Una ruta inusual hacia el crecimiento

Una ruta inusual hacia el crecimiento

Articular y ejecutar una estrategia de desarrollo económico es un ejercicio bastante incierto y complejo, pero no imposible. Esta no es una idea novel ni demasiado sagaz, pero merece repetirse. Especialmente luego de un ciclo electoral inusual donde sobraron los foros y debates al estilo “todos contra todos”, y también las propuestas de campaña para encaminar la económico de la isla. Como el papel y el discurso electoral lo aguantan todo, la gama de recetas provistas por un número récord de candidatos a la gobernación fue tan variada como ambigua y desatinada. El menú incluyó platos nuevos y algunos favoritos recalentados: desde revivir el régimen de sustitución de importaciones, hasta traer de vuelta las exenciones tributarias tipo sección 936, y crear alianzas público-privadas “participativas”.

Ante la falta de rigor, las propuestas se presentaron casi como se vende un carro usado: “Este modelo fue uno de los mejores;” “se ve medio mataíto, pero el motor está como nuevo;” y “llévatelo ahora, que mañana no te puedo asegurar que lo tenga disponible”. Se dijo mucho pero se debatió muy poco y en concreto sobre cómo se pondrían en marcha las promesas de campaña. Sospecho que la omisión responde a no querer revelar o reflexionar mucho sobre el hecho de que cada proposición económica tiene un impacto político que va más allá de las veleidades partidistas. Es decir, que plantear un ejercicio serio para encaminar el desarrollo económico no es lo mismo que hacer una lista de regalos a los Reyes Magos, y requiere que se dilucide cómo cada movida económica impacta (y se ve afectada por) las relaciones de poder que existen entre diversos actores sociales.

Los vínculos e interacciones entre la economía y lo político se han debatido a la saciedad en contextos académicos, y es cuantioso el inventario de obras cumbres de las ciencias sociales que se enfocan en estos asuntos. Pero las difíciles y problemáticas tareas de armar, encaminar, evaluar críticamente y recalibrar procesos de desarrollo, se debaten mucho menos. En gran parte, porque son gestiones imprecisas y experimentales que generan lecciones usualmente carentes de la elegancia y sencillez que suelen requerir los discursos de estado, las historias oficiales y las contribuciones doctas tradicionales.

No obstante, estos espinosos temas tienen seguidores y maestros, y en esta última categoría existen pocos como Albert O. Hirschman. Autor de numerosos escritos sobre economía política y teorías del desarrollo económico, Hirschman se entrenó como economista pero su producción intelectual lo mantuvo en los márgenes de su disciplina. Su vida fue igualmente inusual, pues tomó armas contra el fascismo con las Brigadas Internacionales en España, colaboró con la resistencia francesa, dictó cursos en la mejores universidades de Estados Unidos y fungió como asesor económico y consultor en América Latina.

Sus múltiples vivencias en el sur le proveyeron material empírico para formular posiciones teóricas respecto a los procesos de desarrollo, y también para revisarlas con el paso del tiempo. Lejos de creer que el trabajo de los estudiosos del mundo social se debería enfocar en identificar grandes y perdurables teorías, su enfoque enfatiza que “la búsqueda de soluciones uniformes a los problemas del desarrollo invariablemente nos lleva por mal camino”. Su advertencia estaba especialmente dirigida a las pandillas de especialistas foráneos que aterrizan sobre diversos países y regiones ofreciendo asesoramiento y soluciones definitivas que se fundamentan en irrefutables ortodoxias económicas—muchas veces sin entender el careo político y otras particularidades del territorio anfitrión.

Más allá de las camisas de fuerza que se forjaban con la puesta en marcha de políticas estándares de desarrollo, Hirschman también identificó la mentalidad del fracaso o la “fracasomanía” como uno de los grandes obstáculos para desatar posibilidades de desarrollo. Según explicó en A Bias for Hope: Essays on Development and Latin America, creer que todo está mal o que cualquier gestión propuesta está destinada al descalabro limita las posibilidades de identificar algunos destellos de genialidad que casi siempre suelen emanar a lo largo de los engorrosos procesos de desarrollo, y que pudiesen servir como punto de partida para emprender caminos alternos. El antídoto para la “fracasomanía” consiste en la identificación precisa de pistas y oportunidades que usualmente no se revelan a simple vista, enfoque que denominó como “posibilismo”— y que nada tiene que ver con las cursilerías inspiradas en la autoayuda y el afán porrista que tanto gusta en este país.

