Conferencia Anual 2012 – Actas del evento

La Conferencia Económica Anual 2012 del Centro para una Nueva Economía se celebró el 17 de febrero en el Hotel La Concha en San Juan, Puerto Rico.

Miguel A. Soto-Class, Presidente de CNE, estuvo a cargo del mensaje de apertura y Richard M. Locke, profesor de ciencias pol√≠ticas y de administraci√≥n y director del departamento de ciencias pol√≠ticas del Massachusetts Institute of Technology, present√≥ la ponencia principal “Adversity Breeds Opportunity: ‚ÄúTrust‚ÄĚ and the Social Infrastructure Underlying Successful Entrepreneurial Clusters”. Adem√°s, Sergio M. Marxuach, Director de Pol√≠tica P√ļblica de CNE, present√≥ su charla ‚ÄúLa desigualdad y el crecimiento econ√≥mico sustentable‚ÄĚ y Harold J. Toro, Director de Investigaciones de CNE, present√≥ su charla “La confiabilidad social y la desigualdad econ√≥mica en Puerto Rico”. Finalmente, el licenciado Efr√©n Rivera Ramos estuvo a cargo del mensaje de cierre.

A continuación se incluyen los mensajes de apertura y cierre en su totalidad, así como la ponencia principal y presentaciones económicas.

Por: Miguel A. Soto-Class
Presidente, Centro para una Nueva Economía

Buenos d√≠as y bienvenidos a la Conferencia Econ√≥mica 2012 del Centro para la Nueva Econom√≠a. Es un privilegio tenerlos a ustedes aqu√≠ con nosotros. El Centro para la Nueva Econom√≠a desde que se fund√≥ hace catorce a√Īos, tiene como su misi√≥n crear una econom√≠a en Puerto Rico que sea amplia, robusta y balanceada. Buscamos lograr esa meta a trav√©s de una voz de alto rigor acad√©mico, de alta credibilidad institucional, y de estricta independencia de criterio.

Pero además de esta importante encomienda, también somos centinelas en constante vigilancia alertando a nuestro pueblo sobre peligros en el horizonte. Lo hicimos con el costo de energía, lo hicimos con la mermante participación laboral, lo hicimos con la creciente deuda del gobierno, y hoy, lo hacemos con el preocupante tema de la desigualdad económica.

Esto de ser centinela ni es f√°cil ni es muy compensado. Me recuerda el cuento del muchacho que pasaba diariamente de camino a su oficina a una viejita que vend√≠a bizcochitos a peso de un carrito ambulante. Todos los d√≠as el muchacho pasaba por el carrito de la viejita y todos los d√≠as le dejaba un peso, pero nunca cog√≠a un bizcochito. As√≠ fue por tres a√Īos hasta que un d√≠a cuando el muchacho pasa y le deja el acostumbrado d√≥lar, la viejita, que nunca le hab√≠a hablado, se le queda mirando y le dice, ‚Äúoye, ahora son a $1.25‚Ķ‚ÄĚ

Ciertamente hablar de la desigualdad económica es incómodo, pero mira a donde nos ha llevado la comodidad. Puerto Rico ha perdido el 12% de su economía, el 18% de sus empleos y el 2% de su población. La evidencia es clara: los países con altos niveles de desigualdad tienen mucha más posibilidad de caer en crisis fiscal y mucho menos posibilidad de sostener crecimiento económico. Si viviéramos en una economía rica, el tema de la desigualdad económica podría verse como otro más dentro del conjunto de las altas aspiraciones de la sociedad. Pero en una economía pobre como la de Puerto Rico, este tema cobra una relevancia más importante e inmediata porque sabemos que la desigualdad impide nuestro desarrollo y frena nuestro crecimiento económico.

Quiero ser meridianamente claro que hablar de la desigualdad económica no es igual que hablar de lucha de clases sociales o de los ricos versus los pobres. De lo que se trata es que cuando un nivel exagerado de recursos se concentra en las esferas de arriba, la clase media no tiene suficiente capacidad de consumo para mantener la economía a flote, excepto a través de la deuda. Y los efectos que eso provoca nos afectan a todos. Al contrario, lo que queremos provocar es un circulo virtuoso, donde una creciente clase media tenga la capacidad de consumir más bienes y servicios, lo que a su vez crea más empleos, lo cual provoca más demanda, mercados más desarrollados y comunidades más saludables.

