Un experimento de inversi贸n social

Un experimento de inversi贸n social

Publicado el 25 de febrero de 2013

Directora Ejecutiva
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Los problemas聽serios y complejos requieren soluciones innovadoras. En Puerto Rico, el aumento en las necesidades sociales ha coincidido con un empobrecimiento de los servicios gubernamentales. La precaria situaci贸n fiscal ha hecho que muchos programas dirigidos a grupos marginados hayan sufrido recortes presupuestarios. Cada vez m谩s, la gesti贸n p煤blica es gerencia de crisis. La magnitud de los problemas que enfrentamos requiere enfoques transformadores que permitan proveerle servicios a la ciudadan铆a de la manera m谩s eficiente a un costo menor al erario.

En Inglaterra y Estados Unidos han comenzado a germinar algunas iniciativas innovadoras que aspiran a proveer financiamiento privado para los programas sociales, mejorar sus resultados y reducir los costos del gobierno. Los bonos de impacto social son programas en los que el gobierno contrata a organizaciones, y les paga solamente si producen resultados medibles y significativos.

Estos proyectos est谩n en etapas tempranas pero ofrecen grandes promesas.

Uno de los problemas con los programas de servicios sociales ofrecidos directa o indirectamente por el gobierno es que no se enfocan en medir los resultados. Muchas veces solo se mide la cantidad de personas atendidas sin importar la calidad del servicio o su efectividad. Tambi茅n hay programas con muy buenos resultados pero que desprovistos de seguimiento se convierten en ineficaces.

Los bonos de impacto social reformulan la manera en que se ofrecen estos servicios. Este instrumento de inversi贸n social centra su funcionamiento en unir las capacidades y recursos de varios actores sociales: el gobierno, una entidad experta en ofrecer servicios o atender una poblaci贸n determinada, y una organizaci贸n privada intermedia (鈥淥PI鈥) con acceso a capital y capacidad gerencial. Esta 煤ltima puede ser una organizaci贸n sin fines de lucro que llega a un acuerdo con el gobierno para proveer ciertos servicios. El gobierno le pagar谩 a la OPI solo si logra obtener unos resultados espec铆ficos. La OPI levanta capital de inversionistas privados (fundaciones, corporaciones o individuos) para financiar los servicios a largo plazo y emite unos 鈥渂onos鈥. Estos 鈥渂onos鈥 son pagaderos solamente si la OPI logra los resultados pactados y el gobierno paga la cantidad estipulada. La OPI usa los fondos de los 鈥渂onos鈥 para contratar a un proveedor de servicios para que provea los servicios requeridos y costear los gastos operacionales.

Lo innovador de esta iniciativa es que el gobierno paga por servicios que rinden los frutos esperados y no meramente por servir a una poblaci贸n determinada.

Para medir la eficiencia de estos programas se necesita implementarlos por varios a帽os para determinar los resultados. Esta estructura de financiamiento permite que las organizaciones que proveen estos servicios puedan costearlos. La OPI hace un escrutinio muy estricto a la hora de escoger los proveedores de servicios porque el pago de servicios est谩 atado al 茅xito medible del programa. Una vez se demuestran los resultados, y si estos cumplen con las metas pactadas con el gobierno, se le paga a la OPI y esta a su vez paga los 鈥渂onos鈥 a los inversionistas.

Estos 鈥渂onos鈥 no ofrecen un rendimiento fijo y conllevan un alto riesgo (si no se logran las metas prometidas, el gobierno no paga)鈥揳s铆 que el t茅rmino no es totalmente compatible con el usado en el mundo financiero. Otras iniciativas similares llaman estos programas 鈥淧ago por 茅xito鈥 o 鈥淐olabo raciones P煤blico-Privadas鈥. Las entidades privadas que arriesguen su capital enfrentar谩n riesgos altos aunque la expectativa de rendimiento no es el correspondiente a ese riesgo. Por consiguiente, estos proyectos no son para inversionistas con un apetito de maximizar rendimientos, sino para aquellos individuos, fundaciones o entidades que interesen aumentar el rendimiento social de su dinero.Otra gran ventaja es que es que si los programas tienen 茅xito y el estado se compromete a continuar estos proyectos a gran escala, se lograr铆an reducciones de costos significativos. Pero m谩s all谩 de la dimensi贸n fiscal, est谩 la social: este tipo de alianza redunda en beneficios concretos para una poblaci贸n muy necesitada que o no recibe ning煤n tipo de ayuda o la recibe de forma inefectiva. En resumen, con los bonos de impacto social se aumenta la eficiencia del gasto p煤blico a la vez que se mejora calidad de vida para la comunidad impactada.

Existe gran optimismo por los logros que esta estructura promete generar al alinear incentivos e inversi贸n privada para producir cambios sociales. En la prisi贸n de Peterborough en Inglaterra, se lleva a cabo el primero de estos proyectos. All铆 el Departamento de Justicia contrat贸 a la OPI sin fines de lucro Social Finance para reducir la cantidad de reincidentes en una poblaci贸n penal con penas cortas en un t茅rmino de seis a帽os. Aproximadamente 60% de la poblaci贸n de esa prisi贸n reincide antes de cumplir el a帽o de excarcelado. El gobierno le pagar谩 a Social Finance si el porciento de personas que reinciden se reduce en por lo menos un 7.5%. Mientras m谩s baje la reincidencia, mayor es la compensaci贸n.

En Estados Unidos, hay varias organizaciones que han comenzado a ofrecer servicios utilizando este esquema. La ciudad de Nueva York y el estado de Massachusetts recientemente anunciaron programas similares al de Peterborough. El estado de Maryland y la ciudad de Baltimore han trabajado programas similares logrando reducir la reincidencia de la poblaci贸n penal de ciertas prisiones en un 31%. Tambi茅n se ha experimentado con programas que reducen el tiempo en que los ni帽os permanecen en hogares sustitutos y el n煤mero de personas sin hogar que viven en las calles.

Otros proyectos incluyen servicios para j贸venes en riesgo ofreci茅ndoles terapias multidisciplinarias, capacitaci贸n para conseguir empleos, internados con paga, recreaci贸n y otras actividades para j贸venes en la misma comunidad.

Los bonos de impacto social y programas similares no est谩n ajenos a los riesgos t铆picos de un nuevo experimento 鈥損ero el verdadero riesgo est谩 en no tratar nuevas maneras de abordar nuestros males sociales. Ser espectadores pasivos no es opci贸n: es preciso intentar nuevos enfoques para cambiar lo que ya no funciona.

Esta columna se public贸 originalmente en el diario El Nuevo D铆a el 24 de febrero de 2013.