Weekly Review – 15 octubre 2020

Publicado el 15 de octubre de 2020 / Read in English

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Weekly Review
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Estimados lectores:

Esta semana le damos la bienvenida a una querida amiga, Jennifer Wolff, a la familia de CNE. Despu√©s del hurac√°n Mar√≠a, Jennifer se dedic√≥ a terminar su doctorado en historia del Caribe de los siglos XVI y XVII. Luego de finalizar esa tarea con su habitual y acostumbrada excelencia, ahora regresa a CNE; esta vez para traernos su perspectiva sobre asuntos globales que analiza utilizando su punto de vista desde Madrid. Por favor, √ļnanse a m√≠ para darle la bienvenida. Sabemos que encontrar√°n que sus contribuciones al Weekly Review ser√°n tanto profundas como reveladoras.

Tambi√©n continuamos nuestra serie Focus 2020, con una mirada a la pol√≠tica industrial en Puerto Rico. Aunque Puerto Rico se enfrenta a muchos problemas urgentes a corto plazo, como la reestructuraci√≥n de la deuda, la reconstrucci√≥n de la infraestructura da√Īada por el hurac√°n Mar√≠a y la pandemia de COVID-19, es importante empezar a pensar en pol√≠ticas a mediano y largo plazo para sostener el crecimiento econ√≥mico. Esperamos que nuestra mirada al tema de pol√≠tica industrial impulse ese proceso.

‚ÄĒSergio M. Marxuach, editor

Un mensaje del presidente y fundador

Queridos amigos y colaboradores,

Hoy es un d√≠a muy especial para CNE ya que damos la bienvenida a nuestra facultad a Jennifer Wolff, Ph.D. como directora del Bur√≥ de CNE con sede en Madrid, Espa√Īa.

Una parte vital de la misión de CNE siempre ha sido mantener una perspectiva global y aspirar a estándares de clase mundial tanto para nosotros como organización como para Puerto Rico. Esta nueva expansión ampliará nuestro campo de conocimientos y recursos y mejorará nuestro alcance global.

Una nueva riqueza y profundidad de conocimiento, an√°lisis y experiencia estar√°n disponibles para Puerto Rico con la presencia de CNE en San Juan, Washington, D.C. y Madrid. Adem√°s, esta nueva adici√≥n refuerza la red y las capacidades de pol√≠tica p√ļblica de CNE en un momento en que nos enfrentamos a un mundo r√°pidamente cambiante, interconectado y globalizado.

Al aprovechar ambos lados del Atl√°ntico como fuentes de conocimiento, CNE est√° nuevamente elevando los est√°ndares. Mantenerse al tanto de las tendencias mundiales y tener m√ļltiples puntos de vista permitir√° a CNE desarrollar ideas innovadoras para transformar la base econ√≥mica, social e institucional de nuestra isla e impulsar nuestra labor como el Think Tank de Puerto Rico.

Miguel A. Soto-Class, presidente y fundador

An√°lisis de CNE

Europa: Transformación en tiempo de pandemia

Por Jennifer Wolff, Ph.D., directora, Buró de Madrid

Espa√Īa apostar√° a la econom√≠a verde y a la transformaci√≥n digital tras el azote del COVID-19. Con m√°s de 860-mil contagios detectados y 33-mil muertes contabilizadas a mediados de octubre, la pandemia ha golpeado fuertemente al pa√≠s: el Banco de Espa√Īa estima que la econom√≠a espa√Īola decrecer√° entre 10.5% y 12.6% durante 2020 ¬†y que registrar√° una de las ca√≠das m√°s graves entre las econom√≠as avanzadas.

