Sistema educativo y estructura de producción

Harold J. Toro-Tulla, Ph.D.

Recientemente se han discutido en la prensa local algunos estudios sobre las organizaciones que proveen educación vocacional y su importancia para el desarrollo económico de Puerto Rico. Estos estudios intentan disponer del tema contestando el por ciento de graduandos que una entidad educativa ubica en el mercado laboral. Pero esta contestación encierra supuestos equivocados. Supone que, al examinar la ubicación de los graduandos en el mercado laboral vigente, simultáneamente se está examinando cómo la estructura educativa posibilita el desarrollo económico.

Sin embargo, no es cierto que lo primero disponga de lo segundo. Lo primero es una contestación a si individuos particulares, con un cierto nivel educativo logran tal o cual posición de empleo. Lo segundo, la relación entre el sistema educativo y el desarrollo económico, es una pregunta macrosocial o macroeconómica: ¿Cuál relación entre el sistema educativo vocacional y el mercado laboral es la mejor para lograr un mayor desarrollo económico?

Esta pregunta es inherentemente comparativa, pues se refiere a diferencias entre relaciones institucionales, algo que requiere examinar la variación entre países en sus sistemas educativos y sus mercados laborales.

Más allá de confusión entre preguntas, la contestación antes mencionada, además, encierra un supuesto pernicioso pues no le toca a las instituciones educativas establecer los criterios de su propio éxito de forma aislada de otros actores sociales.

La pregunta fundamental a la cual se enfrenta cualquier sociedad al debatir los asuntos medulares de su sistema educativo, es: ¿Cómo debe educarse en el presente a las generaciones que van a entrar al mercado laboral en el futuro? Pero contestar esta pregunta implica plantearse que Puerto Rico es uno de tantos otros países en una economía mundial cada vez más globalizada y esto, a su vez, tiene implicaciones directas referentes a la preparación de los trabajadores puertorriqueños relativa a la de los trabajadores en otros países.

Más ampliamente, hay que plantearse ¿cuál debe ser la relación óptima entre la educación y el mercado laboral? ¿Cómo compara el sistema de educación vocacional con el de otros países? ¿Abona a desarrollar la productividad de los trabajadores? ¿Tiene la profundidad institucional necesaria para sostener el crecimiento de una fuerza laboral más capacitada en el futuro?

Todas estas preguntas van dirigidas a problematizar la noción de que el sistema educativo, en su concepción actual, está configurado exitosamente para incrementar la productividad laboral y, a través de la misma, apoyar mayor crecimiento económico en el futuro.

La productividad

El asunto de la productividad es medular en cualquier sociedad que busca insertarse exitosamente en la economía mundial.

Uno de los mecanismos claves en desarrollar la productividad de los trabajadores es la articulación entre el proceso de entrenamiento y las empresas. Es importante aclarar lo que significa esta articulación. No es meramente la educación formal obtenida previamente a obtener un trabajo, sino la relación que debe existir entre entrenamiento y educación general de un lado, y de otro lado la preparación en la práctica que obtienen los trabajadores en el empleo.

En Estados Unidos, a nivel del gobierno federal, se reconoce esta articulación como un punto fundamental que requiere de recursos y esfuerzos de múltiples actores económicos y sociales para sostener la pujanza económica del país.

A pesar de que en Estados Unidos el empleo en manufactura se ha ido reduciendo, curiosamente, cada año prevalecen un número sustancial de vacantes sin llenar, equivalentes según algunos cálculos a 5% de la fuerza trabajadora en manufactura.

Para abordar esta situación se está explorando la idea de conformar una relación más estrecha entre los llamados community colleges y el sector privado para desarrollar un sistema de educación-entrenamiento semejante al sistema alemán.

En Alemania, las empresas entrenan, colaborativamente con las escuelas vocacionales, a los trabajadores. Los trabajadores rotan de posición y de este modo se les va incorporando de manera integrada a los procesos de trabajo de las empresas. Se da la llamada especialización polivalente, donde el empleado desarrolla una concepción holística de sus propias tareas, y no está anclado a una definición ocupacional específica.

Entrenamiento múltiple

Esto induce mayor autonomía entre grupos de trabajo dentro de una empresa y se depende mucho menos del seniority laboral para lograr ascensos de posición y en las escalas salariales. Este entrenamiento múltiple se cree que es lo que sostiene la alta calidad de la producción de bienes en Alemania, a pesar de los altos costos laborales, y está asociado a un desempleo entre los jóvenes menor al 10%, mientras que en Puerto Rico está por encima del 25%.

La Isla tiene que plantearse con urgencia las mismas interrogantes, si quiere no solamente salir del estancamiento actual sino también propulsarse en una nueva dirección en un contexto donde ya se empieza a ver desventajado en la economía mundial.

Aquellos que sostienen que cambiar la articulación vigente entre el sistema educativo y el mercado laboral sería muy costoso tienen que plantearse cuál es, o va a ser, el costo de no cambiar.

Sería importante saber el número de vacantes que prevalecen en los sectores de mayor productividad en Puerto Rico para, verdaderamente, constatar la calidad del entrenamiento provisto en la Isla a nivel post-secundario, y los costos a nivel macro de no poder operar las empresas, fábricas, etc. al nivel óptimo. Sería también útil saber los costos para las empresas del entrenamiento compensatorio o remedial en el que tienen que incurrir.

Curiosamente, empresas estadounidenses están empezando a adoptar aspectos del modelo alemán motu proprio. Esto no es meramente una curiosidad sino que debe plantearle a las élites políticas y económicas locales tanto una oportunidad como una advertencia de que, para competir en la economía mundial, se requiere buscar nuevas maneras de propulsar mayor productividad en la fuerza laboral mediante cambios a sus prácticas de entrenamiento.


El autor es director de investigaciones en el Centro para la Nueva Economía.
Este artículo se publicó originalmente en el diario El Nuevo Día el 16 de septiembre de 2012.