Esperamos que una gran parte de la reacción a los temas de hoy sea querer saber cuál es la solución y qué podemos hacer para enfrentar este reto. Como muchos de ustedes saben, mi mensaje por mucho tiempo ha sido que el problema de Puerto Rico no es la falta de ideas sino la incapacidad de ejecutar las que tenemos. Por eso, en parte, hoy también hablaremos sobre el tema de confianza, o social trust, una pieza clave para poder lograr la ejecución de esas ideas.

Curiosamente, y hablando de soluciones, Michael Lewis, el reconocido autor de Moneyball, Liar’s Poker y The Blindside, en su más reciente libro sobre la crisis financiera global, Boomerang, habla sobre el restablecimiento económico reciente en países como Irlanda e Islandia y explica que un componente crucial en el resurgir de ambos países ha sido lo dispuestos que han estado ambos países en aceptar fríamente la gravedad de sus problemas y no mentirse a si mismos sobre su severidad. Una lección que debemos asimilar en nuestra isla.

Nuestro orador principal hoy es Richard Locke, quien ha sido partícipe de unos proyectos muy interesantes en lugares como Brasil e Italia, sociedades latinas parecidas a la nuestra en muchos aspectos. Leyendo sus libros me di cuenta que sus experiencias en esos lugares son de mucha relevancia para Puerto Rico, particularmente cómo se logran acuerdos y convergencias entre actores en momentos de crisis económica, y por eso lo invité a ser parte de nuestra reunión anual.

Como habr√°n visto, este a√Īo cambiamos un poco el formato de la conferencia para permitir mayor participaci√≥n de ustedes, la audiencia, particularmente en la discusi√≥n sobre soluciones. Tambi√©n le ped√≠ a mi gran amigo Efr√©n Rivera Ramos, quien adem√°s de ser abogado y catedr√°tico es poeta y escritor, que nos ayudara al final de la conferencia a enfrentar ese sentido de, ¬Ņy ahora qu√©? el cual siempre desciende como neblina luego de una potente tormenta de ideas.

Hace un tiempo atr√°s mi gran amigo Miguel Antonio Ferrer acu√Ī√≥ una frase la cual yo he adoptado y utilizado en muchas ocasiones: en Puerto Rico lo √ļnico que hay para repartir es pobreza. Sin embargo, igual pienso, y no me cabe duda de que aqu√≠ todos estar√≠amos de acuerdo, que es mejor para los de arriba tener una parte menor de una econom√≠a en crecimiento que una parte mayor de una econom√≠a muerta.

Como la mayor√≠a de ustedes saben de primera mano, los hijos son una fuente diaria y constante de muchas cosas: frustraciones, alegr√≠as, males ratos y bendiciones. Hace un tiempo atr√°s mi hija Ceci, que ahora tiene siete a√Īos, me dijo que iba a llevar su dinero de cumplea√Īos al banco. Yo me alegr√© pues pens√© que era para ahorrarlo pero ella me dijo que no, que lo iba a llevar al banco para pedirles que le dieran m√°s. Y mi otra nena, Bea, que ahora tiene nueve a√Īos, me dijo hace poco que ella no quer√≠a una cuenta de ahorro, ella quiere de las que se gastan‚Ķ

Como ver√°n, a mi no me queda otra opci√≥n que no sea dejarle de herencia a mis hijas una econom√≠a fuerte y pr√≥spera en la cual ellas puedan desarrollarse a plenitud y como ellas se merecen. Ay√ļdenme con eso.

Muchas gracias.

Adversity Breeds Opportunity: ‚ÄúTrust‚ÄĚ and the Social Infrastructure Underlying Successful Entrepreneurial Clusters ‚Äď Richard M. Locke | MIT

La desigualdad y el crecimiento econ√≥mico sustentable ‚Äď Sergio M. Marxuach | Director de Pol√≠tica P√ļblica, Centro para la Nueva Econom√≠a

La confiabilidad social y la desigualdad econ√≥mica en Puerto Rico ‚Äď Harold J. Toro | Director de Investigaciones, Centro para la Nueva Econom√≠a

Por: Efrén Rivera Ramos
Profesor de Derecho, Pasado Decano
Universidad de Puerto Rico, Facultad de Derecho

Felicito al Centro para la Nueva Econom√≠a por dedicar esta conferencia a los temas de la desigualdad econ√≥mica y la confianza p√ļblica. Agradezco que me hayan invitado a participar en esta importante discusi√≥n. Me han pedido que formule una s√≠ntesis y reflexi√≥n final sobre los temas que se han discutido durante la ma√Īana de hoy. Ambas tareas me parecen muy delicadas. En primer lugar, es dif√≠cil resumir la riqueza de ideas y planteamientos que hemos escuchado. En segundo lugar, no es posible sustituir con mi reflexi√≥n las de cada uno y cada una de ustedes, que, a fin de cuentas, son las que m√°s importan. Tratar√© de cumplir mi encomienda lo mejor que pueda.