Hirschman elaboró varias herramientas conceptuales para practicar el posibilismo que son sumamente útiles en estos tiempos. Por un lado, están las “bendiciones (o maldiciones) encubiertas”, donde algo que se pensaba como un obstáculo al desarrollo, se transforma en una posibilidad o un estímulo. La migración boricua al extranjero, que se ha calumniado en estos tiempos de estrechez fiscal, es un ejemplo claro. Aunque muchos dejan de abonar a nuestro pote nacional, los migrantes podrían generar nuevas e impactantes redes trasnacionales de conocimiento, solidaridad y actividad económica si se ponen en marcha políticas sensatas que vinculen la diáspora con el desarrollo nacional.

Por otro lado, están las “secuencias invertidas”, o la idea de que no hay una única sucesión de pasos para encaminar ciertos cambios o procesos de desarrollo. En Puerto Rico, gracias al legado de “Manos a la Obra”, nos hemos dedicado a ofrecer toda clase de exenciones tributarias para atraer actividad económica con resultados mediocres. Pero, ¿no sería mejor si invertimos la secuencia y otorgamos exenciones a aquellas actividades que hayan probado ser exitosas?

Otra tarea posibilista es la “búsqueda de consecuencias imprevistas” o “efectos secundarios” que facilitan transformaciones sociales. En nuestro caso, el impago de la deuda pública, que lamentablemente ha traído una secuencia nefasta de imposiciones injustas y antidemocráticas a través de la Junta de Control Fiscal, también ha abierto una brecha para hacer reclamos más contundentes a favor de la transparencia gubernamental, la necesidad de romper con el truqueo presupuestario, acabar con los errados programas de austeridad y el desorden gubernamental, y para repensar, de una vez y por todas, nuestro corroído modelo de desarrollo y el entramado de intereses que lo mantienen en respiración artificial.

A lo largo de su larga trayectoria, Hirschman logró identificar giros inusuales y resultados inesperados en numerosos proyectos de desarrollo y regímenes políticos. Pero su gestión no se limitó a armar un catálogo de lecciones; también sirvió para “agudizar la percepción de las avenidas disponibles para el cambio”. En gran medida, esto es lo que queremos propiciar desde el CNE a través de nuestra Comisión de Crecimiento. Lejos de querer reproducir la vieja práctica de redactar un plan abarcador, lo que nos interesa es propiciar una búsqueda de posibilidades para el desarrollo que no recurra a las rutas y los cómplices de siempre.

No será una tarea fácil, pues emplear las herramientas posibilistas a través de un ejercicio plural trae consigo numerosos retos. No obstante, los cambios necesarios se materializarán sólo si dejamos a un lado lo usual y nos esmeramos en redescubrir y repensar lo posible.

Autor: Deepak Lamba-Nieves,
Director de Investigación del Centro para una Nueva Economía

Una visión para el desarrollo

Una visión para el desarrollo

Al igual que en Grecia, muchos observadores ocasionales del caso de Puerto Rico atribuyen la debacle económica de la isla a la mala gestión fiscal del gobierno. Sin lugar a dudas, la gestión fiscal jugó un papel importante en la crisis de deuda – al no actualizar la política fiscal al gran cambio que ha sufrido la economía de la isla. Sin embargo, la causa primordial de la crisis ha sido otra: la desindustrialización provocada por el cambio de política fiscal de Estados Unidos y el posterior fracaso del gobierno de la isla y del sector privado en crear e implementar una nueva estrategia de desarrollo económico.
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Celebramos nuestro aniversario pensando el futuro

