, y una de ellas es el retiro de los “baby boomers” en Estados Unidos, quienes están dejando puestos profesionales vacantes que no necesariamente serán llenados por estadounidenses. Esa realidad ha sido analizada por varios economistas estadounidenses, entre ellos Richard Freeman, que señala que Estados Unidos tiene que reorientar sus políticas educativas y laborales para aliviar la escasez prospectiva de personal profesional.
Sin embargo, para los puertorriqueños esa situación representa una fuerza de atracción para emigrar a Estados Unidos, ya que tienen más oportunidades para ocupar esos puestos.
La otra fuerza de atracción, según el presidente de la Junta de Planificación, es el acelerado crecimiento de la población hispanoparlante -proveniente principalmente de México y Centroamérica- que ha incrementado la demanda de profesionales bilingües. Ese es el caso de médicos, maestros, trabajadores sociales y enfermeras que son reclutados para servir a esta población de habla hispana, y donde los boricuas tienen también opciones de conseguir empleos, indicó Pelatti.
CAMBIÓ EL PANORAMA ECONÓMICO
Para el economista Gutiérrez, quien además es director de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico, el flujo migratorio dejó de ser una válvula de escape en la Isla, como lo fue hasta la década de 1960 cuando el exceso de trabajadores que había aquí se iba a emplear a la nación americana.
Recordó que para aquellos años la Isla recibió cuantiosas sumas en transferencias de dinero, producto de las remesas que llegaban. Y luego, al esos trabajadores jubilarse, regresaron al País con sus pensiones y sus ahorros. “El efecto de la migración en la economía era positivo”, manifestó Gutiérrez, al tiempo que lamentó que la realidad económica actual sea muy distinta.
Afirmó que desde que se eliminaron los beneficios contributivos de la sección 936, a mediados de la década de 1990, la economía puertorriqueña se ha visto imposibilitada de absorber a la fuerza laboral.
“Hoy lo que tenemos es una sangría de riqueza y los que se van, no envían remesas hacia acá. Por el contrario, a veces sus padres y abuelos les envían dinero hacia allá”, sostuvo el director de la Escuela Graduada de Planificación.
Añadió que el futuro de la Isla no luce nada halagador, pues entre otras cosas, el gobierno carece de un plan para reactivar la producción, lo que hará que los que estén aquí se vayan a la menor provocación, y los que se queden tengan que pagar la monumental deuda gubernamental, que ronda $70,000 millones. Eso sin contar que la población continúa envejeciendo y que las ayudas federales amenazan con reducirse, opinó Gutiérrez.
Sin embargo, Deepak Lamba-Nieves, director de Investigación del Centro para la Nueva Economía (CNE), no tiene una visión tan fatalista sobre el fenómeno de la migración actual.
NI BUENA NI MALA
“La migración es un cuadro dinámico. No es buena ni mala. La circulación en Puerto Rico es algo común, un fenómeno de puerta giratoria. La pérdida de ciertos especialistas en áreas de salud, por ejemplo, sí es preocupante, pero la migración en términos generales, no es algo negativo”, manifestó el investigador del CNE, al tiempo que señaló que Puerto Rico recibe también migrantes, lo que tiene un impacto positivo en la economía.
Según Lamba-Nieves, si el boricua que emigra tenía un poder adquisitivo alto, entonces deja de pagar contribuciones y eso genera un impacto negativo en la economía. Pero si el que se va es el dueño de una empresa que operaba con pérdidas, el impacto es casi nulo.
Asimismo, hay dueños de empresas creativas que deciden irse en viajes migratorios, y luego regresan con más fuerza a su país, pues utilizan el poder de la experiencia, contactos y redes que desarrollaron en el exterior. China e India, según Lamba-Nieves, son ejemplos clásicos de esta tendencia.
Eso sí, en esta dinámica migratoria hay algo que le preocupa, y es cómo el gobierno hará para mantener una conexión con los que se van. “Puerto Rico no tiene una política concertada de la migración vinculada al desarrollo económico. Eso para mí es una laguna inmensa, siendo Puerto Rico un país migrante”.
Para el investigador del CNE, todavía hay estigma hacia el migrante. “Se piensa como un traidor, como alguien que no aguantó el empuje o que no es capaz de poner el nombre de Puerto Rico en alto”. Agregó que es errado pensar que el migrante que sale de Puerto Rico se va a asimilar a la nueva cultura o que se desconectará de su tierra. Dijo que muchos puertorriqueños que se van, tienen todavía algún capital aquí, compraron propiedades y no han salido de ellas, y piensan regresar.
Como han expresado los entrevistados, la experiencia migratoria en Puerto Rico ha sido el resultado de varias transformaciones, mayormente en la estructura económica del País, entre ellas el desplazamiento de la industria agrícola, el excedente de trabajadores y el alza en las tasas de desempleo. Además, ha abonado a ese flujo la oportunidad que tienen los boricuas de viajar en líneas aéreas con relativa facilidad y la relación política de Puerto Rico con los Estados Unidos.
Ahora está por verse, a juicio de los entrevistados, si Puerto Rico es capaz de implantar una estrategia económica coherente que estimule el regreso de los migrantes a suelo boricua y frene el flujo de salida de personas en edad productiva, de manera que puedan producir y generar riqueza en su propia patria.