Clinton

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Publicado el 26 de julio de 2013

Mike Portrait
Presidente y Fundador
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La reflexi√≥n de Bill Clinton, expresidente de Estados Unidos y fundador de la Fundaci√≥n Clinton, durante su visita a Puerto Rico sobre la necesidad de cambiar nuestro modelo energ√©tico debe convertirse en una meta impostergable. No porque lo diga alguien del ‚Äúnorte‚ÄĚ, sino porque recoge lo que muchos hemos planteado cada vez con m√°s urgencia durante los pasados a√Īos.

No son s√≥lo las razones ambientales ‚Äďel calor m√°s intenso, la marea costera m√°s alta‚Äď sino los imperativos econ√≥micos lo que genera la urgencia de cambio. Es imposible que Puerto Rico restablezca el crecimiento econ√≥mico o genere un nuevo modelo de desarrollo si el costo de la energ√≠a es dos, tres, o hasta cinco veces mayor que en otros lugares del mundo. Reducir el costo de la electricidad no s√≥lo es urgente para las familias o las empresas, sino tambi√©n para una amplia gama de actores sociales como las organizaciones sin fines de lucro ‚Äďsobre las que dependen cada vez m√°s las poblaciones vulnerables- o las uniones, cuya fortaleza depende de la existencia de talleres laborales.

Clinton nos propuso tres ideas fundamentales: trabajar en la conversión acelerada a energía renovable aprovechando el sol, el viento y el océano; enlazar nuestra red al resto del Caribe y vender la electricidad sobrante, y convertirnos en líderes en la investigación, desarrollo y producción de tecnologías de fuentes renovables. Para eso necesitamos cambios fundamentales en la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE).

La realidad es que la Autoridad ha hecho lo indecible por erigir barreras a la generaci√≥n alternativa y descentralizada. En 2012, la Administraci√≥n Fortu√Īo anunci√≥ un programa para facultar a los abonados comerciales e industriales a generar su propia electricidad y vender el sobrante a la AEE, obligando a la agencia a enlazarlos a su red de distribuci√≥n el√©ctrica. En ese momento se habl√≥ tambi√©n de permitirle a los abonados residenciales a hacer lo propio. M√°s de un a√Īo despu√©s, los programas -conocidos como ‚Äúwheeling‚ÄĚ y ‚Äúnet metering‚ÄĚ- siguen empantanados por la multiplicidad de requisitos t√©cnicos y administrativos que la AEE le ha impuesto a estos abonados que pueden producir electricidad m√°s barata que esa agencia. Que le pregunten a la Autoridad de Acueductos qu√© pasa cuando un cliente trata de producir su propia electricidad e independizarse de la AEE.

Y ese es el meollo del asunto: mientras la Autoridad sea juez y parte del sistema eléctrico muy poco va a cambiar y permaneceremos a merced de sus caprichos. Puerto Rico es uno de los raros lugares en el mundo donde permisología, reglamentación e imposición de tarifas que rigen la industria eléctrica está en manos del propio organismo que produce, transmite y vende electricidad: un organismo que en nuestro caso controla el sistema a través de un monopolio poco transparente que se regula a sí mismo.

Para llegar a ese futuro de electricidad barata con tecnolog√≠a de punta enlazada a un red caribe√Īa hay que reformar el marco regulatorio. Es preciso crear un ente externo a la Autoridad -independiente del partidismo, el clientelismo, y los intereses creados- que establezca las reglas de juego de forma transparente; que se asegure de que la Autoridad cumple con la pol√≠tica energ√©tica; que garantice que va m√°s all√° de sus promesas y enlaza otros productores a su red; que incorpora las tecnolog√≠as m√°s limpias a los precios m√°s baratos posibles, y que le pasa ahorros y eficiencias a los abonados sin f√≥rmulas repletas de trucos.

De lo contrario, los mismos que se han aferrado al statu quo nos har√°n dar vueltas y m√°s vueltas. Y la visita del expresidente se quedar√° en buenas intenciones y grandes ideas.