El Plan de Recuperaci√≥n, Transformaci√≥n y Resiliencia ¬†presentado recientemente por el Presidente Pedro S√°nchez (PSOE) le da forma a una pol√≠tica de gastos expansiva que pretende guiar los presupuestos estatales por los pr√≥ximos siete a√Īos.¬† El mismo contempla diez ‚Äúpol√≠ticas palanca‚ÄĚ, entre las que se encuentran la digitalizaci√≥n y la descarbonizaci√≥n de la econom√≠a, la renovaci√≥n del capital tecnol√≥gico, la internacionalizaci√≥n del tejido empresarial, la integraci√≥n a corredores de transporte europeos, el desarrollo de interconexiones energ√©ticas con los pa√≠ses vecinos (Francia y Portugal), y la implantaci√≥n de pol√≠ticas sociales que aseguren la integraci√≥n de las mujeres y los sectores precarizados al proceso de transformaci√≥n.

Parte V ‚Äď Pol√≠tica industrial

En una entrevista publicada recientemente por nuestros amigos de Sin Comillas, el profesor Edwin Irizarry Mora afirm√≥ que el actual “estancamiento, [es] producto de las condiciones macroecon√≥micas que siguen estando determinadas por la continuaci√≥n de la depresi√≥n econ√≥mica. Esto se traduce en una capacidad pobre para producir riqueza end√≥gena, con las obvias implicaciones para el empleo, la renta y la producci√≥n de bienes y servicios. Si a esto le a√Īadimos la incapacidad institucional -como tantas veces ha insistido el doctor Francisco Catal√°- para transformar las bases sobre las que opera nuestro sistema econ√≥mico, tenemos la f√≥rmula perfecta para continuar en este abismo, sin esperanza de mejorar en un futuro previsible”.

Tiene raz√≥n. Incluso si dejamos a un lado el da√Īo econ√≥mico causado por los huracanes del 2017, los recientes terremotos y la pandemia COVID-19, est√° claro que la econom√≠a puertorrique√Īa ha padecido un estancamiento secular durante al menos una d√©cada. Esto no quiere decir que la reconstrucci√≥n del acervo de capital da√Īado o destruido por los desastres naturales, o proveerle asistencia tanto a las empresas como a los hogares afectados adversamente por la pandemia COVID-19, no sean importantes. Sin embargo, esas son condiciones necesarias pero insuficientes para reavivar el crecimiento econ√≥mico de Puerto Rico. Como se√Īala el profesor Irizarry Mora, tenemos que trabajar en mejorar nuestra capacidad an√©mica para producir un crecimiento end√≥geno y en la reforma de nuestras instituciones.

En esta edición de nuestra serie Focus 2020, echamos un vistazo a cómo la implementación de una política industrial moderna podría ayudar en ambos frentes: generar crecimiento endógeno y encaminar reformas institucionales.

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Política industrial en el siglo 21

Por Sergio M. Marxuach, director de Pol√≠tica P√ļblica

En los primeros a√Īos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la pol√≠tica industrial se defini√≥ como cualquier iniciativa gubernamental que (i) estimul√≥ actividades econ√≥micas espec√≠ficas, (ii) promovi√≥ el cambio estructural de actividades de baja productividad a actividades de mayor productividad, y (iii) foment√≥ el cambio de actividades econ√≥micas tradicionales a actividades m√°s din√°micas o ‚Äúmodernas‚ÄĚ.

El argumento tradicional a favor de la política industrial se basaba en el hecho de que el mundo está lleno de fallas de mercado y es necesaria una fuerte intervención gubernamental para superar las trampas de la pobreza. En general, hay dos tipos principales de fallas del mercado. El primer tipo de falla del mercado se refiere a las fallas de coordinación, que ocurren cuando el rendimiento de una inversión depende de si se realiza alguna otra inversión. Por ejemplo, construir un hotel cerca de una hermosa playa puede resultar rentable si alguien construye un aeropuerto. Así, las fallas de coordinación se resuelven tradicionalmente mediante inversiones o garantías gubernamentales directas.

