Después de las elecciones

Después de las elecciones

Publicado el 18 de noviembre de 2012

Sergio portrait
Director de Pol√≠tica P√ļblica
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En la Isla está el escenario fértil para que se pueda dar un proceso de concertación social

Las infernales tumbacocos est√°n apagadas. Las decenas de autom√≥viles alquilados para las campa√Īas han sido entregados. Ya podemos escuchar la radio sin ser torturados por los comerciales de campa√Īa, esos con m√ļsica de pel√≠cula de suspenso de segunda categor√≠a y narrador con voz profunda y tenebrosa que nos advierte sobre las conspiraciones que se fraguar√°n en cuartos oscuros y las perversiones inconfesables que se habr√°n de perpetrar si fulano sale electo.

Despu√©s de once meses de intensa campa√Īa electoral, y a casi dos semanas de las elecciones, el pa√≠s est√° regresando a la normalidad. Es un buen momento para hacer una composici√≥n de lugar. ¬ŅD√≥nde estamos como pa√≠s? ¬ŅC√≥mo podemos salir de la coyuntura en que nos encontramos?

La primera conclusi√≥n es obvia: el pa√≠s se encuentra irremediablemente dividido. Somos el pa√≠s del 47%. Dos de las ultimas tres elecciones para la gobernaci√≥n se han decido por menos de 1%. Bajo estas condiciones de tranque pol√≠tico, a menos que surja un liderato excepcional, ning√ļn partido o facci√≥n pol√≠tica podr√° imponer soluciones unilaterales a los problemas del pa√≠s.

Segundo, nos encontramos en el interregno, donde el orden establecido ha muerto pero el nuevo no ha nacido a√ļn. El tranque alrededor del 47% demuestra la debilidad relativa de los partidos pol√≠ticos tradicionales, ya que todos han dejado de crecer.

El surgimiento de tres partidos nuevos, el debilitamiento de las afiliaciones partidistas, y la reducci√≥n en la participaci√≥n electoral, son se√Īales de profunda insatisfacci√≥n con el orden establecido. En las elecciones del 2000 votaron 2,012,135 personas por tres candidatos a gobernador, mientras que hace dos semanas votaron 1,841,265 personas, una reducci√≥n de 170,870 personas, o un 8.5%, a√ļn cuando la oferta electoral se hab√≠a duplicado a seis candidatos a gobernador. Esa reducci√≥n se debe, en parte, a la frustraci√≥n con el proceso pol√≠tico tradicional, y en parte al aumento en la emigraci√≥n que hemos experimentado durante la ultima d√©cada, a los miles que, como dicen en Estados Unidos, ya ‚Äúhan votado con los pies.‚ÄĚ

Tercero, los problemas del pa√≠s son de una escala monumental. La lista es larga y conocida: una poblaci√≥n decreciente; un crecimiento econ√≥mico an√©mico; altos niveles de desempleo, pobreza, y desigualdad social; un d√©ficit estructural que a√ļn persiste; una tasa de endeudamiento insostenible; varias corporaciones p√ļblicas insolventes; tres sistemas de retiro quebrados; una alta incidencia criminal; un sistema de salud p√ļblica deteriorado; y un sistema de educaci√≥n p√ļblica deficiente.

Hay esperanza

A primeras luces esta combinación de liderato débil y problemas sumamente complejos podría parecer como un escenario verdaderamente tétrico. Sin embargo, estudios publicados recientemente sobre los procesos de concertación social que se llevaron a cabo en Europa durante la década de los noventa nos brindan alguna esperanza.

La concertaci√≥n social es un proceso de negociaci√≥n entre el gobierno y representantes de varios grupos sociales, usualmente uniones laborales y organizaciones empresariales. El objetivo de ese proceso de negociaci√≥n es llegar a un acuerdo formal, conocido como pacto social, con respecto a asuntos de pol√≠tica p√ļblica tales como leyes laborales, reforma de pensiones, niveles de inversi√≥n p√ļblica y privada, impuestos, y otras pol√≠ticas de bienestar social con miras a minimizar la desigualdad y la exclusi√≥n social. Esta definici√≥n excluye acuerdos puramente ceremoniales o simb√≥licos. No estamos hablando de lograr ‚Äúconsenso‚ÄĚ alrededor del menor denominador com√ļn, ni de discursos tipo miss universo a favor de los ni√Īos, la paz mundial, y el Papa.

Uno de los hallazgos mas interesantes que surge de un an√°lisis comparado de los procesos de concertaci√≥n en varios pa√≠ses europeos que he estado leyendo, es que la probabilidad de que estos procesos de concertaci√≥n social ocurran es m√°s alta en pa√≠ses donde (1) la carga de los problemas econ√≥micos (‚Äúeconomic problem load‚ÄĚ) es alta y (2) el gobierno de turno es d√©bil en t√©rminos electorales.

La explicaci√≥n para esa conjunci√≥n es sencilla. Todos los gobiernos que enfrentan problemas econ√≥micos dif√≠ciles, tales como d√©ficits cr√≥nicos, endeudamiento p√ļblico en exceso del 60% del PNB, inflaci√≥n alta, o desempleo en exceso de 10%, eventualmente se ven forzados a implementar reformas significativas. La diferencia radica en que los gobiernos con mayor√≠as electorales s√≥lidas tienden a favorecer la implantaci√≥n de soluciones unilaterales ya que perciben que no necesitan aliados para tener √©xito, mientras que los gobiernos electoralmente d√©biles o inestables, por definici√≥n, no pueden imponer soluciones unilaterales y se ven obligados a buscar el apoyo de otros actores sociales fuera de su base pol√≠tica natural.

La situación en la Isla

En Puerto Rico es obvio que la carga de nuestros problemas económicos es pesada y que el gobierno entrante es relativamente débil en términos electorales. Sin embargo, la existencia de estas dos condiciones, por si mismas, no es suficiente para que se inicie un proceso de concertación social. Es necesario tomar acciones afirmativas de buena fe para comenzar el proceso, y es aquí que puede haber un tranque.

En Puerto Rico no tenemos experiencia con este tipo de proceso y las probabilidades de éxito, de lograr un pacto social, son bajas, ya que todos los participantes tienen que estar dispuestos a hacer sacrificios a corto plazo para obtener beneficios a mediano y largo plazo. Por otro lado, es evidente que lo que hemos hecho hasta ahora para salir de la crisis no ha funcionado. Resulta imperativo tratar algo nuevo.

La combinación de inseguridad económica, desigualdad social, e incompetencia gubernamental que prevalece actualmente en Puerto Rico sería explosiva en cualquier otro país. Los eventos que ocurrieron en la Plaza Tahrir en el Cairo son un buen ejemplo de lo que ha sucedido en otras sociedades. En Puerto Rico todavía estamos a tiempo para evitar ese escenario. Es hora de que nuestros lideres gubernamentales, empresariales, y laborales, cumplan con su responsabilidad política, moral, e intelectual para con el país. Ha llegado la hora de la concertación.

Esta columna se publicó originalmente en El Nuevo Día el 18 de noviembre de 2012.