Creo que debemos comenzar agradeciendo al profesor Richard Locke el mensaje de optimismo que nos ha tra√≠do. Sus palabras confirman que el cambio es posible. El profesor Locke nos ha presentado una perspectiva sumamente interesante sobre el tema de la confianza (o ‚Äútrust‚ÄĚ). Parece ser que la confianza es una variable importante para impulsar el desarrollo, aun en aquellos lugares, y sobre todo en aquellos lugares, en que no existen instituciones fuertes. En este sentido cuestiona el sentido com√ļn prevaleciente sobre la indispensabilidad de las instituciones ‚Äď o por lo menos ciertas instituciones ‚ÄĒ para el crecimiento econ√≥mico. Utiliza los ejemplos del Sur de Italia y el Norte de Brasil para sustentar su planteamiento.

Como bien se√Īala, lo que no es indispensable ‚Äď es decir, lo que puede ser prescindible ‚Äď son ciertas instituciones que asociamos tradicionalmente con lugares como los Estados Unidos o los pa√≠ses de mayor desarrollo econ√≥mico. En el caso de los pa√≠ses o regiones emergentes habr√≠a que plantearse si lo que sucede es que est√°n generando sus propias instituciones ‚Äď es decir, un conjunto de normas y pr√°cticas que todav√≠a no podemos tipificar por ser precisamente emergentes. Si ese fuera el caso, entonces no es que las instituciones no sean importantes, sino que las concebidas hasta ahora como esenciales no lo son tanto. Ello invitar√≠a, pues, a ejercicios de creatividad por parte de nuestras comunidades empresariales as√≠ como al esfuerzo consciente por aprender de esos nuevos d√≠namos de actividad econ√≥mica que √©l bien ha identificado.

Su segundo planteamiento es todav√≠a m√°s estimulante: esto es, la proposici√≥n de que la confianza puede construirse. Yo me apunto a esa perspectiva, pues en diversas instancias de mi experiencia personal y profesional, he tenido pruebas fehacientes de ello. Me parece que su propuesta genera mucha esperanza, sin dejar de reconocer que la creaci√≥n de confianza es asunto dificultoso y complicado por dem√°s, sobre todo si el entorno pol√≠tico, social y cultural se empe√Īa en destruirla de diversos modos.

A la luz de estudios, literatura e informes recientes, Sergio Marxuach, por su parte, nos ha invitado a repensar la relaci√≥n entre desigualdad y crecimiento. Plantea que la desigualdad puede ser perjudicial para el crecimiento econ√≥mico en la medida que afecta variables como el consumo, el acceso a la educaci√≥n, el desempe√Īo escolar de los ni√Īos, el endeudamiento, la especulaci√≥n, la estabilidad pol√≠tica, la incidencia de enfermedades mentales, la expectativa de vida, la mortalidad infantil, la obesidad, la incidencia de embarazos entre adolescentes, los homicidios, la tasa de encarcelaci√≥n, la movilidad social y los niveles de confianza social, entre otros. De este planteamiento surge, pues, que hay una correlaci√≥n directa e indirecta no s√≥lo entre la desigualdad y el desarrollo, sino entre la desigualdad y la calidad de vida. Su presentaci√≥n incluy√≥ sugerencias valiosas sobre qu√© hacer, que debemos tomar en cuenta seriamente.

Ello tiene, por supuesto, serias implicaciones para la pol√≠tica p√ļblica y para los objetivos y planes de los organismos dedicados a promover el desarrollo de una forma u otra. De ser esto as√≠, todos ‚ÄĒ el estado, la empresa privada, las iglesias, los organismos dedicados a la filantrop√≠a, las organizaciones y movimientos sociales, las universidades, los institutos de investigaci√≥n y los ciudadanos ‚Äď tenemos el reto de asumir el tema de la desigualdad como asunto crucial a atender en nuestros planteamientos, planes y acciones. Esta conferencia es ya una contribuci√≥n en esa direcci√≥n. Debemos darle seguimiento en los foros y espacios m√°s diversos. Me parece que si salimos de aqu√≠ con ese compromiso habremos dado un paso de avance.