El otro tipo típico de falla del mercado se refiere a la falta de control sobre los flujos de información. Esto ocurre porque el proceso de averiguar cuál es la estructura de costos para la producción de nuevos bienes o servicios está plagado de incertidumbre. El primer actor en moverse descubrirá si algo es rentable o no, y si lo es, será copiado por otros participantes, pero si falla, correrá con la pérdida completa. Por lo tanto, los rendimientos privados son más bajos que los beneficios sociales y los incentivos de mercado para estas actividades son ineficientemente bajos. Las fallas de información generalmente requieren subsidios gubernamentales para promover la inversión en nuevas industrias.

Tradicionalmente, este tipo de pol√≠ticas industriales ha sido objeto de varias cr√≠ticas. Primero, algunas personas argumentan que el fracaso del gobierno es peor que el del mercado. Los gobiernos suelen poner en marcha programas costosos y burocr√°ticos dif√≠ciles de manejar y que son muy dif√≠ciles de modificar o eliminar en el futuro. Adem√°s, dicen estos cr√≠ticos, los gobiernos no son buenos para elegir actividades rentables porque las imperfecciones del mercado rara vez se observan directamente y las pol√≠ticas industriales generalmente las implementan bur√≥cratas que tienen poca capacidad para identificar d√≥nde est√°n las imperfecciones o cu√°n grandes pueden ser. Por √ļltimo, los bur√≥cratas son supervisados por pol√≠ticos propensos a la corrupci√≥n y la cacer√≠a de rentas por parte de grupos poderosos y de presi√≥n. Los partidarios de estas cr√≠ticas argumentan que los gobiernos deber√≠an limitarse a garantizar los derechos de propiedad, hacer cumplir los contratos y brindar estabilidad macroecon√≥mica. El mercado se encargar√° del resto.

Bueno, la realidad no ha tratado bien a estas expectativas. Por un lado, la sustituci√≥n de importaciones, la planificaci√≥n p√ļblica y el capitalismo de estado produjeron algunos √©xitos econ√≥micos, pero cuando se afianzaron y osificaron con el tiempo, finalmente llevaron a fracasos y crisis enormes. Por otro lado, la liberalizaci√≥n econ√≥mica, la desregulaci√≥n y la apertura al comercio y la inversi√≥n beneficiaron las actividades de exportaci√≥n, los intereses financieros y a los trabajadores altamente calificados, pero produjeron tasas de crecimiento muy por debajo de lo esperado; promovieron la cacer√≠a de rentas por parte de elites econ√≥micas bien conectadas; y una desigualdad de ingresos significativamente mayor en todo el mundo.

Nuevas reflexiones sobre la política industrial

Durante la √ļltima d√©cada, varios acad√©micos han desafiado el paradigma tradicional de la pol√≠tica industrial de limitarse a actividades relacionadas principalmente con la soluci√≥n de fallas del mercado y problemas de coordinaci√≥n. De hecho, muchos pa√≠ses est√°n buscando un crecimiento “inteligente” impulsado por la innovaci√≥n, que requiere ciertos tipos de inversiones estrat√©gicas a largo plazo.

Mariana Mazzucato, entre otros, argumentan que ‚Äútales inversiones requieren pol√≠ticas p√ļblicas que apuntan a crear mercados, en lugar de simplemente ‘arreglar’ fallas del mercado (o fallas del sistema)‚ÄĚ. Los pa√≠ses que siguen este camino tienen ‚Äúagencias p√ļblicas [que] no solo ‘eliminaron los riesgos’ del sector privado, sino que tambi√©n abrieron el camino en t√©rminos de dar forma y crear nuevas oportunidades tecnol√≥gicas y escenarios de mercado‚ÄĚ, a la vez que encuentran ‚Äúformas en que los riesgos y las recompensas se pueden compartir para que el crecimiento impulsado por la innovaci√≥n ‘inteligente’ tambi√©n pueda resultar en un crecimiento ‘inclusivo’‚ÄĚ. (Mazzucato, 2015)

Hace unos a√Īos tuve la oportunidad de conocer a uno de esos acad√©micos que est√°n replanteando el campo de la pol√≠tica industrial. Robert Devlin es profesor de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de Johns Hopkins y coautor del libro ‚ÄúBreeding Latin American Tigers: Operational Principles for Rehabilitation Industrial Policies‚ÄĚ (CEPAL/ Banco Mundial, 2011). En este libro, el profesor Devlin presenta un an√°lisis comparativo de las pol√≠ticas industriales implementadas en Australia, Rep√ļblica Checa, Finlandia, Irlanda, Corea del Sur, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur, Espa√Īa y Suecia; identifica principios comunes entre ellos; y propone varias formas de implementar esos principios en Am√©rica Latina.

