Después de las elecciones
Las infernales tumbacocos están apagadas. Las decenas de automóviles alquilados para las campañas han sido entregados. Ya podemos escuchar la radio sin ser torturados por los comerciales de campaña, esos con música de película de suspenso de segunda categoría y narrador con voz profunda y tenebrosa que nos advierte sobre las conspiraciones que se fraguarán en cuartos oscuros y las perversiones inconfesables que se habrán de perpetrar si fulano sale electo.