Harold Toro retoma el tema de la confianza. Nos expone los resultados de su examen de los datos de una encuesta que mide los niveles de confianza prevalecientes en nuestra comunidad en cuanto a diversos asuntos. Aunque los resultados varían por renglón, encuentra que, en general, en nuestra comunidad hay altos niveles de desconfianza en los demás y en algunas de nuestras instituciones. Relaciona, además, estos problemas de confiabilidad con el tema de la desigualdad.

Su presentaci√≥n me sugiere algunas preguntas: ¬ŅQu√© costo econ√≥mico tiene la desconfianza? ¬ŅPuede medirse ese costo? ¬ŅQu√© costos sociales, pol√≠ticos y culturales le acompa√Īan? ¬ŅQu√© relaci√≥n tiene la confianza con la calidad de vida? ¬ŅCu√°nto contribuye la desconfianza social a la inestabilidad pol√≠tica, variable que, como sabemos, puede afectar el crecimiento?

Los datos presentados por Harold parecen indicar que existe un alto grado de desconfianza entre los diversos sectores sociales en Puerto Rico. Si ello fuera as√≠, ¬Ņcu√°les ser√≠an sus efectos? ¬ŅCu√°nto contribuye la violencia a la generaci√≥n de desconfianza? ¬ŅEn qu√© medida es la desconfianza social una de las causas de la violencia extrema que vive el pa√≠s? ¬ŅCu√°nto afecta esa violencia el crecimiento y el desarrollo? ¬ŅEn qu√© medida la desconfianza inter-sectorial, de existir, contribuye a generar m√°s desigualdad? ¬ŅHasta qu√© punto la desigualdad genera desconfianza social? ¬ŅEn qu√© grado la desconfianza, a su vez, genera desigualdad? ¬ŅSe trata de una relaci√≥n dial√©ctica, que bien puede conducir a un c√≠rculo vicioso o a un callej√≥n sin salida, o por lo menos sin salida f√°cil?

Debe recordarse, por otro lado, que las crisis institucionales son en buena medida crisis de confianza. Ello ocurre con el sistema pol√≠tico, el sistema de justicia, el sistema bancario, entre otros. Como sabemos, las crisis institucionales causan inestabilidad, inseguridad, o en casos extremos conflictos insalvables, que, a su vez, pueden ponerle freno al desarrollo. Aqu√≠ de nuevo, la conferencia de Richard Locke nos anima, pues quiz√°s de lo que se trata es de dar con instituciones nuevas y de empe√Īarse en crear nuevas confianzas.

El panel que reaccion√≥ a las ponencias de Locke, Marxuach y Toro produjo una gran diversidad de ideas y planteamientos. Me limitar√© a comentar tres que me llamaron particularmente la atenci√≥n. Comienzo por el se√Īalamiento sobre la estigmatizaci√≥n. Es cierto, como se indic√≥, que en Puerto Rico en ocasiones se pretende estigmatizar a las personas que tienen √©xito econ√≥mico. Pero la estigmatizaci√≥n social en nuestro pa√≠s transcurre en muchas direcciones, no en una sola. As√≠, por ejemplo, se estigmatiza a los trabajadores, a los sindicatos, a los estudiantes, a los que protestan, a los acad√©micos. En fin, hay estigmatizaci√≥n de sobra. Nos vendr√≠a bien a todos bajar esos niveles de demonizaci√≥n de los dem√°s, pues ello tiene todo que ver con la posibilidad de escalar nuevos y m√°s altos pelda√Īos de confianza colectiva.

Lo anterior está vinculado con otra propuesta que pareció dominar la discusión del panel: la necesidad del diálogo, sobre todo el diálogo entre los diversos sectores sociales. Hay que recordar que, para ser efectivo, el diálogo ha de apoyarse en la confianza. Y, a su vez, la creación de confianza requiere del diálogo. De modo que estamos ante dos fenómenos que se nutren recíprocamente. Sin confianza no puede haber diálogo efectivo. Y sin diálogo no podemos hacer crecer la confianza.

