Una mirada a la competitividad de Puerto Rico

Por Sergio M. Marxuach

Recientemente fuimos invitados a comentar los hallazgos de un informe preparado por economistas del Banco de la Reserva Federal de Nueva York sobre la competitividad de la economía de Puerto Rico.

En general, la economía de Puerto Rico cuenta con ciertas ventajas que la hacen potencialmente competitiva. Entre éstas encontramos el flujo virtualmente irrestricto de bienes y servicios, capital, y personas entre la isla y Estados Unidos, una población relativamente educada, una localización estratégica, y la operación en Puerto Rico de algunas instituciones legales y económicas de Estados Unidos. Sin embargo, la competitividad de Puerto Rico se ha erosionado significativamente durante los últimos 30 años. 
El informe destaca cinco factores que impiden que Puerto Rico desarrolle su potencial económico a cabalidad.  La competitividad de Puerto Rico se ha estancado debido a la lasitud de su mercado laboral; la abundancia relativa de trabajadores con pocas destrezas; los altos costos de hacer negocios; la falta de recursos para financiar el crecimiento y el desarrollo; y la dependencia desproporcionada en la industria farmacéutica.

El informe también incluye cinco recomendaciones de política pública.  Para mejorar la competitividad de Puerto Rico los autores recomiendan reducir las barreras a la creación de empleos y la participación laboral; reformar la industria de energía; reducir los costos de hacer negocios; fomentar la cooperación entre la industria y las universidades; y promover el análisis independiente de política pública.

A continuación analizamos las recomendaciones con respecto al mercado laboral y la industria de energía, las cuales fueron objeto de discusión pública en la actividad de presentación del informe.

El mercado laboral de Puerto Rico tradicionalmente ha reflejado altos niveles de desempleo y bajas tasas de participación en la fuerza laboral.  Los autores del informe identifican tres factores que en su opinión explican el alto nivel de desempleo en Puerto Rico.  Primero, es probable que la aplicación del salario mínimo federal a Puerto Rico reduzca la demanda por trabajadores menos diestros.  Este sesgo en la demanda laboral se debe en parte a que los salarios en Puerto Rico, en promedio, son la mitad de los salarios en Estados Unidos, pero el salario mínimo es el mismo en ambas jurisdicciones.

Esto significa que el salario mínimo en Puerto Rico es relativamente alto en comparación con la productividad laboral.  De hecho, un estudio del Banco Mundial demuestra que Puerto Rico en el 2010 se encontraba en el lugar 160 de 186 cuando comparamos la razón entre el salario mínimo y el valor añadido por trabajador de la isla con la de otros países.

Por otro lado, existe un desfase entre la estructura industrial de alta tecnología en Puerto Rico y el nivel promedio de destrezas de su población producto de las distorsiones inducidas por la Sección 936.  Finalmente, el sector privado en Puerto Rico se encuentra relativamente subdesarrollado y nunca ha generado los empleos necesarios para reducir el desempleo significativamente.

En términos de la participación, los autores enfatizan tres factores que afectan adversamente la participación laboral.  Primero, el desempleo prologando ha producido un numero significativo de trabajadores desalentados que ni siquiera están buscando trabajo.  Segundo, el nivel relativamente alto de las transferencias federales, iguales a aproximadamente el 40% del ingreso personal en la isla—casi el doble de la proporción en los Estados Unidos—también desalienta la participación laboral.  Tercero, la existencia de una enorme economía informal es otro factor que contribuye a reducir la tasa de participación.

Los autores del informe recomiendan implementar en Puerto Rico un salario mínimo especial para los trabajadores menores de 25 años de edad, basados en la premisa de que un salario mas bajo para los empleados mas jóvenes, que tienen menos experiencia y son menos productivos, constituye un incentivo para que los patronos los contraten.  Esta reducción en el salario mínimo pudiera ser compensada con un aumento en el crédito por ingreso devengado de Puerto Rico.

Creemos que esta recomendación necesita mas estudio ya que su efecto sobre la participación laboral no está claro.  Por un lado, podría aumentar la demanda por parte de algunos patronos, pero también podría reducir la oferta laboral al hacer el empleo formal aún menos atractivo de lo que ya es para ciertos trabajadores.  En Puerto Rico, donde la tasa de participación es baja y existe un numero significativo de trabajadores desalentados, necesitamos incentivos para hacer el empleo formal mas atractivo.  La reducción del salario mínimo pudiera tener el efecto opuesto.  Además esa reducción pudiera generar un incentivo perverso, induciendo a los patronos a despedir trabajadores que cumplan 25 años de edad para luego reemplazarlos con otros que cualifican para el salario mas bajo.

En el renglón de política energética, los autores del informe recomiendan que se establezca una comisión o junta reguladora independiente que vele por los intereses del pueblo consumidor; establezca y revise las tarifas por lo menos anualmente; revise y apruebe los planes de inversión de capital de la AEE; promueva la transición a gas natural y, eventualmente, a fuentes alternas de energía; y supervise y regule el mercado de electricidad en Puerto Rico, incluyendo la implantación de un reglamento que regule la interconexión de productores independientes a la red de transmisión y distribución.  Apoyamos sin reserva esta propuesta sobre la junta reguladora ya que es un factor imprescindible para modernizar la industria eléctrica en Puerto Rico.

En suma, este informe es un buen resumen del estado actual de la economía de Puerto Rico, confirma la relevancia de muchos de los hallazgos del informe CNE/Brookings publicado en el 2006, y contiene recomendaciones importantes que merecen la consideración seria de todas las personas que se preocupan por el desarrollo económico del país.

 

Créditos: Una Mirada a la Competitividad de Puerto Rico

El autor es director de Política Pública en el Centro para una Nueva Economía.
Esta columna se piblicó originalmente en el diario El Nuevo Día el 6 de mayo de 2012.
Foto: Gatis Gribusts via flickr