Razonable

No conozco a nadie en estos momentos que esté contento con la Autoridad de Energía Eléctrica. Ni las otras agencia de gobierno, ni siquiera muchos de sus propios empleados, y de la ciudadanía en general ni se hable. Se está desarrollando una indignación popular ante los abusos de esa corporación pública y ante las posturas de prepotencia que han asumido que difícilmente amainarán.


El derroche de ineficiencia en la AEE es épico y todos los meses nos obligan a los clientes a hacer un serrucho para pagarle las cuentas a ellos. Eso no es justo ni es razonable.

El sector ciudadano ha asumido su responsabilidad de exigir acción y rendición de cuentas, pues al fin y al cabo, somos nosotros los dueños de esa empresa y, desafortunadamente, de toda su deuda.

La reacción visceral y natural ha sido hacer un llamado a eliminar los bonos, las formulas y los subsidios de la AEE. Desafortunadamente, a pesar de lo atractivo de esa propuesta, la realidad es que no sería recomendable pues no resolvería el verdadero problema.

En primera instancia, eso no es recomendable porque destruiría la AEE. Es de conocimiento público que la AEE ha tenido pérdidas multimillonarias en todos los últimos años y que arrastra una deuda de $7,500 millones con sus bonistas. Cualquier trastrueque apresurado e impulsivo que se haga a la estructura tarifaria o administrativa de la AEE podría tener consecuencias negativas y no intencionadas en la corporación.

Y, desafortunadamente, la AEE es la única proveedora de energía eléctrica autorizada a hacer negocios en Puerto Rico a nivel residencial, comercial e industrial en estos momentos. No podemos arriesgarnos a quedarnos sin la AEE, por mala que sea, no sin antes preparar alternativas.

Pero más importante aún, trastrocar sin reflexión y análisis los subsidios y las formulas no es recomendable porque el problema de fondo de la AEE no son los bonos al director ejecutivo, ni son los subsidios que propicia, ni son las ingeniosas fórmulas de ajuste por combustible y compra de energía.

El problema principal de la AEE es que le responde solamente a sus propios intereses y no tiene incentivos para cambiar su manera de operar. Por lo tanto, cualquier cambio que se haga se quedará corto porque eventualmente la AEE encontrará la manera de neutralizarlos y volver a sus viejas y malas costumbres.

Por lo tanto, el primer paso que se debe dar para crear un nuevo paradigma energético en Puerto Rico es crear una Junta Reglamentadora de la AEE que sea verdaderamente independiente y que vele rigurosa y ferozmente por los mejores intereses del país y de los clientes de la AEE. Esto es una propuesta razonable y si el gobernador, la AEE y su junta de directores han sido honestos cuando dicen que quieren bajar el costo de energía, no veo por qué no puedan apoyar esta idea.

Sólo con una Junta Reglamentadora independiente se podrá progresar hacia la elaboración de políticas públicas para el uso y desarrollo de energía renovable, para cambiar las injustas fórmulas de ajuste por combustible y por compra de energía, y para reformar la estructura de la corporación pública a otra que responda mejor a las necesidades del Puerto Rico del siglo veintiuno.

Puerto Rico es el único país en el mundo sin una entidad reglamentaria de este tipo para su sistema eléctrico y es no tan sólo razonable sino vital que exijamos su creación a la mayor brevedad posible y como primer paso a la reforma que deseamos.

Mientras más rápido tengamos esta Junta Reglamentadora, más rápido vendrán los ahorros, la razonabilidad y el progreso energético en Puerto Rico.

Créditos: Razonable

Por: Miguel A. Soto Class | Presidente, Centro para la Nueva Economía
Publicación: El Nuevo Día | 28 de septiembre de 2011
Foto: Kyle May via Flickr