En tercer lugar, me interes√≥ de modo particular que la joven estudiante Marta Irene nos llamara la atenci√≥n a la necesidad de recompensar adecuadamente el esfuerzo de todos y todas. Su se√Īalamiento apunta hacia el hecho de que las desigualdades econ√≥micas extremas, manifestadas, por ejemplo, en los bajos salarios, pueden ser una fuente de desconfianza social dif√≠cil de superar. Igual sucede cuando se vulnera el principio del m√©rito, digamos en el empleo p√ļblico. En la medida que los esfuerzos meritorios no se ven recompensados a la vez que se beneficia, por razones ileg√≠timas, a quienes no lo merecen tanto, en ese mismo grado se mina la confianza colectiva en las instituciones econ√≥micas y pol√≠ticas vigentes.

Quiero a√Īadir algunos acotamientos sobre este tema de la confianza. Me parece que el fen√≥meno de la confianza p√ļblica tiene por lo menos cuatro dimensiones. Como ha se√Īalado el soci√≥logo brit√°nico Anthony Giddens, las sociedades contempor√°neas, caracterizadas por un alto grado de especializaci√≥n de funciones, est√°n basadas en la posibilidad de la existencia de la confianza. Se refiere Giddens a la confianza necesaria en las capacidades de los dem√°s para que una sociedad compleja pueda operar. As√≠, por ejemplo, cada vez que abordamos un avi√≥n confiamos que el piloto sabe conducirlo, que los mec√°nicos lo han examinado adecuadamente, que los instrumentos han sido calibrados con eficiencia, que los que dirigen el tr√°fico a√©reo han sido debidamente adiestrados y saben lo que hacen, y as√≠ sucesivamente. Los ejemplos son infinitos. Sin este tipo de confianza en la capacidad de los dem√°s para realizar lo que les corresponde no pueden desenvolverse las sociedades complejas. Esto, por supuesto, tiene una relaci√≥n estrecha con la voluntad, capacidad y recursos que tenga la sociedad para capacitar, a su vez, a quienes han de llevar a cabo todas esas operaciones en cuya eficiencia confiamos los usuarios. Es decir, tiene todo que ver con la educaci√≥n, que fue otro de los temas que perme√≥ la discusi√≥n del panel de esta ma√Īana. Las desigualdades en acceso a la educaci√≥n y las deficiencias en la educaci√≥n que se recibe frenan las posibilidades de desarrollo hacia esos altos niveles de complejidad que las sociedades contempor√°neas requieren. Por eso hay sociedades en las que el p√ļblico conf√≠a m√°s en sus pilotos y mec√°nicos de avi√≥n que en otras. He ah√≠ otra conexi√≥n entre confianza y desigualdad.

Pero, adem√°s de este sentido de la confianza social al que se refiere el soci√≥logo brit√°nico, hay otro que tambi√©n afecta las operaciones de una sociedad. Se trata de la confianza (o desconfianza) en la integridad de los operadores. Por ejemplo, cuando un cliente deposita su dinero en un banco, lo hace con la confianza de que el due√Īo o el empleado del banco no se quedar√° con √©l para beneficio propio. Igualmente, cuando se le ofrece informaci√≥n personal al Departamento de Obras P√ļblicas, al Departamento de Salud o a la escuela donde estudian los hijos, se hace con la confianza de que sus funcionaros no habr√°n de utilizar esa informaci√≥n con fines fraudulentos o para hacerle da√Īo a quien la brinda. Cuando se aborda nuestro consabido avi√≥n, se hace con la confianza de que el piloto no est√° a sueldo de una banda de piratas que lo habr√°n de secuestrar para extorsionar a los pasajeros o a sus familiares. Los ejemplos, nuevamente, se multiplican.

La confianza social en la integridad de los demás (uno de los asuntos que la encuesta analizada por Harold trata de medir) es, pues, indispensable para el funcionamiento eficiente de la vida económica, social, cultural y política de la comunidad. Es por ello que la corrupción, generadora también de desigualdades, corroe tanto la vida en comunidad.

Pero hay todavía un tercer contenido de la confianza social. Se trata de la confianza en el sentido de responsabilidad de aquellos con quienes contratamos, trabajamos o nos relacionamos de un modo u otro. Así, confiamos en que el controlador de tráfico aéreo será responsable y no se quedará dormido en la torre de control, en que el profesional con quien hemos contratado un servicio habrá de prestarlo a tiempo, en que el policía a quien le hemos hecho llegar una querella sobre un asunto habrá de tramitarla debidamente. Nuevamente, las sociedades podrían caracterizarse por el grado en que esa confianza se honre con regularidad.

