El presupuesto y el becerro de oro

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Por: Sergio M. Marxuach
Director de Política Pública
Centro para una Nueva Economía

El Centro para una Nueva Economía lleva ocho años analizando el presupuesto anual del gobierno de Puerto Rico. Sin duda, el presupuesto recomendado para el año fiscal 2015 es el más complicado que hemos examinado. La metáfora que utilizaría para describir este presupuesto sería una bizantina telaraña, tejida por algún personaje fantástico ideado por Borges o Cortázar, a través de la cual se conectan múltiples impuestos nuevos, dudosos ahorros y etéreas medidas de “eficiencia” gubernamental.

El lado de los recaudos incluye un enjambre de medidas impositivas nuevas, muchas de ellas no recurrentes, que se han diseñado a última hora con poco análisis y menos estudio, para “cuadrar” el presupuesto. Para ser justos, el gobierno ha anunciado una abarcadora reforma contributiva para finales de este año. Habrá que esperar hasta entonces para analizar más a fondo el sistema impositivo del país.

Por el lado de los “ajustes” se han incluido medidas que resulta difícil categorizarlas como “recortes o ahorros”. Por ejemplo, $267 millones que serán “aportados por entidades fuera del fondo general”, en realidad ciertas corporaciones públicas, para cubrir gastos del gobierno central. Eso no es un ahorro, eso es un financiamiento disfrazado.

El espectáculo de ver a tantos oficiales gubernamentales corriendo de un lado para otro, improvisando para lograr ese elusivo “cuadre” presupuestario, nos hace pensar que hemos perdido de vista algunos principios fundamentales. El presupuesto asigna los recursos financieros que aportamos todos para lograr una determinada concepción del bien común. ¿Quién, en medio de este caos, está pensando en lograr ese bien común? READ MORE

El Diccionario de la crisis

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TANQUE DE IDEAS
Por Nydia Suárez Marín

Menciónele a un argentino la palabra “corralito” y seguramente su imagen mental hará referencia a la crisis que vivió el país a principios de la década del dos mil. De hecho, el término es una de las palabras que quedaron acuñadas en la jerga popular en la Argentina para describir el ardid financiero creado a fines de 2001 por el ministro de economía Domingo Felipe Cavallo.

El propósito del corralito fue evitar la salida masiva de pesos y dólares de los bancos argentinos, provocada por las acciones repentinas de muchos que, alarmados por la crisis, decidieron retirar sus ahorros y depósitos.

“Corralito” es uno de los términos que aparece en el Diccionario de la Crisis, publicado por José Gobello, uno de los fundadores de la Academia Porteña del Lunfardo, y por el periodista Marcelo Olivieri. En este libro, los autores recopilan una serie de términos que surgieron del discurso mediático argentino en tan atribulados tiempos. Algunos de estos son: patacón, default, cacerolazo y devaluación.

Se le llamó “patacón” al “bono de valor de un peso emitido en 2001 por la provincia de Buenos Aires como dinero sustituto, para compensar la escasez de moneda corriente”. Y “cacerolazo”, a la “protesta callejera de la población contra el gobierno”. Curiosamente, el primer cacerolazo no ocurrió en Argentina sino en Chile en 1971 cuando miles de mujeres protestaron contra el gobierno de Salvador Allende. Esta forma de protesta toma su nombre debido a que las mujeres hacían ruido con cucharas y ollas vacías en alusión a la falta de productos y alimentos básicos en los colmados, y, por lo tanto, en las cacerolas. Aunque el término había sido utilizado en décadas anteriores, se popularizó con la crisis Argentina del 2001. Posteriormente, el cacerolazo ha sido adoptado por un sinnúmero de países donde se golpean dichos utensilios de cocina en son de protesta. READ MORE

La desigualdad y el crecimiento económico

Vocational-Learning

Por Sergio M. Marxuach

Hablar sobre la desigualdad se ha puesto de moda. Este concepto, que ha sido objeto de análisis por lo menos desde finales del siglo 18, ha cobrado importancia recientemente en el contexto de la crisis financiera de 2008 y sus consecuencias.

Si examinamos la desigualdad a través del lente de la teoría económica clásica, esbozada por David Ricardo y otros, la desigualdad es necesaria para el crecimiento económico. Personas con altos ingresos tienden a ahorrar más, lo cual estimula la acumulación de capital y el crecimiento económico. Por otro lado, si la estudiamos desde la perspectiva neo-clásica, favorecida por Stuart Mill y otros, la desigualdad no es importante para entender el proceso de crecimiento económico ya que “la distribución de la riqueza depende de las leyes y costumbres de la sociedad y no de la economía”. READ MORE

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