Primero, es importante aclarar que el significado del t√©rmino “pol√≠tica industrial” se ha expandido desde la era de la posguerra. Ahora generalmente se refiere en t√©rminos generales a un grupo de instituciones, programas y organizaciones p√ļblicas y privadas que trabajan juntas para lograr una transformaci√≥n econ√≥mica en un pa√≠s o regi√≥n determinados.

Además, los objetivos de una política industrial moderna no se limitan a promover la transición de una economía agrícola tradicional a una economía industrial moderna basada en la manufactura, sino que busca identificar sectores económicos, por ejemplo, agricultura de alta tecnología, servicios avanzados o especializados, o manufactura sofisticada, en la que un país tiene la oportunidad de crear mayor valor agregado y así generar crecimiento económico, así como nuevos y mejores empleos.

En este sentido, la pol√≠tica industrial moderna puede describirse como un proceso de descubrimiento y aprendizaje continuo que requiere una estrecha colaboraci√≥n y coordinaci√≥n entre el sector p√ļblico, el sector privado, la academia, los sindicatos y otras organizaciones no gubernamentales, con el fin de generar una estructura de transformaci√≥n econ√≥mica a mediano y largo plazo.

Tres componentes estratégicos

Seg√ļn Devlin, las pol√≠ticas industriales eficaces tienen al menos tres elementos en com√ļn. Primero, es necesario establecer una visi√≥n estrat√©gica nacional para el mediano y largo plazo. En segundo lugar, la colaboraci√≥n eficaz con el sector privado, en t√©rminos generales, es un elemento fundamental. Y tercero, la coherencia en la ejecuci√≥n de la pol√≠tica industrial a lo largo del tiempo es fundamental para el √©xito.

El primer componente, la visión estratégica, requiere a su vez un análisis profundo e intelectualmente honesto de la situación económica del país, sus ventajas y desventajas, áreas de oportunidad y la capacidad de sus instituciones y organizaciones para aprender, colaborar y evolucionar.

Luego de realizar este ejercicio de introspecci√≥n, el objetivo es determinar la orientaci√≥n estrat√©gica de la pol√≠tica industrial a mediano y largo plazo. Devlin ha catalogado cuatro orientaciones estrat√©gicas, que no son mutuamente excluyentes: (1) la atracci√≥n de inversi√≥n extranjera directa; (2) la internacionalizaci√≥n de las peque√Īas y medianas empresas nacionales; (3) la promoci√≥n de exportaciones; e (4) innovaci√≥n. Las capacidades identificadas en la primera parte del an√°lisis determinan a su vez la orientaci√≥n estrat√©gica de la pol√≠tica industrial. As√≠, vemos que algunos de los diez pa√≠ses analizados por Devlin, como Irlanda y Singapur, decidieron trabajar en las cuatro direcciones estrat√©gicas al mismo tiempo, mientras que otros como Australia y Suecia fueron m√°s selectivos y decidieron enfocar sus recursos en solo una o dos √°reas estrat√©gicas.

El segundo elemento ‚ÄĒ la colaboraci√≥n con el sector privado ‚ÄĒ es sumamente complejo ya que requiere de la capacidad del estado para coordinar iniciativas y programas, primero, entre los diferentes organismos gubernamentales a cargo de la pol√≠tica industrial y, segundo, entre esas agencias y el sector privado.