La cuarta dimensi√≥n de la confianza p√ļblica es aquella a la que el profesor Locke hizo referencia en su conferencia. Es la confianza del ciudadano de que tendr√° una oportunidad justa de que sus asuntos ser√°n resueltos conforme a criterios leg√≠timos y equitativos. Por ejemplo, en el sistema de justicia es importante que los litigantes tengan la sensaci√≥n de que tendr√°n una oportunidad justa de que sus reclamos se adjudiquen con arreglo a criterios basados en el derecho y la justicia y no en consideraciones pol√≠tico-partidistas, de sectarismo religioso o de amiguismo. En el orden gubernamental, los licitadores de contratos con el gobierno deben poder descansar en que sus propuestas recibir√°n la consideraci√≥n debida y que las determinaciones al respecto no se basar√°n en factores espurios. La erosi√≥n de todos esos sentidos de la confianza social debe tener costos sociales y econ√≥micos que son muy dif√≠ciles de medir, pero que uno intuye que son reales.

Ahora, si me lo permiten, quisiera volver al tema de la desigualdad. Por razones que tienen que ver con los objetivos primordiales del Centro para la Nueva Econom√≠a, el √©nfasis en estas presentaciones ha sido en la desigualdad econ√≥mica. Se trata de un asunto crucial, obviamente. Pero, a modo de colof√≥n quisiera recalcar algo que todos sabemos. Y es que no todas las desigualdades son iguales. Hay distintos tipos de desigualdad, con las que, a su vez, la desigualdad econ√≥mica puede converger. As√≠, hay desigualdades basadas en el sexo o g√©nero, la orientaci√≥n sexual, la raza, la etnia, el idioma, el acento, el origen nacional o social, las ideas pol√≠ticas o religiosas, las capacidades (o limitaciones) f√≠sicas o mentales, la edad, la apariencia o el estado civil, entre otras. La adscripci√≥n a cualquiera de esas categor√≠as puede generar experiencias de desigualdad social, econ√≥mica, pol√≠tica o cultural. Todas ellas, adem√°s de dimensiones econ√≥micas, suelen tener profundas ra√≠ces sociales, culturales e ideol√≥gicas. Por ejemplo, el ni√Īo pobre que recibe una beca para ir a una escuela privada ubicada en un sector de gente muy adinerada, puede tener acceso formal a una educaci√≥n de excelencia, pero las actitudes con que se le reciba y trate ‚Äď sobre todo si est√°n permeadas por el prejuicio social ‚Äď pueden terminar minando su desempe√Īo acad√©mico. Igual puede ocurrir con la mujer que se incorpora a un campo laboral tradicionalmente dominado por los hombres ‚Äď si las condiciones, las exigencias y el ambiente de trabajo han sido dise√Īados con el var√≥n como modelo del trabajador t√≠pico, la inserci√≥n de la mujer en ese mundo laboral se har√° por fuerza en condiciones de desigualdad. Por ello, el tratamiento de esas otras desigualdades requiere atenci√≥n a la multiplicidad de factores que las originan y las reproducen. Pueden exigir, tambi√©n, pol√≠ticas, medidas y soluciones de diverso orden.

Cuánto pueden incidir estas otras desigualdades en el desarrollo es una agenda de investigación que plantea retos particulares. En algunos países se han hecho estudios en relación con el género y la raza en este sentido, pero en nuestro país queda mucho por hacer en cuanto a esas y las demás categorías de exclusión mencionadas. Y eso, lo mucho que queda por hacer, es lo que debe estimularnos.

Encuentros como este, y otros que se suscitan con frecuencia, generan la esperanza de que hay en Puerto Rico la masa cr√≠tica suficiente para producir el conocimiento y la voluntad necesarios para enfrentar los serios problemas de igualdad, crecimiento, desarrollo y calidad de vida que nos afligen. En √ļltima instancia, lo que se nos ha planteado hoy tiene todo que ver con el tipo de comunidad que queremos construir y en la que queremos vivir y el tipo de experiencia social que queremos legar a nuestros descendientes.

Creo que a nombre de todos nosotros puedo expresar nuestro agradecimiento al Centro para la Nueva Economía y sus colaboradores por esta magnífica oportunidad.

Muchas gracias.