Protagonismo

A menudo escuchamos que el problema en Puerto Rico es el protagonismo. Es decir, que nuestra disfunción colectiva como país emana de nuestra incapacidad de unir esfuerzos pues cada iniciativa tiene el gran deseo de ubicarse y venderse como la primera y principal. Eso en sí provoca que los esfuerzos se dupliquen y que los recursos se diluyan, y en algunos casos, hasta provoca el sabotaje de iniciativas por los competidores.

La difícil ruta hacia el desarrollo del Caño

Según nuestro mito desarrollista, Puerto Rico salió de las tinieblas económicas a mediados del Siglo XX gracias al esfuerzo de un grupo de líderes visionarios que se dieron a la tarea de reconstruir “la casa pobre del Caribe”. En numerosas instancias, especialmente cuando la moral colectiva se percibe en decadencia, se repasan los testimonios del cambio que vivió el país y cómo los arquitectos del progreso isleño lograron reducir la pobreza extrema, atajar los arrabales y fomentar capacidades industriales.

Pasando hambre en el siglo 21

Ayer el New York Times publicó un articulo titulado On the Edge of Poverty, at the Center of a Debate on Food Stamps. La reseña, de la autoría de Sheryl Gay Stolberg, describe sin ambages la lucha encarnizada de un sector del partido Republicano para reducir los fondos dedicados al programa suplementario de asistencia nutricional del gobierno federal (el “Supplemental Nutrition Assistance Program”), conocido comúnmente como los “cupones de alimentos”.

Café

Se está acabando el café. Quien últimamente se haya dado a la tarea de comprar una libra de café de primera de fincas puertorriqueñas, se habrá dado cuenta que hay una gran escasez. La taza o el cortado todavía se consigue gracias al crecimiento de excelentes “coffee shops”. Pero el final esta a la vista.

El reto del cambio climático

Puerto Rico, al igual que el resto del mundo, enfrenta el reto de transformar su economía, de una basada en el uso intensivo de energía fósil, a una más sustentable basada en el uso de fuentes renovables de energía.

Monitoreando a nuestro gobierno, ganamos

Casi todos los días escuchamos quejas acerca de la falta de transparencia de nuestro sistema de gobierno, del mal uso de fondos públicos y de la falta de ‘rendición de cuentas’ de nuestros representantes en las instituciones públicas del país. Existe una percepción general de que es extremadamente difícil resolver este problema. Al funcionario que malgasta o malversa fondos públicos, o que lo permite, no se le penaliza en nuestro sistema político o de justicia. Que vivimos bajo una cultura de impunidad. Algunos piensan que estas prácticas de corrupción, clientelismo y de ‘panismo’ están tan arraigadas en nuestro andamiaje social que lo consideran un rasgo cultural.

Una tradición tributaria fatídica

Aunque sea difícil creerlo, especialmente en estos tiempos de desorden y desasosiego socioeconómico, hace un tiempo atrás Puerto Rico fue un ejemplo a seguir para varios países que buscaban una ruta hacia el desarrollo. Según las memorias de la vieja guardia, en el ápice de la Guerra Fría las transformaciones de la isla servían como antídoto contra la amenaza comunista, pues demostraban que también bajo el capitalismo salvaje se podían registrar giros positivos en el porvenir de territorios afligidos.

Pensar como una montaña

Al analizar cualquier política ambiental es necesario pensar ecológicamente, a largo plazo, como la montaña. Ya que, así como los ciervos viven con miedo mortal de los lobos, así la montaña vive con miedo mortal de los ciervos. La lección es que andemos con cuidado. En el plano ecológico, los costos y beneficios asociados con una intervención de política pública no son el producto, necesariamente, de procesos lineales, y éstos podrían manifestarse en subsistemas ecológicos de jerarquías y escala diferentes, así como en distintos planos temporales.