En Irlanda, por ejemplo, la oficina del Taoiseach, o Primer Ministro, coordina este trabajo, con la ayuda de una secretar√≠a permanente, el Consejo Econ√≥mico y Social Nacional, el Foro Econ√≥mico y Social Nacional, el Departamento de Empresa, Comercio y Empleo, la organizaci√≥n ‚ÄúEnterprise Ireland‚ÄĚ, la Agencia de Desarrollo Irland√©s, Forf√°s, una especie de ‚Äúthink tank‚ÄĚ gubernamental, y el Comit√© Asesor de Ciencia, Tecnolog√≠a e Innovaci√≥n, entre otras agencias. Cada una de estas agencias implementa una parte del plan de desarrollo socioecon√≥mico que se actualiza cada tres a√Īos.

El estado, adem√°s, debe tener la capacidad de establecer una relaci√≥n de colaboraci√≥n productiva con patronos, acad√©micos, l√≠deres sindicales y otras organizaciones. La participaci√≥n de las organizaciones del sector privado es muy importante porque, si bien el estado conserva el poder de implementar la pol√≠tica p√ļblica, es el sector privado el que tiene el conocimiento y la informaci√≥n sobre el potencial de nuevas oportunidades de desarrollo econ√≥mico. Sin embargo, el estado, al tiempo que establece mecanismos de cooperaci√≥n con el sector privado, tambi√©n debe velar por el bien com√ļn y evitar la cacer√≠a de rentas por parte de empresarios sin escr√ļpulos o la captura de instituciones estatales por parte de actores privados. La ejecuci√≥n de todas estas funciones es una tarea extremadamente compleja.

Y precisamente, el tercer elemento es la ejecuci√≥n de la pol√≠tica industrial. Seg√ļn Devlin, es en esta etapa cuando muchos gobiernos fracasan catastr√≥ficamente. Un pa√≠s puede dise√Īar la mejor estrategia econ√≥mica del mundo, pero si sus instituciones estatales y el sector privado no pueden ejecutarla, entonces el esfuerzo no tendr√° ning√ļn impacto significativo en la econom√≠a.

No se puede subestimar la importancia de las instituciones en esta etapa. De hecho, algunos acad√©micos sostienen que es fundamental que las instituciones ‚Äúsean efectivas‚ÄĚ antes de pensar en pol√≠ticas econ√≥micas espec√≠ficas. Seg√ļn Dani Rodrik, una pol√≠tica √≥ptima en el marco institucional incorrecto ser√° considerablemente menos beneficiosa que una pol√≠tica inferior (‚Äėsecond-best‚ÄĚ) en un entorno institucional apropiado.

Nuevamente, es necesario pensar en la política industrial como un proceso interactivo de cooperación estratégica entre el sector privado y el gobierno; que, por un lado, sirve para obtener información sobre oportunidades y limitaciones comerciales y, por otro, genera iniciativas de política publica en respuesta. El desafío es encontrar un término medio para los burócratas del gobierno entre la autonomía total y la integración total en el sector privado. Demasiada autonomía para los burócratas minimiza la corrupción, pero no proporciona lo que el sector privado realmente necesita. Pero si los burócratas se involucran demasiado en el sector privado, pueden terminar en el bolsillo de los intereses comerciales.

Y uno m√°s

Adem√°s de los elementos establecidos por Devlin, la implementaci√≥n de una pol√≠tica industrial exitosa en el siglo XXI requiere una distribuci√≥n justa de riesgos y recompensas entre el estado y el sector privado. Seg√ļn Mazzucato:

Tener una visi√≥n de la manera que se impulsar√° una econom√≠a requiere inversiones directas e indirectas en √°reas particulares, no solo crear las condiciones para el cambio. Deben tomarse decisiones cruciales, cuyos frutos generar√°n algunos ganadores, pero tambi√©n muchos perdedores … Esta situaci√≥n sugiere que es necesario que tales inversiones se realicen en un enfoque de cartera de inversi√≥n con algunas de las ganancias al alza cubriendo las p√©rdidas. En otras palabras, si se espera que el sector p√ļblico cubra la falta de capital de riesgo privado (VC, por sus siglas en ingl√©s) destinado a la innovaci√≥n en las primeras etapas, al menos deber√≠a poder beneficiarse de parte las ganancias, como lo hace el VC privado. De lo contrario, no se puede asegurar la financiaci√≥n para tales inversiones. (Mazzucato, 2015)