Este mes de noviembre CNE celebra sus 18 años. A través del tiempo hemos sido una voz sobria, balaceada y empírica en momentos de polarización e incertidumbre. Hablamos con rigor académico, independencia de criterio, y fuera de líneas político-partidistas. Ahora, hemos aceptado el reto que nos presentan los tiempos y nos lanzamos en una iniciativa de gran envergadura: la creación del CNE Growth Commission, un proyecto que busca impulsar una nueva conversación sobre cómo restablecer el desarrollo económico de largo plazo en Puerto Rico. Este mes, al celebrar nuestro aniversario, queremos recordar los hitos con los que hemos marcado camino, y reafirmar nuestra intención de seguir generando propuestas que provoquen una discusión pública robusta, y que ayuden a impulsar una nueva etapa de crecimiento económico sostenido para Puerto Rico.

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Memo from a Working Group of the CNE Growth Commission to the Congressional Task Force on Economic Growth in Puerto Rico

Devising economic development opportunities should be one of the most pressing goals for both U.S. and local policy makers. In the following memo, a Working Group of the CNE Growth Commission charts a preliminary vision for addressing the deeper, structural constraints to economic advancement and for spurring economic growth.

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Plan Fiscal

 

Plan Fiscal

Por: Sergio M. Marxuach
Director de Política Pública
Centro para una Nueva Economía

La sección 201 de la “Puerto Rico Oversight, Management and Economic Stability Act” requiere que el gobierno de Puerto Rico prepare y presente a la Junta de Control Fiscal un plan fiscal a cinco años (como mínimo), para el gobierno central y cualquiera otra agencia o instrumentalidad gubernamental cubierta por dicha ley.

Entre otras cosas, la sección 201(b)(1) exige que el plan fiscal: (1) asegure el financiamiento de los servicios públicos esenciales; (2) provea fondos adecuados a los sistemas de pensiones públicos; (3) provea para la eliminación de los déficits estructurales; (4) provea para un servicio sustentable de la deuda durante aquellos años que no este en efecto la suspensión de litigios bajo los títulos III o VI de la ley; (5) incluya un análisis de la sustentabilidad de la deuda; (6) provea para las inversiones y gastos de capital necesarios para promover el crecimiento económico; (7) adopte las recomendaciones “apropiadas” sometidas por la Junta al gobierno de Puerto Rico de acuerdo con la sección 205(a); y (8) respete las prioridades legales o los gravámenes legales, según sea el caso, en vigor con anterioridad a la aprobación de la ley. READ MORE

Testimonio ante el Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado de EEUU

A continuación el testimonio de Sergio Marxuach ante el Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado de los Estados Unidos en su audiencia del jueves, 22 de octubre de 2015. La misma abordó el tema de la economía y la deuda de Puerto Rico y las opciones del Congreso al respecto.
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O lea el documento a continuación:

Testimony before the US Senate Energy & Natural Resources Committee

What follows is Sergio Marxuach’s testimony before the United States’ Senate Energy and Natural Resources Committee on Thursday, October 22nd, 2015. The Committee hearing addressed Puerto Rico’s economy, debt and options for Congress.
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Testimonio ante el Comité de Finanzas del Senado de EEUU

A continuación el testimonio de Sergio Marxuach ante el Comité de Finanzas del Senado de los Estados Unidos en su audiencia del martes, 29 de septiembre de 2015 la cual abordó el tema de retos fiscales y económicos de Puerto Rico.
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O lea el documento a continuación:

Testimony before the US Senate Finance Committee

What follows is Sergio Marxuach’s testimony before the United States’ Senate Finance Committee on Tuesday, September 29th, 2015. The Committee hearing addressed: “Financial and Economic Challenges in Puerto Rico”.
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Commentary: Puerto Rico’s Billionaires Strategy

By Orlando Sotomayor
6 May 2014
The Bond Buyer
BBYER
3
Vol.123, No.86
English
(c) 2014 The Bond Buyer and SourceMedia, Inc. All rights reserved.

Recently relocated millionaires are a happy lot in Puerto Rico. Their lifestyle was a selling point in an April investors’ summit dedicated to luring financial sector firms and wealthy individuals to the island in exchange for exemption from United States taxes and a light local touch.

