Empleos

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Publicado el 24 de enero de 2013

Mike Portrait
Presidente y Fundador
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Una de las ventajas que tiene haber trabajado directamente en pol√≠tica p√ļblica por m√°s de veinte a√Īos, quince de ellos en el Centro para una Nueva Econom√≠a, es saber distinguir entre lo que tiene potencial de funcionar y lo que no. Cada cuatro a√Īos, pasada la euforia post-electoral, cada administraci√≥n cae en muchas de las mismas trampas que las anteriores.

Ciertamente la promesa de crear miles de empleos en un entorno de precariedad fiscal, escepticismo inversor y agotamiento social es uno de los retos más grandes que enfrenta la nueva administración. El país espera resultados, y para lograrlos es preciso crear las condiciones que le devuelvan el dinamismo, la pujanza y la confianza a los actores sociales, a la economía y al sector privado.

Establecer como una meta prioritaria la creación de empleos es peligroso por varias razones. Primero, por que desata la discusión de qué tipos de empleos son los que queremos. Unos abogan por un tipo particular y otros, por cualquier tipo. Y eventualmente toda la energía se pierde discutiendo eso. Segundo, se abre la puerta a propuestas descabelladas o moralmente cuestionables, pero que prometen miles de empleos. Finalmente, se pierde de perspectiva que el rol del Gobierno debe ser propiciar un ecosistema económico y social que propicie la inversión y la creación de empleos por el sector privado.

Esta √ļltima raz√≥n es vital pues hist√≥ricamente una de las principales fallas de la pol√≠tica p√ļblica puertorrique√Īa ha sido tratar de compensar por un ambiente econ√≥mico enfermo con inventos e incentivos. En vez de arreglar el sistema de permisos, en vez de reformar el sistema contributivo, en vez de crear una sociedad m√°s segura y con m√°s alcance educativo, lo que siempre hacemos es ofrecer un paliativo al que se atreva a invertir en ese ambiente hostil y perjudicial. La actual Administraci√≥n tiene la oportunidad de dejar atr√°s ese terrible legado y emprender por una nueva ruta de crecimiento y desarrollo balanceado.

Muchos de los cambios necesarios son estructurales y se tardarán en dar frutos. Pero hay uno que se puede lograr relativamente rápido y cuyo impacto será fuerte y decisivo. Me refiero a bajar el costo de la electricidad. Es una de las pocas cosas que puede hacerse a corto plazo y con efecto duradero, sin erosionar las arcas del Departamento de Hacienda y sin crear incentivos contraproducentes cuya aportación social es cuestionable. De lo que se trata es de reformar a cabalidad la Autoridad de Energía Eléctrica. Terminar con las decisiones en cuartos oscuros, los sobrecargos injustos, las fórmulas tarifarias bizantinas y el amiguismo nebuloso. Hay que reformar la AEE y hacerla transparente, responsiva, y sobre todo, eficiente.

¬ŅC√≥mo explicar que todos los productores externos a la AEE son capaces de producir energ√≠a a una fracci√≥n de lo que le cuesta producirla a la AEE? Hasta la propia Autoridad de Acueductos, que no es una empresa privada, sino otra corporaci√≥n p√ļblica, ha encontrado que puede abaratar sus costos energ√©ticos asumiendo el control de las plantas hidroel√©ctricas y comenzando a producir energ√≠a.

No podemos seguir poniendo parchos a medias. La incorporaci√≥n a la Junta de Directores de la AEE de dos representantes del inter√©s p√ļblico ha sido bueno, pero no suficiente. De lo que se trata es de lograr que la AEE deje de responder a los intereses de camarillas internas. De que no nos siga cobrando por la energ√≠a que le roban o la que pierde en su sistema de distribuci√≥n. De que deje de vendernos cara la energ√≠a que compra barata. De que no le ponga tranquillas a terceros que puedan producir la energ√≠a m√°s barata que ella.

M√°s aun, no habr√° programa de promoci√≥n que funcione ni embajadores que valgan si no podemos controlar nuestro costo de energ√≠a. Son muy pocas las personas, puertorrique√Īos o extranjeros, que inviertan aqu√≠ sin hacer su an√°lisis de costo. Y lo primero que se dan cuenta es que aqu√≠ la electricidad cuesta el doble y hasta el triple de lo que cuesta en otros lugares donde pueden invertir.

La respuesta a esto es la creaci√≥n de una Junta Reglamentadora Independiente. Verdaderamente independiente. Un ente externo que reglamente el sector energ√©tico y fiscalice a la AEE, que seguir√≠a produciendo y distribuyendo energ√≠a. Un ente externo que determine de forma independiente las reglas del sector energ√©tico, que fiscalice a todos los jugadores, determine tarifas, apruebe los planes de inversi√≥n p√ļblica, y al que la AEE tenga que responderle por el cumplimiento de par√°metros en cuanto a costos, precio y servicio.

Otros pa√≠ses han implantado lo que propongo, manteniendo la fortaleza de sus corporaciones p√ļblicas y haci√©ndolas responsivas a las necesidades de la gente y el pa√≠s. La clave es reformar el sistema energ√©tico siguiendo las normas de sana gobernanza establecidas por la Organizaci√≥n para la Cooperaci√≥n y el Desarrollo Econ√≥mico (OECD).

Hay muchas maneras de bajar el costo de la luz, pero ninguna funcionará hasta que la AEE deje de supervisarse a sí misma, y comience a respondernos al pueblo y al país.

Esta columna se publicó originalmente en el diario El Nuevo Día el 24 de enero de 2013.