En un ambiente econ√≥mico donde el gobierno da forma a los mercados, depender √ļnicamente de los ingresos fiscales puede no ser suficiente para financiar continuamente una pol√≠tica industrial din√°mica que implica realizar inversiones de alto riesgo, muchas de las cuales probablemente fracasar√°n. Por lo tanto, como ha sugerido Dani Rodrik, usar un enfoque de cartera de inversi√≥n para la pol√≠tica industrial significa que el estado deber√≠a poder ‚Äúcosechar una recompensa de las ganancias, para financiar las p√©rdidas y la pr√≥xima ronda. Se deben explorar esos mecanismos directos de generaci√≥n de rendimiento, incluida la retenci√≥n de capital, una parte del DPI y pr√©stamos condicionados a los ingresos”.

Razones para el fracaso

Una pol√≠tica industrial puede fracasar por m√ļltiples razones. Por ejemplo, en algunos pa√≠ses se sobreestima la capacidad del estado o del sector privado para implementar una determinada pol√≠tica industrial. Esta falta de capacidad genera a su vez una brecha de implementaci√≥n entre los objetivos del plan y la realidad econ√≥mica. Esa brecha, eventualmente, se traduce en desconfianza, apat√≠a y escepticismo entre los diversos actores sociales y el gobierno.

En otros pa√≠ses, la causa del fracaso radica en la politizaci√≥n extrema del proceso y en la negaci√≥n de espacios de participaci√≥n en el desarrollo de la estrategia a la oposici√≥n pol√≠tica o representantes de otros sectores importantes. Es el d√©ficit de participaci√≥n lo que eventualmente provoca lo que Devlin llama el ‚Äús√≠ndrome de la refundaci√≥n‚ÄĚ que ocurre cuando un partido pol√≠tico llega al poder y se siente obligado a eliminar todas las iniciativas del gobierno anterior por considerarlas ileg√≠timas. Un fen√≥meno con el que, lamentablemente, estamos bastante familiarizados aqu√≠ en Puerto Rico.

Finalmente, el fracaso puede ocurrir a causa de la falta de un sistema independiente para evaluar y medir los resultados. En un proceso tan complicado como este, es inevitable que se cometan errores o se sobreestime el potencial de un sector económico. Lo importante es identificar el error de manera oportuna, analizar qué paso y por qué sucedió, y redirigir oportunamente recursos a otros sectores con mayor potencial.

Objeciones tradicionales en Puerto Rico

Al hablar de pol√≠tica industrial en Puerto Rico, inmediatamente surgen dos objeciones, ambas falsas. La primera es que Puerto Rico no tiene el poder pol√≠tico ni los recursos econ√≥micos para llevar a cabo una pol√≠tica industrial. De hecho, Puerto Rico lleva d√©cadas negociando acuerdos de inversi√≥n con empresas multinacionales y en t√©rminos de recursos, el presupuesto consolidado ya destina miles de millones de d√≥lares, tanto en gastos directos como en incentivos fiscales, para el ‚Äúdesarrollo econ√≥mico‚ÄĚ. Donde ha fallado Puerto Rico ha sido en el establecimiento de v√≠nculos entre el sector externo y el interno, en posibilitar la formaci√≥n de una red productiva nacional y en la coordinaci√≥n eficiente del gasto p√ļblico en desarrollo econ√≥mico, que generalmente se realiza de manera fragmentada.

