Bosque

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Ocho años de una devoradora recesión económica, emigración severa y la pérdida de nuestra orgullosa designación de crédito de inversión: elementos suficientes para invitarnos a repensar nuestra fórmula de desarrollo y crecimiento. Si de algo ha servido esta coyuntura -que nadie disfruta y nadie ha querido- ha sido para abrirnos los ojos al hecho de que no podemos seguir aferrados a la ilusión de las varitas mágicas. No hay fórmulas salvadoras y, aunque sea duro, es momento de replantearnos las cosas, particularmente la forma en que articulamos las estrategias de desarrollo económico.

Por casi dos siglos Puerto Rico ha apostado a los esquemas simples y prodigiosos que arriesgan el todo por el todo, confiando en la magia salvadora de una única bala de plata. A finales del siglo XIX, fue el café; durante la primera mitad del siglo XX, el azúcar; luego, la industrialización, la Sección 936 y las exenciones contributivas. En el proceso, hemos tenido no pocas coyunturas de delirio: las petroquímicas, el superpuerto, las minas y más recientemente el espejismo de petróleo en la costa sur. En mayor o menor grado, estas instancias reflejan una tendencia ilusoria a poner todos los huevos en una misma canasta y a querer creer que una vez allí, estos se multiplicarán por cierta lógica ineludible del destino.

El chubasco que hemos agarrado tiene que hacernos sabios. Tenemos que aprender a pensar de forma estratégica, a discernir oportunidades, aquilatar aperturas y a construir una cartera de iniciativas económicas diversificada, más anclada en nuestra realidad y menos vulnerable a los vaivenes y sorpresas de fuerzas exógenas. READ MORE

Café

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Por Mike Soto-Class

Se está acabando el café. Quien últimamente se haya dado a la tarea de comprar una libra de café de primera de fincas puertorriqueñas, se habrá dado cuenta que hay una gran escasez. La taza o el cortado todavía se consigue gracias al crecimiento de excelentes “coffee shops”. Pero el final esta a la vista.

Puerto Rico, un país con una profunda tradición cafetalera de siglos, enfrenta desde hace tiempo una crisis en la industria del café. De hecho, me atrevo a plantear que si definimos industria como un conjunto coordinado de operaciones, políticas públicas e intereses comerciales que engranan y funcionan hacia un mismo fin, tendríamos que aceptar que Puerto Rico ya no tiene una industria de café. La mayor parte del café que tomamos proviene de grano importado, y el puñado de beneficiados de café –como se le llama a los caficultores que no sólo siembran, sino que compran, acopian y procesan el producto de otros caficultores– andan haciendo de tripas corazones. READ MORE

Coffee Cultivation and Economic Development in the Castañer Region

Coffee has been grown in Puerto Rico for over 275 years. Between 1855 and 1898, for a relatively brief moment, all the necessary conditions to sustain a vigorous coffee industry were sustained in Puerto Rico: cheap land; an abundant, dependent and low-paid labor force; credit and financing by merchant firms; favorable access to international markets; relatively high market prices; and the agricultural know-how to take advantage of it all. Today, however, the coffee industry is on the verge of disappearing from the island.
 
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