It’s not hard to empathize with their optimism. If Puerto Ricans faced a 4% top marginal tax rate, they would surely be quite happy. They would feel optimistic if they could afford to send their children to one of a handful of excellent preparatory schools that are testament to what financial resources, parental involvement, clear goals and accountability can achieve.

They would be on their way to becoming billionaires or at least millionaires if they could buy assets at a fraction of the cost taxpayers paid to remodel them. They would be over the moon if invited to a private function by one of the world’s great opera singers.

But life at the bottom 99.9% is another story. A middle class self-employed Puerto Rican faces a top tax rate of 48% when both local and Social Security taxes are taken into account. Corporations face even higher taxes, with Walmart declaring an average tax rate of over 70% and other businesses paying even more.

The average Puerto Rican household would need to devote half of gross income to send a single child to a top preparatory school. It would most certainly not be able to walk a child to school through the streets of El Condado, as suggested in a testimonial during the investors summit.

Rather, parents would have to wake up at five or six in the morning in order to beat gridlock traffic and get the student to a mediocre school in time for homeroom.

Local business owners would get few tax breaks and survive in spite of a government that provides few services but demands much in return.

Like it or not, getting wealthy individuals to move to the island in order to avoid U.S. taxes appears now to be a cornerstone of Puerto Rico‘s growth drive and is characteristic of the country’s eternal search for a quick and painless way to grow. Contrary to most other initiatives — many gathered through an Internet suggestion box — this one is in fact based on sound economics.

Although it does nothing to abate the outflow of talented Puerto Ricans, it builds productive capacity by attracting in-migration of stateside residents. Even better, the strategy does not cost the commonwealth one single penny since it is entirely financed by the U.S. Treasury through foregone taxes.

It is then similar in effect to a law enacted in 2011 charging a tax that manufacturing sector firms can deduct from their U.S. liabilities. Puerto Rican officials have become quite adept at diverting income from the U.S. Treasury to the Puerto Rican Treasury.

Even more interesting is the strategy’s distributive dimension. Every time a billionaire moves to Puerto Rico, inequality in the U.S. goes down while the opposite happens in the commonwealth, with consequences that are still far from well understood.

In a democracy each man and woman may be entitled to a single voice and vote, but some voices are louder than others. Some pointed out in the recent investors’ summit that statistics do not reflect their view of the performance of the island’s economy. Furthermore, they have suggested that indexes be changed to reflect such views.

Yet, official statistics paint a consistently bleak picture of the Puerto Rican economy. Yes, unemployment has fallen for three consecutive months, but so has employment. According to the same household survey, it is down 20% from a peak in 2006 and has declined every month without exception since mid-2012.

Sales tax collections are often offered as signs of economic recovery, but they are rarely corrected for inflation and do not account for expansions of their tax base. Likewise, overall tax-intake announcements do not come with warnings of one-time tax events and sharp hikes in corporate rates that are not sustainable over the long or medium term.

Most striking is the statistic that concerns the number of Puerto Ricans who have voted with their feet and chosen to move to the U.S. mainland in search of a better life. Just in the past three years, the equivalent of 4% of the population has opted for that way out. Middle class Puerto Ricans go north while U.S. millionaires and billionaires take their jets south.

The United States government does a disservice to the Puerto Rican people when it turns a blind eye to the back-door bailout it provides through the billionaire and manufacturing tax loopholes — the latter already accounting for over 20% of public revenues. It allows the commonwealth to avoid the politically costly reforms it must undertake if the island is to survive as a viable economic entity.

Both the tax code and the welfare state must be reformed to reward work and investment. Public schools need to provide education and not just jobs for potential voters. Utilities and other monopolies must be broken down or effectively regulated. This is what the island needs.

Unnecessary are cheerleaders or an Uncle Sam with deep pockets but a short attention span. If the U.S. government really wants to give us a hand, please do continue with the bailout, but demand reforms in return. Life in Puerto Rico is sweet at the top, now let’s work on the other 99.9%.

SourceMedia, Inc.

Tomado de www.bondbuyer.com

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