La segunda objeci√≥n es que el concepto de pol√≠tica industrial es ajeno a la econom√≠a pol√≠tica de los Estados Unidos. Esta afirmaci√≥n no podr√≠a estar m√°s lejos de la verdad. Desde sus inicios hasta la actualidad, tanto el gobierno federal como muchos estados han implementado diversos tipos de pol√≠ticas industriales, ya sea de manera formal y estructurada o de manera informal y t√°cita. Por ejemplo, el 5 de diciembre de 1791, Alexander Hamilton present√≥ al Congreso su “Informe sobre el tema de las manufacturas” recomendando una pol√≠tica econ√≥mica para estimular el crecimiento econ√≥mico y la industrializaci√≥n de la naci√≥n reci√©n creada.

En tiempos m√°s recientes, la pol√≠tica industrial estadounidense se ha llevado a cabo a trav√©s de varias agencias, como la NASA, el Departamento de Defensa y los Institutos Nacionales de Salud. De hecho, muchos avances cient√≠ficos, desde la creaci√≥n del Internet y el GPS hasta la investigaci√≥n b√°sica en biolog√≠a y qu√≠mica para la producci√≥n de medicamentos, han sido financiados o subvencionados por el gobierno federal. Por otro lado, a nivel estatal, casi todos los estados, tanto los grandes como Florida y Texas, como los peque√Īos como Carolina del Sur, han desarrollado pol√≠ticas industriales para crecer y desarrollar la econom√≠a estatal, y en algunos casos, la regional.

Conclusión

En resumen, si Puerto Rico realmente desea enderezar el rumbo de su econom√≠a, es imperativo dise√Īar una pol√≠tica industrial moderna que nos ponga a la vanguardia de la actividad econ√≥mica global y crear las instituciones p√ļblicas y privadas necesarias para implementarla.

Panorama de datos

1 de cada 3 adultos en EE.UU. tiene problemas para cubrir sus gastos

Un an√°lisis publicado recientemente por el Center on Budget and Policy Priorities encontr√≥ que “casi 78 millones de adultos – cerca de 1 de cada 3 – tienen problemas para cubrir sus gastos dom√©sticos comunes”, seg√ļn datos del Censo. “Junto con otros datos que muestran que las privaciones materiales han empeorado significativamente debido al COVID-19 y sus repercusiones econ√≥micas, las cifras subrayan la necesidad urgente de que los responsables por pol√≠ticas p√ļblicas reanuden las negociaciones – que el Presidente Trump termin√≥ abruptamente – y aprueben un paquete bipartita robusto de ayuda econ√≥mica”.

En nuestro radar...

Moderna no har√° cumplir las patentes de sus vacunas ‚Äď La revista Forbes ha informado que “la empresa estadounidense l√≠der en vacunas, Moderna, dice que no har√° cumplir sus patentes relacionadas con Covid-19 mientras la pandemia contin√ļe, una decisi√≥n que permitir√≠a a otros fabricantes de vacunas hacer uso de la tecnolog√≠a de la compa√Ī√≠a”. Lo cual es justo, ya que la compa√Ī√≠a ha recibido cientos de millones de d√≥lares del gobierno federal para apoyar el desarrollo de su vacuna contra el virus del SARS-CoV-2.

La pandemia empeora la desigualdad de ingresos ‚Äď Seg√ļn el Wall Street Journal, “El rebote desde el comienzo de la pandemia es favorable para los que pueden trabajar desde casa, las empresas que los atienden y las regiones en las que viven. Se han quedado atr√°s los trabajadores con menos educaci√≥n, los negocios tradicionales y las √°reas dependientes del turismo. La creciente riqueza coincide con las filas en los bancos de alimentos”.

El rompecabezas del comercio de EE.UU. con China ‚Äď Brad Setser del Council on Foreign Relations pregunta si el super√°vit comercial de China con Estados Unidos ha vuelto a un nivel r√©cord. Su respuesta es: “Depende. En los datos de China, las exportaciones de China a Estados Unidos y su super√°vit con Estados Unidos est√°n en su punto m√°s alto. Sin embargo, los datos de importaci√≥n de Estados Unidos muestran menos importaciones de China que las exportaciones que informa China, lo cual es interesante porque la norma desde hace mucho tiempo ha sido lo contrario”.