Las trampas de la austeridad

Las trampas de la austeridad

Publicado el 4 de junio de 2017

Deepak portrait
Director de Investigación
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Dicen que las crisis no se pueden desperdiciar pues sirven para tomar acción sobre asuntos neurálgicos que usualmente no se atienden de manera adecuada. También se pueden aprovechar para esclarecer cuestiones que resultan escabrosos, difíciles de comprender y también de solucionar. En nuestro caso, el terrible panorama fiscal y económico que enfrentamos nos ha obligado a tratar de entender y atender el tremendo lío en el cual nos encontramos. Esto no es poca cosa. Nuestros embrollos son bastante complejos y aunque parece que algo se ha aprendido, todavía hay temas, como los recortes presupuestarios y otros ajustes fiscales, que se malinterpretan y manipulan con facilidad.

A pesar de que se ha escrito bastante sobre este asunto, a√ļn quedan profundos vac√≠os de comprensi√≥n. En numerosas ocasiones he escuchado a empresarios, pol√≠ticos y otros comentaristas plantear, con convicci√≥n y autoridad, que nos endeudamos demasiado porque se nos fue la mano con el gasto gubernamental, y ahora, para solucionar el entuerto, tenemos que hacer lo opuesto: cortar el presupuesto estatal hasta que recobremos nuestra salud fiscal. Es un argumento llamativo, en parte, porque esboza una relaci√≥n directa y positiva entre el recato y el bienestar, pero no parece sostenerse ante la evidencia emp√≠rica y los mejores postulados macroecon√≥micos. Seg√ļn numerosos an√°lisis, las econom√≠as maltrechas no se mejoran con recortes sustanciales al gasto p√ļblico. De hecho, sucede todo lo contrario: la austeridad en tiempos de vacas flacas, especialmente cuando el sector privado carece de dinamismo, tiende a empeorar el panorama.

Quiz√°s un ejemplo que reci√©n me relat√≥ el colega y experto en temas de deuda p√ļblica Mart√≠n Guzm√°n nos ayuda a entender esto mejor. Pensemos en una taxista cuyos ingresos principales provienen del servicio de transporte que ofrece. Ante un per√≠odo de estrechez econ√≥mica, se ve obligada a ajustarse la correa: come menos fuera de su casa, aplaza algunos arreglos en el hogar, se recorta el pelo con menos frecuencia, y as√≠ por el estilo. Aunque ha realizado numerosos arreglos presupuestarios, la situaci√≥n no mejora, porque la mesera, el ferretero y la peluquera, que ven sus ingresos reducirse por la prudencia de la transportista, deciden cortar gastos tambi√©n, incluyendo tomar menos viajes en taxi. Todos siguen aparent√°ndose el cintur√≥n, los ingresos siguen bajando, pero a√ļn quedan gastos esenciales y deudas que pagar. Eventualmente, la transportista no cuenta con suficientes pasajeros para cubrir sus obligaciones financieras, y tiene que vender el taxi. Atrapada en un c√≠rculo vicioso, ha perdido su calidad de vida y el negocio que le daba de comer.

Lamentablemente, la espiral nociva antes descrita no es un mero ejemplo hipot√©tico. Existen numerosos casos, a nivel de pa√≠ses, donde la imposici√≥n de la austeridad ha cavado un hoyo m√°s profundo y dif√≠cil de rebasar. En Grecia, los acreedores y las instituciones europeas llevan a√Īos exigiendo que se aplique un programa de severos recortes al gasto p√ļblico, mediante la aplicaci√≥n de condiciones estrictas para aprobar ciertos pr√©stamos. El impacto ha sido tr√°gico. Desde el 2008 hasta la fecha, la econom√≠a griega ha ido en picada; han perdido una cuarta parte de su Producto Interno Bruto (PIB) y la tasa de desempleo se mantiene por encima del 20 por ciento. Los residentes de Grecia han vivido en carne propia lo que muchos en la isla no logran entender: no hay tal cosa como ‚Äútocar fondo‚ÄĚ cuando se desciende aceleradamente por el risco de la austeridad.

Peor a√ļn, una ca√≠da econ√≥mica tan estrepitosa contribuye a que la carga de la deuda se torne m√°s insoportable. Cuando aumenta lo que se debe ‚ÄĒy hasta cuando se queda igual‚ÄĒ mientras se achica la econom√≠a, la proporci√≥n entre deuda y producci√≥n nacional se dispara y las aguas fiscales suben del cuello a las narices. Esto est√° sucediendo en Grecia, y en los pr√≥ximos a√Īos, ac√° enfrentaremos un panorama muy similar.

Esta no es una premonici√≥n infundada, pues los n√ļmeros del plan fiscal que someti√≥ el gobierno de Puerto Rico y aprob√≥ la Junta de Control Fiscal (JCF) afirman que la econom√≠a seguir√° cayendo durante la pr√≥xima d√©cada. Esto se debe, en gran parte, a que las medidas que buscan aumentar impuestos y reducir gastos p√ļblicos tendr√°n considerables impactos negativos, y por buen rato. Si cae la econom√≠a y no se reduce el monto de lo que se tom√≥ prestado, la proporci√≥n de deuda a producci√≥n nacional bruta (Deuda/PNB) podr√≠a aumentar de 104% en el 2017, a 141% en el 2026. En otras palabras, si se sigue la ruta oficialista a la austeridad y no nos quitamos parte de la deuda de encima, estaremos mucho peor que hoy en d√≠a.

Ciertamente, algo se puede hacer para no seguir avanzando por el desbarrancadero. Por una parte, resulta imprescindible abogar por una reducción del principal adeudado. Pero determinar cuánto quitar requiere análisis precisos y creíbles que demuestren cómo una reestructuración de la deuda nos ubica en una mejor trayectoria hacia el futuro. Actualmente, estamos trabajando en un estudio que examina detalladamente el plan fiscal de Puerto Rico y ofrecerá propuestas específicas para atender este ángulo de la crisis.

Articular políticas sensatas con respecto al gasto y la deuda es una gestión sumamente necesaria, pero no es suficiente. Aun eliminando todas nuestras obligaciones con los bonistas, no salimos del atolladero porque carecemos de una estrategia de desarrollo que nos ayude a generar oportunidades económicas y aumentar el bienestar nacional. Atender esta apremiante necesidad es la tarea principal de la recién creada Comisión de Crecimiento del CNE.

El estado juega un rol indispensable en la articulaci√≥n y puesta en marcha de proyectos de desarrollo. Tomando esto en cuenta, uno de los temas de inter√©s de la Comisi√≥n es descifrar c√≥mo mejorar el funcionamiento y desempe√Īo de nuestro sector p√ļblico. Sin lugar a dudas, el despilfarro, los malos manejos y la corrupci√≥n han minado la capacidad y efectividad de nuestras instituciones gubernamentales. Pero estos problemas no desaparecer√°n achicando el aparato estatal a trav√©s de privatizaciones y machetazos presupuestarios. Tenemos que evadir las trampas de la austeridad, y repensar cr√≠ticamente el rol del gobierno para poder mejorarlo, robustecerlo y as√≠ asegurarnos que nos ayuda a recobrar el crecimiento.

Esta columna fue publicada originalmente en El Nuevo Día el 4 de junio de 2017.